“Tengo una relación con la lectura que es mayormente autodidacta”, dice Gonzalo Heredia. Zapatillas de lona, jean, campera de cuero, barba, mirada de galán. Lo es: sus papeles en las telenovelas le han dado una gran popularidad.
Pero también es actor de teatro y, desde hace unos años, escritor. Publicó dos libros: Construcción de la mentira y El punto de no retorno. En la Feria del Libro, en el stand de Leamos, conversa con Belén Marinone.
Padre mecánico, madre empleada. En su casa la biblioteca no es que faltaba, simplemente no existía; no era una posibilidad, como en la mayoría de las casas. El primer libro fue El túnel de Ernesto Sábato. Una especie de encuentro casual, sorpresivo. Ahí encontró algo novedoso: “Una adicción que me resguardaba”, dice, “porque para mí los libros te resguardan”. En paralelo a su búsqueda como lector se dedicó a la actuación. Hoy son dos caminos paralelos.
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“Empecé tímidamente —continúa— a buscar eso que me había pasado con esa novela. Y empezó a construirme como lector, al principio estereotipado: libros llenos de polvo y con páginas amarillas. Pero uno es el lector que puede ser. Al principio uno tantea dentro de una literatura que es inmensa con el convencimiento que siempre hay un libro que te está esperando. A partir de eso uno empieza a construir una especie de familia literaria”.
“Escribir es como una especie de ensayo a una pregunta que todavía no sé la respuesta. Esa pregunta se me escapa, pero siempre está; no es algo que pueda palpar, pero sé que está”, dice y asegura que “la ficción es una mentira pero justamente para contar una realidad y contarla de una forma más real que la misma realidad”.
La familia se volvió lectora en el medio del camino. Su padre fue uno de los primeros en leer el manuscrito de Construcción de la mentira. “Me hizo una muy buena devolución: ‘me gustó esto’, ‘no me gustó lo otro’. Le gustó más la segunda novela que la primera”, cuenta.
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El protagonista de El punto de no retorno dice que escribir es una enfermedad. Heredia adhiere. “Es que la palabra enfermedad tiene mal marketing”, dice. “La escritura te toma por completo. Todo: lo cotidiano, los sueños, los pensamientos, todos esos segundos donde uno se queda colgado en un punto ciego. Si tengo que medir qué es la escritura diría que es algo bastante enfermo. Estás enfermo, estás enfermo. Lo único que podés hacer para curarte es escribir”.
“Creo que hay mucho de ficción en la vida real. Todo se puede ficcionalizar. Si nos ponemos muy profundos y filosóficos, todo es una gran ficción”, dijo y agregó que “todos tenemos personajes sociales. No somos los mismos acá, en la familia, con nuestra parejas. Tenemos diferentes tipos de personajes. Siempre hay una pose. Ahora yo también tengo una tratando de decir cosas interesantes”.
“¿Cuál es el beneficio de ser lindo?”, le preguntó Belén Marinone. “Habría que caer en qué es lindo y qué es feo”, comenzó respondiendo. “No sé si tiene tantos beneficios. Es como todo: uno quiere lo que no tiene y quiere lo que no tiene”.
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“Hay cosas que están buenas y otras que no. Ahora yo me bajo de acá lo más probable es que me saque entre 50 y 80 fotos. En ese sentido, no sé si todas las personas tienen ganas de eso. Eso pasa”, concluyó con cierta ironía. A pocos metros, un grupo numeroso de personas lo esperaba para conversar, para que les firmara el libro y también para sacarse una foto.
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