De boca en boca: la lengua judeo-española reinventada en la poesía de Denise León que recomienda Myriam Moscona

La poeta argentina escribe en castellano y en ladino, el idioma que hablaban los judíos sefardíes antes de ser expulsados de España en 1492 y que conoció a través de su abuela. Así sigue la cadena de recomendaciones de Infobae Leamos.

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Myriam Moscona recomienda "El saco de Douglas", de la poeta argentina Denise León.
Myriam Moscona recomienda "El saco de Douglas", de la poeta argentina Denise León.

Para la poeta argentina Denise León el ladino, su ladino: “Es casero, familiar, mezclado con expresiones de lunfardo y localismos norteños. Una lengua espuria, mi lengua”.

Su voz es singularísima en las letras judeo-españolas, en ese idioma que hablaban los judíos sefardíes antes de ser expulsados de España en 1492. En El Saco de Douglas habla de tres mujeres. Sólo la primera coincide con nombre y año de una importante presencia en su línea materna. Luisa, 1914. Nombre y año de la abuela. Sólo este apartado del libro aparece en ladino, y en espejo, leemos los poemas en castellano en versión de ella misma.

En plena investigación del rezo judío que acompaña los ritos que honran y recuerdan a los muertos, para su tesis de licenciatura, Izkor, la vela encendida, León entrevistó a un grupo de migrantes sefarditas asentadas en Tucumán. A veces la recibían solas, a veces acompañadas de hijos y nietos. Esas voces se entremezclaron en la recreación de El saco de Douglas para fusionarse con otras historias propias o ajenas.

“La narrradora soy yo, es mi abuela. También soy yo y no soy yo. Me parece que no lo podés empujar en una sola dirección Mi abuela, por ejemplo, no había leído Pedro Páramo, pero yo sí. Y allí está la huella de Rulfo. Hay un tráfico de historias en esa amalgama”, dice León.

Lo que Denise León hace con estas historias, lo hace también con la lengua. La fusiona, la reinventa, la infla de aire, la azota, la arroja al fuego, la mezcla, la alquimiza, la pone debajo de su lengua. Es la lengua de su abuela, no la suya, y la hace suya a pesar de ser una lengua con poca, muy poca tradición literaria.

Ella misma se pregunta: “¿Cómo utilizás una lengua del siglo XV que no atravesó la vanguardia, que no conoció el romanticismo, que no conoció a los poetas malditos o el neo lasicismo? Es una lengua con la que tenés posibilidades, pero también limitaciones. Usar esa lengua sin ser una hablante tiene algo de artificial. No soy como la Clarisse Nikoidski que hablaba ladino con la madre. No es mi caso. Yo no lo hablaba con nadie”.

En el medio del judeo-español hay un afán conservador que ella no comparte. Lo que ella busca no está en la pureza del judeo-español, ni en la grafía cuidada, está en el choque de la memoria que al estallar caleidoscopia, rompe, multiplica en distintos cristales su percepción familiar, su parte por el todo. Y al hablar de ello habla de los demás en un trazo que la sinécdoque dibuja tomando de ella el ritmo, las palabras prestadas del turco, las expresiones que sólo vienen de esa fricción que produce el tallar las dos lenguas en el fuego encendido con la conciencia de buscar una voz que no sea la de siempre, que no sea lo de todos.

Denise León avanza sin pisar. No había camino porque ella lo abre para su propia poesía. Quiere tener una voz, no en ladino, sino una voz entre los poetas de su entorno, de su generación. La vida frotándose con las palabras, las dos lenguas frotándose en el sueño de la memoria. Ella misma la llama “una lengua inventada, una lengua que no es de ninguna parte y que por eso tiene también algo de deliberado, de artificial y de imposible. Una lengua que no tiene sombra, como el agua…”.

Denise León arriesga. Tira una moneda al aire en un cielo donde no hay gravedad. Quizá la moneda ya no caiga. Lo que hay es un camino de autoconocimiento, es el camino de su tribu

Para fortuna de las letras judeo-españolas contemporáneas, tan escasas como poco experimentales, ella pellizca el oído, pellizca la lengua para hacer tradición, para que todo vuelva a moverse en esta lengua sin patria. Nada más alejado del típico texto sobre los temas que la poesía en ladino privilegia: la pérdida de la lengua, la expulsión de España, la nostalgia por tiempo el ido, el folclor, la llave de Toledo, la Shoá.

Denise León arriesga. Tira una moneda al aire en un cielo donde no hay gravedad. Quizá la moneda ya no caiga. Lo que hay es un camino de autoconocimiento, es el camino de su tribu, es decir, la tradición en la poesía y la tradición reinventada de su lengua que no arroja sombra.

infobae

“El saco de Douglas” (fragmento)

voy a quedarme quieta para que nada se mueva. Yo, niña. Yo en mi casa sentada en la cocina. A través del humo que moja las ventanas se escuchan las campanas de las iglesias griegas. Voy hacia atrás para no saber lo que estoy tocando, para no saber que mi mano acaba en mis dedos, que mis dedos están muertos. Mi madre se me soltó de las manos como cuando se sacaba las pulseras. Tres meses dormimos juntas en el hospital en una camita de sillas. Tengo once años y voy hacia atrás. Veo el humo caliente dela cocina y meinunda el olor amarillo de las naranjas. La cáscara es dura y mi madre, sudada, corta los gajos con un cuchillito afilado. No son mis dedos. Me quedo quieta pero la cáscara se desprende, la piel se desprende y brilla en la olla mientras la cuchara la mueve. Esta va a ser comida para los pescados, dicen. Afuera, cantan diez hombres. Aquí, hay dos muertas.

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(voy a estarme kieta para ke nada se mueva.Yo chikitika.Yo en mi kaza asentada en la kozina. A través del umo ke moja las ventanas se escuchan las kampanas de las eklisias gregas. Voy acia atrás para no saber lo ke estoy tokando, para no saber ke mi mano acaba en mis dedos, ke mis dedos están muertos. Mi madre se me soltó de la mano komo kuando se kitaba las puseras. Tres meses dormimos yuntas nel ospital en una kamita de siyas. Tengo once anyos i voy acia atrás. Veo l’umo kaliente de la kozina i me inunda el guezmo amaryo de las narandjas. La kashkara es dura y mi madre, sudada, korta los gajos con un kuchiyito esmolado. No son mis dedos. Me kedo kieta pero la kashkara se desprende, la piel se desprende i briya en la oya mientras la kuchara la meneya. Esta va a ser komida para los pishkados, dizen. Afuera, kantan diez hombres. Aquí, hay dos muertas.)

Quién es Denise León

♦ Nació en Tucumán, Argentina, en 1974. Es nieta de inmigrantes sefardíes.

♦ Publicó Poemas de Estambul, El trayecto de la herida y Mesa de pájaros, entre otros.

El saco de Douglas le valió el segundo premio del Régimen de Fomento a la Producción Literaria Nacional y Estímulo a la Industria Editorial en 2010.

La semana que viene sigue la cadena de recomendaciones de “De boca en boca”.

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