El Programa Aconchego conecta desde 2004 a personas mayores de Porto que viven solas con estudiantes universitarios que necesitan vivienda, en un sistema sin alquiler que busca reducir el aislamiento en la vejez y aliviar el costo de alojamiento para jóvenes que llegan a la ciudad para cursar sus estudios.
Hasta finales de 2025, la iniciativa había ayudado a 105 personas mayores a encontrar compañía y a 168 estudiantes a encontrar casa, de acuerdo con información del municipio.
Creado de forma conjunta por la Câmara Municipal do Porto y la Federação Académica do Porto, el programa se apoya en una fórmula de intercambio no monetario. La persona mayor ofrece una habitación gratuita en su vivienda y el estudiante aporta compañía, presencia especialmente nocturna y ayuda en tareas cotidianas.
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El esquema no reemplaza cuidados médicos ni asistencia profesional. El apoyo del joven se limita a actividades como hacer compras, ir a la farmacia, ayudar con la tecnología o colaborar en la cocina.
El alojamiento es gratuito y el acuerdo cubre el año lectivo
El estudiante no paga alquiler, aunque puede realizar una contribución simbólica acordada para compensar el aumento de gastos de agua, luz, gas o comida. El acuerdo suele abarcar el año lectivo y puede renovarse si ambas partes están de acuerdo.
La permanencia durante los fines de semana suele ser optativa. El objetivo principal, según el municipio, es combatir la soledad y el aislamiento social de las personas mayores; el apoyo a los estudiantes y a sus familias en la reducción del gasto habitacional aparece como la segunda meta del programa.
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Pueden participar personas de 60 años o más que residan en el municipio de Oporto, vivan solas o solo con su cónyuge en situación de aislamiento social y dispongan de una habitación en condiciones de habitabilidad. Del lado de los huéspedes, el programa acepta estudiantes de entre 18 y 35 años matriculados en una institución de educación superior en Oporto y que no vivan previamente en la ciudad.
Cómo se evalúa la compatibilidad entre anfitrión y estudiante
La selección incluye entrevistas a ambas partes y una visita al domicilio de la persona mayor para verificar las condiciones de la vivienda. El equipo técnico municipal también analiza preferencias, rutinas, estilos de vida y expectativas para definir la compatibilidad antes de formalizar un contrato de adhesión con derechos, deberes y reglas de convivencia.
Según Radio Festival, emisora portuguesa, muchas de las personas mayores que se postulan buscan compañía sobre todo durante la noche. Los estudiantes, por su parte, destacan la reducción de costos y un entorno más doméstico y estable que, según el municipio, favorece su integración en una ciudad nueva e incluso su desempeño universitario.
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El programa sumó más de 300 participantes y fue replicado en otros municipios
La iniciativa supera los 300 participantes acumulados en 22 años, según informó el portal oficial del Municipio de Oporto. Ese recorrido llevó además al ayuntamiento a registrar la marca “Programa Aconchego” para permitir su aplicación en otros municipios portugueses mediante protocolos de replicación.
El primero en adoptarlo fue el municipio de Mirandela, en 2019. Después se sumó el municipio de Oliveira de Azeméis, en 2023.
El proyecto también recibió reconocimiento institucional fuera de la ciudad. En 2010 fue premiado en el concurso This is European Social Innovation de la Comisión Europea; en 2012 obtuvo el sello de “Iniciativa de Elevado Potencial de Emprendedorismo Social” del Instituto de Empreendedorismo Social; y en 2018 fue señalado como buena práctica por la Ageing Summit y por la Red Global de Ciudades y Comunidades Amigables con las Personas Mayores de la Organización Mundial de la Salud.
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Historias de convivencia dentro del programa
Una de las participantes es María José, de 102 años, vecina de la Baixa de Oporto, que se incorporó al programa prácticamente desde su creación. Citado por Radio Festival, su entorno familiar explicó que la iniciativa también funcionó como respuesta a los límites que imponen las obligaciones laborales y familiares a la presencia diaria de los hijos.
A lo largo de más de 20 años, varios estudiantes pasaron por su casa y algunos construyeron vínculos de amistad estrechos con ella. En la actualidad convive con Giulia, estudiante de Arquitectura, que además de acompañarla en el día a día avisa a la familia cuando percibe alguna novedad en su estado.
La familia considera que el funcionamiento de la experiencia depende también del respeto a la personalidad de cada joven. En algunos casos, la relación se volvió tan cercana que antiguos huéspedes participaron de reuniones familiares y llegaron a pasar la Navidad con María José y sus hijos.
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Otra participante es Maria Luísa, de 90 años, que se sumó al programa en 2012 tras la muerte de su marido. Entonces recibió en su casa de la Foz do Douro a una estudiante de Derecho, con quien mantuvo el contacto incluso después de que la joven terminara sus estudios y regresara a su lugar de origen.
Más tarde volvió a sentir la ausencia de compañía y este año consultó al ayuntamiento para saber si la iniciativa seguía activa. Así conoció a Inês, estudiante de Medicina, que cena con ella y se queda a conversar cuando su rutina académica se lo permite.
María Luísa mantiene una vida independiente, camina junto al mar y pasa tiempo con su familia, pero atribuye a la convivencia una nueva dinámica en su casa. Para ella, saber que volverá y encontrará a alguien modifica la experiencia cotidiana del hogar.
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