El crecimiento sostenido de las remesas provenientes de Estados Unidos continúa marcando el pulso financiero de Guatemala, tras un cierre de 2025 con cifras sin precedentes y un inicio de 2026 que mantiene esa tendencia. Según el Banco de Guatemala (Banguat), el país registró un ingreso de remesas familiares superior al 7.4% en enero, lo que representa una base robusta para la economía nacional y anticipa proyecciones importantes, aunque de moderación, para el resto del año.
Durante el primer mes de 2026, los recursos provenientes principalmente de la comunidad migrante guatemalteca en Estados Unidos sumaron $1,954.7 millones. Esta cantidad supera los $1,817.5 millones contabilizados en enero del año anterior y refleja el impacto de este flujo sobre el consumo interno.
Banguat prevé que, si esta tendencia se mantiene, el país podría alcanzar hacia el final del año ingresos por $26,877 millones en remesas, aunque con una tasa de crecimiento esperada del 5%, una desaceleración respecto al 19% evidenciado en 2025.
En el cierre de 2025, Guatemala rompió todos sus récords históricos al recibir $25,597 millones en remesas, según el Banco de Guatemala. Este salto supone un crecimiento del 19% respecto al ciclo previo y superó ampliamente las expectativas planteadas por las autoridades. El comportamiento extraordinario de este rubro durante los últimos cinco años ha sido clave para el desarrollo del país.
En 2021, los envíos totalizaron $15,295 millones; en 2022, ascendieron a $18,040.3 millones, hasta alcanzar $19,804 millones en 2023. La cifra superó la barrera simbólica de los $20 mil millones en 2024, antes de registrar el salto hasta el nuevo máximo de 2025.
Estas remesas no representan únicamente una cifra macroeconómica. Los recursos enviados desde el extranjero influyen de forma determinante en la vida cotidiana y el bienestar social de millones de hogares en Guatemala.
Estudios oficiales citados por Banguat indican que seis de cada diez dólares provenientes de remesas se destinan al consumo inmediato de bienes y servicios básicos. Esta dinámica sostiene la demanda doméstica y dinamiza múltiples sectores económicos.
Adicionalmente, una parte significativa de estos recursos se orienta a la construcción o mejora de viviendas, reforzando la inversión en infraestructura residencial. Una fracción menor de las transferencias contribuye a financiar gastos en salud y educación, generando efectos positivos directos sobre la calidad de vida de la población y el desarrollo social.
El alcance de este fenómeno se refleja en la cantidad de personas beneficiadas: alrededor de siete millones de guatemaltecos dependen hoy del flujo constante de remesas. Estimaciones oficiales señalan que tres millones de guatemaltecos residen en el extranjero y realizan envíos regulares a sus familias, alcanzando a 1.7 millones de hogares. De este modo, las remesas ya representan cerca del 19% del Producto Interno Bruto (PIB), consolidándose como uno de los pilares fundamentales de la economía del país.
El reciente informe de Banguat, publicado este jueves, refuerza la percepción de que las remesas constituyen un sostén central para la estabilidad financiera nacional, especialmente ante la volatilidad de otros ingresos. Según las autoridades de la banca central, parte del aumento en los envíos desde Estados Unidos responde al temor de deportación motivado por las políticas migratorias impulsadas por la administración del presidente Donald Trump.
El reporte indica: “El aumento del envío de las remesas corresponde a una respuesta de los migrantes guatemaltecos al temor de ser deportados por las nuevas políticas”.
Durante enero, la variación interanual en los envíos desde Estados Unidos fue aún mayor que la reportada en el resto del año, al aumentar un 23% respecto al mismo mes de 2024. El Banco de Guatemala detalla que, en ese periodo, el país recibió $1,817.6 millones en remesas, lo que se traduce en $349.6 millones adicionales frente a la cifra de arranque del año anterior.
El comportamiento de las remesas seguirá sujeto a factores externos, incluidos los cambios en las regulaciones migratorias de Estados Unidos y la evolución de las condiciones laborales para la comunidad guatemalteca en el extranjero.