El amor en español: dinero, mística, mestizaje y pasión erótica, cuando una pareja es mucho más que dos personas

La cultura hispanoamericana ha dado lugar a metáforas propias. La unión de dos a veces habla de la unión de culturas. La Malinche y Cortés, Frida y Diego, las cautivas y hasta los momentos más oscuros de nuestra historia sirven para pensar cómo llegamos a ser quienes somos.

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Wedding cake, de Antonio Berni
Wedding cake, de Antonio Berni

En esta serie, que ya va por su cuarte entrega, se trata de preguntarnos preguntamos si el español es un idioma o una cultura. Preferimos pensarlo, en este contexto, como una cultua, como expresiones que se dieron en Hispanoamérica y que han generado metáforas propias.

Aquí exploramos algunas de esas imágenes.

En entregas anteriores nos ocupamos de las figuras de la Ninfa, del Héroe y de la Serpiente. Ahora vamos a examinar el amor de pareja.

El amor pareja

Si tenemos una Ninfa, un Héroe y una Serpiente que los une, no importa si es con el deseo y el pecado, o con la virtud y el renacimiento, tenemos una pareja.

La Ninfa y el Héroe quedan unidos por la serpiente para siempre, son uno, son una tercera entidad.

La obra de José Clemente Orozco representa a la primera pareja de América, o mejor dicho la primera inscripta en los anales de la Historia: Hernán Cortés y la Malinche, la bífida traductora que hace posible la Conquista.

Cortes y la Malinche, Clemente Orozco, 1926
Cortes y la Malinche, Clemente Orozco, 1926

Orozco fue uno de los “Tres Grandes” del muralismo, junto con Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros. Orozco se diferencia porque se sentía menos cómodo con el sangriento costo que estaba teniendo el movimiento social. Participó del ejército constitucionalista y de las guerras civiles de 1914 junto a Venustiano Carranza, contra Pancho Villa y Emiliano Zapata.

La violencia que presenció afectó profundamente su vida y su arte. “El mundo estaba destrozado a nuestro alrededor”, escribió en su autobiografía. “Los convoyes de tropas pasaron de camino al matadero. Los trenes explotaron”.

Cortés y Malinche, como dijimos, es la visión de la primera pareja hispanoamericana. Tendenciosamente, a nuestro gusto, se ha querido ver en la obra una protesta del artista contra la dominación española. Se señala la mano de Cortés sobre el brazo de Malinche, que cruza su torso, como un gesto de súplica de la india al español, como símbolo de la superioridad española.

Nos deja perplejos esta interpretación. Más allá de la política, de las interpretaciones históricas y de la intención del propio Orozco la obra representa el origen, la piedra basal de la cultura hispanoamericana, esa cultura hija del mestizaje.

La unión de Cortés y Malinche tiene contenidos de enorme importancia:

1. Es la unión de dos personas de similar linaje, segundón Cortés y princesa menor ella.

2. Es la unión de dos lenguajes, el español y el nahuatl, que dan origen a una síntesis cultural, a un lenguaje visual y poético que será el lenguaje de Hispanoamérica.

3. Es la base de la mezcla de los pueblos, el nacimiento del mestizaje que distingue a Hispanoamérica de la colonización anglosajona y francesa.

Más allá de la posterior división en castas posteriores y la situación social de los mestizos en cada sociedad hispanoamericana, el mestizaje es el origen de una nueva cultura, una actitud de recíproca entrega de dos culturas originarias que se disponen a concebir un nuevo lenguaje.

La cautiva que quería volver... y la que no

La obra que analizamos fue ejecutada por un inmigrante hijo de italianos, en Argentina en 1892, en pleno nacimiento de la Argentina moderna.

Pintado con el expreso propósito de enviarlo a la Exposición Universal con que se celebraría en Chicago el cuarto centenario de la llegada de Colón a América, ganó el premio de la Exposición y fue celebrada en Argentina como la primera obra de arte genuinamente nacional.

En el sur de Sudamérica había hasta fines del siglo XIX ataques indios a poblaciones llamadas “malones”, que tenían propósitos de saqueo.

La vuelta del malón; de Ángel Della Valle
La vuelta del malón; de Ángel Della Valle

Con frecuencia los saqueos incluían mujeres a las cuales se esclavizaba. Las “cautivas” eran una figura común e idealizada. Se depositaba en las cautivas y en los indios todo el erotismo que la sociedad de la época no era capaz de admitir en sí misma.

La obra de Della Valle ilustra el malón cuando vuelve del saqueo. La escena se desarrolla en un amanecer en el que una tormenta comienza a despejarse. El cielo ocupa más de la mitad de la composición, dividida por una línea de horizonte apenas interrumpida por las cabezas de los guerreros y sus lanzas. El malón aparece equiparado a las fuerzas de la naturaleza desencadenadas, y se dirige desde la luz, (de la razón y la civilización), hacia la oscuridad de la barbarie, al interior de la Pampa.

Los jinetes llevan cálices, incensarios y otros elementos de culto que indican su desprecio por la religión. En la oscuridad de ese cielo se destaca luminosa la cruz que lleva uno de ellos y la larga lanza que empuña otro, como símbolos de una connotación impía y demoníaca.

En las monturas de dos jinetes se ven cabezas cortadas, en alusión a la crueldad del malón.

Pese a haber nacido en Yorkshire, la cautiva inglesa ya es parte de la síntesis cultural que llamamos Hispanoamérica

En el extremo izquierdo se destaca una cautiva muy blanca, semidesvanecida, con una fuerte connotación erótica.

Esta pareja basada en el erotismo de las imágenes tiene un sentido inverso al de Cortés y Malinche: la Malinche se incorpora a la cultura española, mientras que la Cautiva se incorpora al pueblo originario, en el caso los Mapuches.

En la Vuelta del Malón anida la idea romántica de una pareja de puro amor y erotismo que ya no existe en la civilización occidental. Una felicidad idílica que sólo puede existir fuera de los límites éticos y estéticos de Occidente.

Allí estaba permitido todo lo que deseamos. Allí está el Paraíso Romántico del amor.

Borges en el cuento Historia del guerrero y de la cautiva nos cuenta la historia frecuente de las cautivas que no querían volver.

El cuento trata de una cautiva inglesa, que rescatada, no quiere volver a la civilización. Habla con la abuela de Borges, también inglesa y le dice que ama a su cacique valiente con quien tuvo varios hijos, ya no es parte de Occidente.

En la historia de Borges: “Quizá mi abuela, entonces, pudo percibir en la otra mujer, también arrebatada y transformada por este continente implacable, un espejo monstruoso de su destino...”

Pese a haber nacido en Yorkshire, la cautiva inglesa ya es parte de la síntesis cultural que llamamos Hispanoamérica.

¿Ha sido “este continente implacable” el que ha creado la pareja, mejor dicho la cultura hispanoamenricana?

Sin violencia, con dinero

Wedding Cake fue realizado durante la estadía de Berni, más de un año, en New York.

Ahora la pareja de la Vuelta del Malón está desprovista de violencia. Está presente en cambio el ascenso social del novio, otra manera de “conquista”.

¿Es el ascenso social una forma disminuida, oculta, de violencia? ¿Es como tomar un bastión por medio del asalto con el dinero y con la seguridad del bienestar, como armas?

La novia, como la torta, es ofrecida a un marido y a su suegra ante la vista impávida de una familia bien diferente. El contraste entre el color y la grisalla subraya la tensión de procedencias: la chica rubia y blanca está siendo ofrecida a un hombre gris, que toma del brazo a su madre. Su traje arrugado, la flaqueza y nerviosismo de sus manos y, sobre todo, el vestido de su madre, hacen pensar que se trata de un universo social completamente diferente al del exceso de la fiesta.

Antonio Berni, el autor de "Wedding Cake"
Antonio Berni, el autor de "Wedding Cake"

El hombre parece ser un parvenu, o alguien cuyo pasado socioeconómico es mucho más humilde que el de su mujer, pero cuyo presente le permite conquistarla. Y la mujer alguien que seguramente ha perdido la posición económica y es rescatada por el novio.

Así, la mujer vuelve a ser un objeto de deseo, pero aquí no de deseo sexual explícitamente, sino más bien de deseo de ascenso social.

Ya no se trata de la diferencia de orígenes culturales, pueblos originarios e inmigrantes, sino que ahora es la diferencia social, el abismo de diferencia social que existe en nuestra cultura hispanoamericana.

Así, la mujer vuelve a ser un objeto de deseo, pero aquí no de deseo sexual explícitamente, sino más bien de deseo de ascenso social

Como unidad hacia el futuro, la pareja marca la tensión entre esos dos orígenes que se resuelve en una pareja institucional, en un matrimonio, finalmente un modo de unión, una manera de dar origen, nacimiento de alguien nuevo.

La cultura hispanoamericana no nace solamente de la unión interracial, sino también de la superación de las diferencias sociales que la marcan.

Pasión

Mal de Amores se llama la serie realizada por Carlos Alonso durante los ´70 en su estadía en Roma.

La pasión amorosa, tema central de la larga serie Mal de amores toma gestos dramáticos y en ella también se instalan la violencia y la emergencia como ritual de la pareja. El encuentro de los cuerpos de los amantes también es una lucha cuerpo a cuerpo. Las parejas se compenetran en el duelo corporal. Los amantes se funden en un solo cuerpo, en posturas que parecen al mismo tiempo abrazo y forcejeo. Las parejas se multiplican, se confunden nos dice Fabián Lebenglik.

La obra corresponde al período oscuro y trágico de Hispanoamérica y de Argentina durante la Guerra Fría, en el cual nuestros países fueron – igual que el resto del mundo – escenarios de combate.

Carlos Alonso, AMORE II, 1975.
Carlos Alonso, AMORE II, 1975.

Todo en nuestra cultura se vuelve terreno fértil para la violencia y la imposición, para el terrorismo civil y el terrorismo de Estado, en sociedades armadas, dispuestas a matar y a morir.

Alonso decide representar esta tragedia con un amor que es pasión pura, una pasión erótica que se vuelve desenfreno y crueldad extrema.

Las figuras con la excusa del amor ejercen una extrema violencia entre ellas, una deriva del “mal” y no de los “amores” que titulan la serie.

La entrega mística

PAREJA XUL 1923

Hasta aquí hemos visto parejas originantes, como la de Hernán Cortés y la Malinche, parejas unidas por la violencia y el erotismo, como en la Vuelta del Malón, o ¿superadoras? de la diferencia social, como la de Berni o bien unidas por la guerra y su símbolo de odio, como en Mal de Amores.

No importa el tiempo ni el escenario en que se desarrolla, el amor que funda la pareja dará siempre lugar a algo nuevo, al hijo esperado, el hijo biológico y cultural, a una sociedad nueva.

Xul Solar es un hijo de inmigrantes genoveses y alemanes, nacido en Buenos Aires a principios de siglo. Íntimo amigo de Borges, viajó muy joven a Europa en los años ´20, y fue absorbido por el Romanticismo tardío de la época y por sus misterios.

Pareja, de Xul Solar
Pareja, de Xul Solar

Conoció a Rudolf Steiner y a Paul Klee, pero su formación en lo que podríamos llamar un neo–misticismo fue junto a Alistair Crowley en Londres.

Desde ese viaje señero, la obra de Xul Solar siempre seguirá un camino espiritual y místico, con un fuerte contenido simbólico.

Pareja representa la culminación del amor, el amor espiritual que nace del amor. Contrario a las parejas que hemos visto hasta ahora, adónde el hombre predomina, en esta obra de Xul la mujer se superpone al rostro del hombre, indicando cierta preeminencia. La serpiente del costado es el factor de unión, tanto erótico y como sapiencial, que señala el Génesis, en el cual la serpiente induce a comer el fruto prohibido, el irresistible deseo sexual, pero ese fruto procede del Árbol de la Sabiduría del Bien y del Mal.

Sin embargo, la serpiente está simbolizada, geometrizada y la pareja de Xul carece de referencias eróticas. Atrás ha quedado ha quedado el momento del deseo erótico y estamos en un presente que consagra la mutua entrega mística.

Arriba el Sol, símbolo universal del espíritu preside el cuadro, iluminando con su amarillo resplandor.

La Pareja de Xul tiene un sentido ambivalente que refleja una pareja espiritual del misterio e, inversamente, el misterio de la pareja, la unión incógnita entre hombre y mujer.

En nuestro caso refleja la unión incógnita entre dos culturas, dos pueblos, que dan lugar a un hijo espiritual, la cultura hispanoamericana.

Frida y Diego

El título enumera los símbolos. El Universo sostiene en sus brazos a la Tierra representada por supuesto como mujer. Caen gotas de leche materna de su pecho, porque ella es la que origina, la que da nacimiento. Las plantas que sostiene en sus brazos indican que se refiere a México, como Tierra, como patria natural.

Xólotl es el dios del ocaso, de los espíritus, y de Venus vespertino, el cual ayudaba a los muertos en su viaje al Mictlán, al inframundo.

Xólotl se le considera el portador del fuego. En curioso paralelismo con Prometeo, protege al género humano y le entregó el fuego de la sabiduría. En el arte, Xólotl fue representado como perro–xólotl, de nuevo curiosa cercanía con el Cancerbero.

Frida Kahlo: el abrazo amoroso del universo, la Tierra, Diego y mi señor Xolotl.
Frida Kahlo: el abrazo amoroso del universo, la Tierra, Diego y mi señor Xolotl.

Frida Kahlo y Diego Rivera son la pareja, donde el hombre es sostenido por la mujer, quizás porque es ella la dadora de vida, la que con su amor y su erotismo sostiene la pareja.

Rivera, en cambio, es representado como un niño. Pero un niño muy especial, tiene un tercer ojo, el ojo de la visión espiritual, de la creación, de la síntesis.

El Tercer Ojo ha estado presente de un modo u otro desde el inicio de la Historia, como centro de la percepción espiritual.

Los dos extremos configuran y sostienen la composición de la obra, el Tercer Ojo de Rivera en el centro y el Universo en el fondo, como si el Universo confluyera y volviera desde y hacia el Tercer Ojo.

Frida Kahlo enfatiza su origen americano con el color cobrizo, mientras que Rivera es blanco, proponiendo que América sea mujer y España sea masculina

Pero este Universo está representado en forma dual, blanco como España y Europa, y cobrizo como América.

Frida Kahlo enfatiza su origen americano con el color cobrizo, mientras que Rivera es inusualmente blanco, proponiendo que América sea mujer y España – Europa sea masculina. Como Cortés y la Malinche. ¿Será coincidencia?

Nuevamente estamos frente a una obra de profunda simbología referida a la pareja, a una pareja en particular, pero también a la pareja cultural que configura Hispanoamérica.

Y acá ya nos estamos superponiendo con nuestro próximo título.

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