Ideas fuertes y números urgentes: así inauguró la Feria del Libro

La alegría del encuentro tras la pandemia dio lugar a los reclamos del sector. El escritor Guillermo Saccomano sorprendió con un discurso durísimo.

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Cortar la cinta. El puntapié formal de la Feria del Libro. (Foto: Luciano Gonzelez)
Cortar la cinta. El puntapié formal de la Feria del Libro. (Foto: Luciano Gonzelez)

Volver, volver, como en una canción. “No se lo ve tan marchito”, decía en estos días un habitué de la Feria del Libro de Buenos Aires, pensando en el tango. Pero quizás no sea tango lo de esta edición sino más como la canción mexicana: “Este amor apasionado anda todo alborotado por volver”... Dos años de pandemia, dos años sin Feria han sido bastante para la industria editorial argentina y esta noche en que se inaugura la edición 2022 la sensación de alivio es inocultable.

De hecho, a las 13.45, quince minutos antes de que la Feria abriera al público, se volvía a ver la escena clásica del evento: largas, sinuosas, colas para comprar entradas. Jueves, día laborable. Gente esperando para pagar una entrada para ir a ver -¿a comprar?- libros. Una foto de esa Argentina que a veces nos da nostalgia.

En la apertura los discursos -siempre es el momento más político de la Feria- darán por concluida la pandemia pasando del alivio a los números y las ideas más duras. Pero primero, alegría.

Así que aquí estamos; esta vez no en la sala grande de la Feria –la Jorge Luis Borges- porque allí se está desplegando la muestra inmersiva de Van Gogh. La inauguración ahora es en el espacio del Restaurante Central, tal vez más coqueto, tal vez más formal.

El escritor Guillermo Saccomano. Un discurso que sorprendió (Foto: Luciano Gonzelez)
El escritor Guillermo Saccomano. Un discurso que sorprendió (Foto: Luciano Gonzelez)

Hay muchos abrazos, muchos saludos, estás igual, qué alegría volver a verte. Están los ministros de Cultura de Nación –Tristán Bauer- y de Ciudad –Enrique Avogadro- que, aunque hay una silla vacía entre ellos, conversan. Hay escritores –Enzo Maqueira, Ana María Shua, María Sonia Cristoff, Natalia Zito, Gabriela Saidon, Fabián Martínez Siccardi, Gustavo Nielsen, Silvia Plager-. Está el ex director de la Feria, Oche Califa. Muchos editores, de todos los tamaños (multinacionales, medianos, independientes). La gente “del libro”.

Imposible no decir que las palabras que cruzarán el salón en un rato cambiarán un poco el clima. Cuando hable Guillermo Saccomano, el escritor invitado a abrir la Feria, que no dejará títere con cabeza.

Inauguración de la Feria Del Libro

Por ejemplo, Saccomano hablará de problemas como la falta y la carestía del papel y apuntará a los dueños de las empresas que lo producen: “La falta de papel se debe a la menor producción de las dos empresas productoras de papel para hacer libros. Una es Ledesma, propiedad de la familia Blaquier/Arrieta, una de las más ricas del país, apellidos vinculados con la última dictadura en crímenes de lesa humanidad, además de relacionados con la Sociedad Rural, escenario en el que hoy estamos. La otra empresa es Celulosa Argentina. Su directivo es el terrateniente y miembro de la Unión Industrial José Urtubey, conectado con la causa Panamá Papers”.

Dirá que la Feria siempre le generó tensión. Frente a los que hacen la Feria del Libro más concurrida de América latina, a los editores, a los imprenteros, dirá que la tensión no es sólo “porque uno se se topa con un injuriante pabellón Martínez de Hoz, que homenajea al esclavista y saqueador de tierras indígenas, antepasado del tristemente célebre economista de la última dictadura”. Que la tensión también se da porque “decir Feria implica decir comercio. Esta es una Feria de la industria, y no de la cultura aunque la misma se adjudique este rol”.

Cómo crecer. Ariel Granica, presidente de la Fundación El Libro. (Foto Luciano Gonzelez)
Cómo crecer. Ariel Granica, presidente de la Fundación El Libro. (Foto Luciano Gonzelez)

Saccomano apuntará a los editores: “Nos sentamos en desventaja a ofrecer nuestra sangre, no otra cosa es la tinta. El editor es propietario de un banco de sangre compuesto por un arsenal de títulos publicados siempre en condiciones desfavorables para quienes terminan donando prácticamente su obra”. Y contará que pidió honorarios por este discurso y es el primero que los cobra.

El acto había arrancado con palabras de Ariel Granica, que se inauguraba como presidente de la Fundación El Libro: “Logramos revertir la desesperanza. Tuvimos que enfrentar números que parecían imposibles de superar, pero volvimos a apostar a las palabras y a los libros y hoy estamos aquí”, dijo Granica. Y recordó que no solo la pandemia afectó a la industria: “A mediados de 2019, la macroeconomía volaba por los aires y las ventas perforaban los subsuelos”, dijo. Y luego, el coronavirus: “Asistimos a un freno de la actividad sin precedentes. Se desmoronaron las publicaciones y los tirajes, las importaciones y las exportaciones, quedaron en el camino más de 10 millones de ejemplares de producción. Vivimos la mayor transformación de las prácticas de trabajo y comerciales. Todo el sector tuvo que reinventarse.”

Granica también iba a hablar de plata: “A pesar de producir el acontecimiento indispensable donde todo esto comienza, siguen siendo muy pocos los autores que pueden vivir de sus obras. En La Fundación defendemos que se valore y se remunere el trabajo de autores y autoras como corresponde, que se dé fiel cumplimento a los compromisos con ellos”, dijo.

El alivio de volver. Enrique Avogadro, ministro de Cultura porteño (Foto Luciano Gonzelez)
El alivio de volver. Enrique Avogadro, ministro de Cultura porteño (Foto Luciano Gonzelez)

Y encaró el centro de su discurso: la industria enfrenta dificultades para importar por cuestiones de balanza comercial. Entonces propuso: “Nuestra visión sobre la cuestión del comercio exterior es que la Argentina exporta pocos libros, no que importa muchos”.

Entonces, para no perdernos de leer lo que hay que traer de afuera, dijo, hay que salir más. Y para eso “por una parte, hay que internacionalizar a nuestros autores, cada autor y cada autora argentinos reconocidos en Latinoamérica y en España son una promesa de exportaciones sostenidas: eso requiere altos presupuestos que las editoriales no tienen. Por la otra, dar apoyos a las traducciones locales con el fin de que las editoriales argentinas aumenten la contratación de derechos de autores extranjeros para toda la lengua española. No es más que lo que hacen o han hecho los países con los que competimos”.

Tristán Bauer. El ministro de Cultura de la Nación. (Foto Luciano Gonzelez)
Tristán Bauer. El ministro de Cultura de la Nación. (Foto Luciano Gonzelez)

Después de Granica llegó el turno de Tatiana Viera Hernández, por La Habana, la ciudad Invitada de Honor. además de recordar su propia feria, señaló: “La Habana y Cuba acude a la Feria en circunstancia extraordinarias: a los efectos económicos de las crisis mundial desatada por pandemia que nos ha golpeado a todos, se añaden los efectos del Bloque Económico, Comercial y Financiero de EUA en la cultura y su impacto en la industria del libro y en la publicación de las obras de los escritores cubanos”.

Por los que no están

Aplausos, silencio, una música sale de los parlantes y aparece la cara de Juan Forn, el querido escritor y editor que murió en junio de 2021. Es un homenaje a los que fueron y también están, entre otros, Tamara Kamenszain, José Pablo Feinmann, Carlos Busqued, Vlady Kociancich, Sergio Chejfec y hasta Quino. “Es la primera Feria sin Quino”, susurra alguien en el público. Es raro eso.

Video homenaje escritores muertos

Le toca el turno al ministro porteño Enrique Avogadro: “No sé ustedes pero probablemente están sintiendo la misma emoción de volver a la feria, de volver a nuestra feria”... dirá. Y enumerará las acciones que se hicieron desde su ministerio en los años de pandemia.

Algo parecido a lo que va a hacer enseguida el ministro de Cultura nacional, Tristan Bauer. Que para arrancar transmite los saludos del presidente Alberto Fernández y luego recordará que, a partir de una modificación hecha en el gobierno de Macri, si no se deroga el artículo 4 la ley 27.432, fondos de emergencia que sostienen actividades culturales como el cine, el teatro, la música y las más de mil bibliotecas populares, cambiarán de rumbo e irán a Rentas Generales. Vienen de la venta de entradas de cine, sorteos y concursos deportivos. “La cultura es sanadora”, sentenció el ministro.

Pero Granica, los ministros, la funcionaria cubana irían antes que Saccomano. Su discurso duro y a veces irónico -”No creo que mencionar el dinero en una celebración comercial sea de mal gusto”, dijo en un momento- era el comentario general después de los aplausos finales.

Es que de estas cosas -de intereses, de emociones, de ideas que movilizan, gustan y disgustan- se ha tratado siempre nuestra Feria del Libro. Por algo es lo que es.

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