"Tengo la suerte de reírme de exactamente los mismos chistes de los que se ríen los chicos, y creo que esa es la razón por la que tengo éxito con ellos", explicaba Roald Dahl, un escritor sin límites, irónico y, por supuesto, amante del chocolate. Dahl es considerado por muchos una pieza fundamental en la tarea de lograr que los más chicos se entusiasmen con lectura y se cumplen 100 años de su nacimiento.
Nacido en Gales, descendiente de noruegos, antes de ser escritor fue piloto de avión. Combatió en África durante la Segunda Guerra mundial y allí escribió sus primeros cuentos. Falleció en Oxford en 1990. El autor despierta orgullo en Gran Bretaña y su obra lleva vendidos más de 100 millones de ejemplares en todo el mundo. Quizás su libro más recordado sea Charlie y la fábrica de chocolate, donde Charlie y su abuelo son recibidos por Willy Wonka, precisamente en una fábrica de chocolates. Los diálogos son mordaces e irónicos y también cargados de ternura. El éxito de la novela fue de tal magnitud que desde hace más de 20 años se festeja hoy el Día Internacional del Chocolate.
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La mayoría de las obras de Roald Dahl son acompañadas por las hermosas ilustraciones de Quentin Blake, quien con su talento natural recrea imágenes asociadas a la creación artística de los niños. "Trabajamos 15 años juntos pero, después de su muerte, ilustré el resto de sus libros. Todavía sigue estando ahí. Hace unos días dibujé al gigante en un pabellón de los jardines del palacio Buckingham. He podido dibujar al gigante [en alusión a Dahl] en los dos lados de la vida", dijo Blake.
"Observa con ojos brillantes el mundo que te rodea porque los secretos más grandes están siempre escondidos en los sitios más insospechados. El que no cree en la magia nunca la encontrará", escribió Dahl alguna vez. No hay lectores que no puedan llegar a su obra y todos terminan atraídos por su universo singular. "Unas semanas atrás, conocí a un adolescente sirio, un refugiado, que acababa de terminar James y el melocotón gigante. Era el primer libro en inglés que había leído, contó recientemente Sophie Dahl, nieta del escritor.
Muchas de sus creaciones fueron llevadas al cine por grandes directores. Charlie y la fábrica de chocolate fue adaptada por Tim Burton en una versión que dejó para siempre a Johnny Depp como el gran intérprete de Willy Wonka. Otras de sus obras que llegó a la pantalla con muchísimo éxito fue Matilda, la historia de una niña sensible y fan de los libros que sobrevive en un mundo de adultos adictos a la TV y que reniega de sus padres vacíos de amor mientras enloquece a todos con sus travesuras "sobrenaturales" en el colegio. "No hagas nunca nada a medias si quieres salirte con la tuya. Sé extravagante. Pon toda la carne en el asador. Asegúrate de que todo lo que haces es tan completamente disparatado que resulta increíble…", era una de las frases de Matilda. Por último, meses atrás se estrenó Mi amigo el gigante, dirigida por Steven Spielberg, que está basada en el relato "El gran gigante bonachón".
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— BajaLibros (@BajaLibros) September 13, 2016
Dahl fue también un destacado cuentista. Sus Cuentos completos contienen textos brillantes, sarcásticos, incisivos y con tintes fantásticos. Universos que se despliegan y sorprenden más allá de las aventuras de los queridos Matilda, James y Charlie. Otras obras que se destacan son Relatos de lo inesperado, Historias extraordinarias, Mi tío Oswald, relato futurista, o el brillante La Cata.
Para tener una idea de la dimensión de su obra, es bueno recordar que la versión oficial del Diccionario Oxford incluyó seis términos creados por Dahl, que se popularizaron con Charlie y la fábrica de chocolate. Estos son algunos de ellos:
–Dahlesco (Dahlesque): jugar con el idioma. "los argumentos excéntricos, los personajes adultos malvados o repugnantes, y el humor negro" que distinguen su pluma infantil.
–Umpa Lumpa (Oompa Loompa): "personajes imaginarios del autor y se suma así a otros iconos culturales como Gremlin y Yoda".
–Boleto de oro (Golden Ticket): "garantiza al propietario una experiencia muy valiosa".
En honor al escritor, se están realizando homenajes en todas partes del mundo. Películas y lecturas al aire libre, banquetes, festivales y concursos se suman a lo largo del planeta: nadie quiere quedarse afuera en esta gran celebración de la literatura.
Siete consejos para convertirse en un buen novelista según Roald Dahl:
1. Tienes que tener una gran imaginación.
2. Debes ser capaz de escribir bien. Para ello tienes que hacer posible que una escena se convierta en real en la mente del lector.
3. Tienes que tener aguante. En otras palabras, tienes que ser capaz de apegarte y nunca dejarlo, hora tras hora, día tras día, semana tras semana y mes tras mes.
4. Debes ser perfeccionista. Lo que significa que nunca estarás satisfecho con lo que escribes hasta que no lo hayas reescrito una vez tras otra, haciéndolo tan bueno como seas capaz.
5. Tienes que tener una férrea autodisciplina. Estás trabajando solo.
6. Ayuda mucho tener sentido del humor. No es vital cuando se escribe para adultos, pero para los niños, es vital.
7. Debes tener un grado de humildad. El escritor que cree que su trabajo es maravilloso tendrá problemas.