
Mary Shelley, la creadora de Frankenstein, la primera novela de ciencia ficción moderna, fue una escritora, editora y dramaturga británica feminista y de avanzada para su época. Nació un 30 de agosto de 1797 en Londres. Fue criada por su padre, el filósofo y político William Godwin, ya que su madre, también filósofa y pionera feminista Mary Wollstonecraf murió tras darla a luz, por una infección de post parto a los 38 años. La tragedia marcó su llegada al mundo.
Su padre se ocupó de su educación y también de su medio hermana mayor, Fanny, una “hija ilegítima” de su madre con el aventurero norteamericano Gilbert Imlay. El viudo había quedado sumido en una tristeza profunda. Le había escrito a su amigo Thomas Holcroft: “Creo firmemente que no existe en el mundo nadie que se pueda comparar a ella. Sé por experiencia que estábamos hechos para hacernos felices el uno al otro. No espero en absoluto poder volver a ser feliz nunca más”.
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Aunque su madre no estuviese presente, creció bajo su legado, a la luz de ideas de libertad y defensa de los derechos de las mujeres. Wollstonecraft dejó escrito un libro fundacional del feminismo: La vindicación de los derechos de la mujer (1792) que fue un éxito en ventas y la convirtió en una de las mujeres más populares de la época. En la obra argumentaba que las mujeres “no son por naturaleza inferiores al hombre, sino que parecen serlo porque no reciben la misma educación”.

Wollstonecraft fue también la primera corresponsal en cubrir la Revolución francesa. Era tal la necesidad que tenía Mary de su madre, que con frecuencia solía sentarse a escribir junto a su tumba. Releía su obra que sabía casi de memoria, incluidos manuscritos incompletos. ”El recuerdo de mi madre ha sido el orgullo de mi vida”, decía quien a la vez siempre vivió con un sentimiento de culpa por su muerte.
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Criada en un ambiente literario y bohemio, la joven apostó por el amor con un hombre que ya estaba casado y tenía dos hijos, el poeta Percy Shelley. Mary, a los 17 años, se guiaba por los sentimientos del mismo modo que su madre y de algún modo repitió su historia. Aunque le fue un poco mejor, no fue madre soltera. La pareja, junto a Claire Clairmont, medio hermana de Mary (su padre se había vuelto a casar) se fugaron. Vivieron en Francia y recorrieron Europa. De regreso, Mary cursaba un embarazo, el bebe nació prematuro y no logró sobrevivir. Corría 1816 y Harriet, la mujer de Percy decidía quitarse la vida. La pareja se casó ese mismo año.

En el verano de 1816 Mary esbozó Frankenstein, el proyecto de su novela que grabaría su nombre en la eternidad, que sin embargo, no le reportó ninguna ganancia. La primera publicación, en 1818 no incluyó su firma y se creyó que había sido escrito por Percy, su marido.
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Su personaje abominable fue creado en Ginebra, Suiza, durante su estancia con un grupo de amigos en la Villa Diodati, una casa alquilada por Lord Byron, un revolucionario poeta romántico británico, recordado también por sus excentricidades y como ícono de belleza masculina de esa época.
Era un verano atípico, fresco y lluvioso, en el hemisferio norte, extrañamente provocado por la violenta erupción del volcán Tambora, en Indonesia que había trastocado el clima.
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Reunidos en esa villa cercana al lago Léman, en ese clima de lluvia, el anfitrión le propuso a Mary, a Percy y a su médico personal, John William Polidori, una competencia: escribir una historia de terror. Los únicos que lograron el cometido fueron Polidori y Mary. El médico realizó la primera obra sobre un vampiro y Mary creó la horrible criatura construida a partir de varios cadáveres por el Dr. Víctor Frankenstein, quien le da la vida y después rechaza horrorizado y abandona, sin siquiera darle un nombre.
La soledad, el dolor y la muerte marcaron tanto la vida como la obra de Mary Shelley, que también sentía interés por lo sobrenatural, el regreso de la muerte y otros temas comunes de la época. Su monstruo lo describió con pocas pinceladas y aún así era realmente horrendo para la época. Por no tener nombre, fue llamado con el nombre del científico creador. Y el de Mary Shelley, apenas fue conocido. Su obra fue mayor que ella y ya alumbraba temas sobre los límites de la ciencia y fue interpretada de mil maneras, entre ellas, como una metáfora del ser humano, abandonado por su creador y que los monstruos no nacen monstruos.
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Se dijo que Mary había inventado a esa solitaria criatura porque la había soñado, lo cierto es se trató de una “visión” que Shelley tuvo del científico frente a su creación, según lo que escribió en el prefacio de su obra publicada en 1831.
Los Shelley dejaron Londres en 1818 y se instalaron en Italia, donde su segundo y su tercer hijo tampoco sobrevivieron. Después del terrible sufrimiento, en 1819 nació el cuarto hijo de la pareja, Percy Florence. Su segundo nombre se debía a que había nacido en Florencia. Pero a los dos años, la muerte volvió a ensañarse con Mary. Su amado marido murió mientras navegaba en la Bahía de la Spezia. Se hundió su velero y murió ahogado.
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Polidori, quien había acompañado a Lord Byron en su estancia en Suiza porque era hipocondríaco, logró elogios para su obra El vampiro, que fue publicada, pero quedó bajo la sombra del Frankenstein de su amiga. Lord Byron no volvió a contratarlo y a los 25 años, el médico, que no veía futuro como escritor que era lo que más le interesaba, también tuvo un final trágico: se suicidó en 1821 con ácido prúsico.
Tras la muerte de Percy, Mary decidió regresar a Inglaterra para concentrarse en la educación de su hijo y su carrera como escritora profesional.

Con su obra Mary Shelley sería redescubierta como una de las figuras principales del romanticismo. En pocos años, la novela fue adaptada para el teatro, y en el siglo veinte se llevaron distintas versiones al cine que son memorables.
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La última década de su vida combatió enfermedades, tal vez ligadas al tumor cerebral que terminó con su vida a los 53 años.
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