El increíble saldo del gran incendio del whisky en Dublin: trece muertos por intoxicación alcohólica y ninguno por el fuego

La noche del 18 de junio de 1875 las llamas atacaron un depósito e hicieron estallar 5.000 barriles de whisky en una de las zonas más pobres de la ciudad. La alta graduación alcohólica del líquido derramado creó ríos de fuego que avanzaron por las calles e incendiaron las casas. Mientras muchos vecinos huían, otros se quedaron y bebieron hasta morir.

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El gran incendio de whisky de Dublin comenzó el 18 de junio de 1875 en el depósito de Laurence Malone, en el barrio de Liberties

Fue uno de los incendios más insólitos de la historia. Eran cerca de las ocho de la noche del viernes 18 de junio de 1875 cuando, por causas que nunca quedaron claras, el fuego comenzó a devorar el depósito de whisky propiedad de Laurence Malone, en el barrio de Liberties, una de las zonas más antiguas y humildes de Dublin. En cuestión de segundos, las llamas alcanzaron unos nueve metros de altura e hicieron estallar los cinco mil toneles de whisky que había en su interior. El alcohol derramado prendió y empezó a avanzar como un río ardiente que salió del edificio y avanzó por las calles adoquinadas de la ciudad devorando todo lo que encontraba a su paso.

El hecho quedó en la historia como “el gran incendio de whisky de Dublin” y, aunque tuvo consecuencias devastadoras para la capital irlandesa, las trece víctimas que se registraron en el recuento final no murieron quemadas por las llamas sino por intoxicación etílica extrema.

A pesar de que el saldo en vidas fue relativamente bajo si se lo compara con la magnitud del siniestro, el incendio reveló los riesgos de almacenar grandes cantidades de alcohol en barrios densamente poblados y con construcciones frágiles, muchas de ellas de madera. También marcó un punto de inflexión en las condiciones de seguridad para la producción del whisky en Irlanda y en la modernización de los cuerpos de bomberos.

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Con el tiempo se convirtió también en una suerte de leyenda urbana, plagada de anécdotas pintorescas –algunas rigurosamente ciertas, otras de dudosa veracidad– que fueron corriendo de boca en boca y llegaron a ser utilizadas como recursos publicitarios por algunas de las más famosas marcas de whisky irlandés, como Flaming pig o Jameson, para reforzar su identidad comercial.

El incendio de whisky de Dublin reveló el riesgo de almacenar grandes cantidades de alcohol en barrios densamente poblados y con construcciones frágiles

Ríos de fuego

Las crónicas coinciden en que el fuego se inició en el depósito de Malone, en Ardee Street, donde había almacenados casi 1.200.000 litros de whisky en unos cinco mil barriles que no tardaron en estallar por el calor, lo que provocó que el líquido fluyera “en auténticos torrentes por las puertas y ventanas”, según un artículo publicado en el Irish Examiner tres días después. Como el whisky no estaba diluido tenía una graduación alcohólica muy superior a la que tendría al ser embotellado, lo que alimentó aun más las llamas hasta convertirlas en lenguas ardientes que bajaron por las empinadas calles que rodeaban al almacén y se expandieran con facilidad hacia otras zonas del barrio.

Los medios de la época lo describieron como “un río de fuego” que descendía por Ardee Street, bajaba hacia Cork Street y se extendía por Mill Street, avanzando con la inexorabilidad de una corriente de lava. Tenía unos quince centímetros de profundidad y varios metros de ancho. Las llamas corrían sobre la superficie del whisky derramado, devorando todo lo que encontraba a su paso: casas, establos y locales comerciales. Pronto, gran parte de la ciudad quedó iluminada por el fuego.

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Dublin ya era por entonces un centro urbano densamente poblado, con cerca de 275.000 habitantes según el último censo, realizado cuatro años antes. Al ser de noche, la mayoría de las personas estaban en sus casas, muchas de ellas ya dispuestas a dormir, por lo que el costo en vidas pudo ser mucho mayor de no mediar un aviso que nada tuvo de humano. La mayoría de los vecinos fueron alertados a tiempo por el desesperado grito de los cerdos de los criaderos que abundaban en la zona.

Eso contribuyó a que la evacuación fuera sorprendentemente rápida. “El tiempo de evacuación en algunos lugares durante el avance del incendio fue tan breve que temí que algunas personas quedaran en peligro en los desvanes y sótanos del distrito. Pero al preguntar, me alegró saber que no hubo víctimas mortales durante el gran incendio”, declaró al día siguiente el alcalde de la ciudad, el político y empresario Peter Paul McSwiney.

Los cerdos de los criaderos de Liberties alertaron a los vecinos y facilitaron una evacuación rápida durante el incendio de Dublin

Beber hasta morir

Los dichos del alcalde no eran del todo ciertos. Era verdad que ningún dublinés había muerto quemado por el fuego o asfixiado por el humo del incendio, pero sí hubo otras muertes como consecuencia de las llamas de devoraron el almacén de Laurence Malone e hicieron estallar los barriles de whisky. Porque en medio de la confusión y la desesperación de unos, hubo otros que en lugar de escapar del desastre, aprovecharon la ocasión para recoger la bebida que bajaba por las calles y aún no había sido tomada por el fuego.

Las crónicas relatan escenas donde hombres y mujeres utilizaban sombreros, botas, jarras y cualquier recipiente que tuvieran a mano para recoger el whisky. Cuentan que hubo quienes se arrodillaban para beberlo directamente del suelo. Según un artículo del Illustrated London Times, los bomberos encontraron cuatro cadáveres junto a zapatos llenos de whisky.

Más allá de esa anécdota incomprobable, está documentado que mientras los médicos y las enfermeras de los hospitales de Dublín esperaban la llegada de quemados en lugar de esas lógicas víctimas de un incendio comenzaron a recibir personas intoxicadas, no por efecto del humo sino del exceso alcohol. El Meath Hospital tuvo que atender a ocho hombres en coma alcohólico; el Jervis Street recibió a otras doce personas en estado crítico, al Steven’s Hospital llegaron otras tres, a las que se sumó una más que fue llevada en vilo al Mercer’s Hospital. De esas 24 personas registradas, trece murieron en las horas siguientes.

Junto con las noticias de esas muertes, los medios recogieron otras historias, como la del cadáver de un difunto que estaba siendo velado y que fue trasladado en vilo por sus deudos para salvarlo de las llamas, o el extraño caso de un perro borracho que, enloquecido, saltó por una ventana y murió al estrellarse contra el adoquinado de la calle.

Una postal de la ciudad a fines del 1800. Las trece víctimas del gran incendio de Dublin murieron por intoxicación etílica extrema y no por las llamas ni por el humo

Bosta contra las llamas

Los intentos iniciales para detener el llameante río de whisky fueron infructuosos. Además, su caudal aumentó cuando muchos vecinos intentaron apagar las llamas arrojando baldes de agua, lo que lejos de acabar con el fuego aumentó la superficie líquida por la cual se expandía debido a que el alcohol flotaba y seguía ardiendo sobre el agua.

Más sensato, el capitán James Robert Ingram, jefe de la brigada de bomberos de Dublín, ordenó que sus escasos hombres –no eran más de quince– que levantaran diques de arena y piedra para improvisar represas en las calles por las que corría el whisky. Fue inútil, porque el líquido en llamas se filtró a través de ellas y siguió su camino. El jefe de bomberos intentó entonces una solución desesperada: utilizar una materia orgánica que el líquido ni pudiera atravesar para detener el flujo.

El recurso más a mano era la bosta de los caballos que por entonces abundaba en la ciudad y se utilizaban para el transporte de personas y mercaderías. Solo tenían que recogerla de las calles. Para reforzar, sumó al estiércol los residuos orgánicos de la industria del cuero, también abundantes por la gran cantidad de curtiembres que había en Dublin. A eso los bomberos le agregaron cenizas que recogieron del mismo incendio para crear una barrera impermeable que finalmente pudo detener la expansión del líquido llameante. Con ese recurso, primero pudieron circunscribir el incendio, cuyos últimos focos lograron extinguir cerca de las cuatro de la madrugada del sábado 19.

El gran incendio de whisky de Dublin destruyó 35 casas, causó daños por más de 100.000 libras e impulsó nuevas normas de seguridad y cambios en la industria del whisky irlandés

Daños, cambios y canciones

Las primeras luces del día mostraron un panorama desolador: las calles ennegrecidas, 35 casas reducidas a cenizas por las llamas, cerdos calcinados y personas sin hogar deambulando por doquier. Los daños materiales totales se estimaron en más de 100.000 libras esterlinas, de las cuales 54.000 correspondieron al whisky perdido, lo que equivaldría a unos siete millones de hoy.

El incendio de la fábrica de Dublin impulsó la adopción de normas de seguridad contra incendios más modernas para la ciudad y la industria del whisky irlandés. Antes de que el fuego arrasara el barrio de Liberties, la población se resistía a la propuesta de crear un cuerpo de bomberos para toda la ciudad debido a su alto costo. Iniciativa fue aprobada poco después del desastre y no solo eso: las destilerías mejoraron sus medidas de seguridad y crearon sus propias unidades de bomberos.

Con el correr de los años, que las únicas trece víctimas fatales del gran incendio de Dublin no perdieran sus vidas al ser atrapadas por las llamas sino por intoxicación alcohólica dio lugar a no pocas canciones que relatan con humor el hecho y que suelen cantarse en las tabernas irlandesas. Entre las más populares están Whiskey Fire (The Great Fire of Dublin), escrita por el cantautor irlandés Enda Reilly junto con Enda Patrick Cullen y Aisling Kavanagh, que narra la historia de manera tragicómica, recordando cómo la gente salía con recipientes para recoger la bebida sin reparar en los peligros del fuego, y Dublin Whiskey Fire, del grupo de folk rock O’McPub Band, cuya letra cuenta cómo explotaron los barriles, los cerdos alertaron a los vecinos con sus chillidos y el pueblo de Dublin salió a las calles no para escapar de las llamas sino para hacerse del preciado whisky.

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