“Pensé: ‘Lo he hecho todo mal’”, la dura confesión de un profesor que quedó atrapado en un tornado en Kansas

Perry Samson, de la Universidad de Michigan, relató su experiencia extrema en una expedición científica, aportando una visión personal del riesgo y la vulnerabilidad frente a los fenómenos meteorológicos más peligrosos

Una vista panorámica muestra la devastación total con escombros de casas, vehículos dañados y restos dispersos en Manhattan, Kansas, tras el brote de tornados de junio de 2008. (National Weather Service)

En 2008, Perry Samson, profesor emérito de ciencias atmosféricas de la Universidad de Michigan, realizaba investigaciones sobre tormentas supercelulares junto a un grupo de estudiantes en Kansas cuando una de estas tormentas evolucionó rápidamente en un tornado.

El fenómeno se formó cerca de Oberlin y se dirigió directamente hacia el grupo, poniendo en riesgo la seguridad de todos los presentes. Samson logró refugiarse en su vehículo, mientras los estudiantes escaparon a tiempo, y experimentó en primera persona los efectos de quedar atrapado en el vórtice.

De acuerdo con una entrevista publicada por el sitio especializado Live Science, Samson relató que “había tantos escombros volando que me di cuenta de que estaba cerca del centro del tornado”. Dentro del automóvil, la visibilidad era nula y el ruido de los objetos golpeando la carrocería resultó abrumador. El científico explicó que, pese a toda la preparación y el entrenamiento, “al darnos cuenta de que un tornado se acercaba, uno entraba en pánico”.

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El tornado atrapa al científico en Kansas

El investigador recordó: “Intenté sacar una foto, pero estaba tan oscuro dentro que la cámara no funcionaba. No pude tomar ninguna foto dentro del tornado, así que me agaché en el asiento delantero, lo más bajo posible, esperando que el auto fuera golpeado”. Tras el paso del tornado, el coche quedó cubierto de paja y escombros, aunque sin daños estructurales graves. La secuencia duró menos de un minuto, aunque la sensación fue de mucho más tiempo debido a la intensidad de la experiencia.

Una jornada de investigación en Kansas se convierte en una lección sobre la importancia de actuar rápido y medir los riesgos en contextos imprevisibles (Captura de video)

Decisiones y riesgos durante el fenómeno

Samson resaltó que el mayor peligro: los escombros que salen volando. En la situación extrema, intentó aprovechar la aerodinámica del vehículo y orientarlo contra el viento para minimizar el impacto. Reconoció que lo ideal habría sido buscar refugio en una zanja, ya que la velocidad del viento disminuye cerca del suelo.

El análisis de datos en tiempo real permitió al equipo registrar cambios bruscos de presión y velocidades de viento estimadas en 322 kilómetros por hora (200 millas por hora). “Es difícil de describir; es un cambio rapidísimo. Sería como subir en un ascensor desde la planta baja hasta la cima de un edificio de 20 pisos en 10 segundos”, detalló Samson. El investigador subrayó que, aunque la duración real fue breve, la percepción del peligro se amplificó por la fuerza de los elementos.

Además, el profesor reconoció la importancia de la formación previa y la capacidad de reacción durante el evento. “Pensé: ‘Lo he hecho todo mal’. Es uno de esos momentos en los que piensas: ‘Sí, debería haber sido más religioso’”, comentó al recordar los instantes de máxima tensión.

El valor pedagógico de la experiencia

A partir de este episodio, Samson siguió utilizando su experiencia personal para enriquecer la enseñanza en cursos sobre meteorología y fenómenos extremos. El investigador destacó que compartir estos relatos en el aula permitió a los estudiantes comprender mejor la realidad y los riesgos del trabajo de campo. “Creo que eso hizo que la conversación fuera más interesante, ya que los estudiantes pudieron hacer preguntas al respecto, obtener más detalles sobre cómo son estas tormentas”, explicó.

Un episodio de alto riesgo llevó a un profesor a repensar cómo prepara a sus estudiantes para enfrentar situaciones extremas en el trabajo de campo (Captura de video)

La experiencia también impulsó la creación de un fondo de dotación en la Universidad de Michigan para financiar futuras expediciones estudiantiles. Samson recalcó que, aunque su investigación principal no trata sobre fenómenos extremos, la vivencia dentro del tornado aportó una dimensión valiosa y humana a su labor educativa y divulgativa.

En junio de 2008, Kansas vivió una de sus temporadas de tormentas más intensas, con la formación de múltiples supercélulas y varios tornados de gran magnitud. Uno de los eventos más relevantes ocurrió el 11 de junio, cuando dos supercélulas causaron estragos en el norte y noreste del estado.

Según la base de datos del Servicio Meteorológico Nacional de Estados Unidos (NWS), tres tornados significativos tocaron tierra esa noche, causando daños millonarios, destruyendo viviendas, escuelas y comercios, y dejando víctimas mortales. El tornado más severo alcanzó la categoría EF4, con vientos que superaron los 300 kilómetros por hora y una trayectoria de más de 8 millas, dejando un rastro de destrucción en localidades como Chapman y Manhattan.

Tornados en Kansas: un fenómeno frecuente y peligroso

Kansas forma parte del llamado “Corredor de los Tornados”, una franja del centro-sur de Estados Unidos donde confluyen masas de aire frío y seco del norte con aire cálido y húmedo del Golfo de México. Esta combinación genera condiciones propicias para la formación de supercélulas, tormentas capaces de producir tornados de gran potencia y destructividad. Cada año, Kansas registra decenas de tornados, lo que convierte al estado en uno de los más afectados del país.

Las comunidades locales mantienen protocolos de alerta y simulacros frecuentes, pero la rapidez y la fuerza de estos eventos muchas veces superan la capacidad de reacción, exponiendo a residentes y especialistas a situaciones de alto riesgo.

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