Grupo Desatar: la campaña para poner fin a las sujeciones físicas y químicas en los geriátricos

La Sociedad Argentina de Geriatría y Gerontología (SAGG) dicta cursos de formación para el personal de cuidados y otorga distinciones a los establecimientos de larga estadía que no apelan a estos métodos para inmovilizar a los adultos mayores

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Por décadas, la contención física ha sido usada como primera opción en el cuidado de personas mayores. Una campaña busca erradicar ese recurso

¿Es posible cuidar a las personas mayores sin usar sujeciones? La experiencia de muchísimos centros en España —experiencia en la que se ha inspirado la Sociedad Argentina de Geriatría y Gerontología (SAGG)— indica que sí, que no sólo es posible sino absolutamente conveniente eliminar las sujeciones para poder prestar una atención verdaderamente centrada en la persona.

La contención física es un recurso que durante décadas fue tomado como la primera opción para manejar a personas con algún trastorno motriz o cognitivo.

Sin embargo, Matías Manzotti, presidente de la SAGG y Jefe de Geriatría del Hospital Alemán, asegura que “nunca es necesaria” la sujeción de las personas. Admite que “hace décadas que quienes trabajan en los geriátricos creen que está bien que las personas mayores estén atadas”, pero eso “se puede evitar, todo depende de cómo uno aborda las situaciones”.

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La SAGG es una sociedad científica creada en 1951 cuyo objetivo es formar y capacitar profesionales para que las personas mayores tengan una mejor calidad de vida.

El Grupo Desatar Argentina se conformó hace más de 10 años, explica Manzotti en charla telefónica con Infobae, con profesionales de la SAGG pero como entidad que trabaja de modo independiente, emulando a una organización de España. Lo integran médicos, psicólogos, psiquiatras, abogados, kinesiólogos y terapistas ocupacionales. Su objetivo es crear una cultura libre de sujeciones, en el marco de la protección de los derechos de los adultos mayores.

El programa “Desatar” tiene por objeto eliminar las sujeciones físicas y farmacológicas en instituciones de larga estadía (geriátricos) y luego también a clínicas y hospitales.

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“En un hospital, dice Manzotti, si en cierto momento la sedación es necesaria y está bien administrada, tampoco hace falta atar a la persona. En el momento del ‘destete’ [cuando se retira la sedación mecánica a un paciente], si hay un adecuado acompañamiento del paciente, tampoco es necesaria la sujeción”. Es por eso, acota, que cada vez más las terapias intensivas amplían el horario de visita con la finalidad de que los familiares acompañen a las personas internadas.

Los trastornos debidos al deterioro cognitivo, trastornos de conducta, llevan a buscar soluciones que pueden ser el uso de sujeción química o física. Ambas son muy malas porque entrañan el riesgo de daño o de reacciones adversas.

Las terapias intensivas amplían el horario de visita para que los familiares acompañen a las personas internadas (Imagen Ilustrativa Infobae)

Existe el mito de que la persona se excita y hay que atarla y es al revés, explica Manzotti. Más excitación implicará más lesiones. También malestar anímico.

“Hace muchos años que damos cursos de capacitación y formación para el personal que trabaja en las residencias”, dice Manzotti.

Reconocimiento al cuidado libre de sujeciones

Ahora, el Grupo Desatar acaba de otorgar el primer “reconocimiento” como institución promotora del cuidado libre de sujeciones físicas en adultos mayores a la residencia de larga estadía Edificio Manantial. de la ciudad de Buenos Aires.

Esto es uno de los primeros frutos de la campaña lanzada siguiendo el modelo de la organización Desatar de España, y sus promotores esperan un efecto contagio.

“La semana pasada el Edificio Manantial fue reconocido, no decimos acreditado porque nosotros no tenemos esa autoridad. Pero sí hicimos un trabajo muy bueno respecto al cuidado. Creemos que este es un paso importante y un estímulo para avanzar en un tema sobre el que recién se empieza a hablar. Sabemos que este es un cambio cultural muy profundo y que llevará tiempo”, dice Manzotti.

Matías Manzotti en el acto de reconocimiednto del Edificio Manantial como libre de sujeciones

En el caso de la institución que recibió el reconocimiento —”comparable a una norma ISO para una cuestión específica”, acota Manzotti—, éste fue fruto de un trabajo de 4 meses que incluyó entrevistas con todo el personal, los residentes y las familias. Existe un manual de procedimiento para el reconocimiento de esa condición, agrega.

En un video elaborado por Cáritas de España, Antonio Burgueño, director técnico del programa Desatar al Anciano y al Enfermo de Alzheimer, de la Confederación Española de Organizaciones de Mayores, responde a la pregunta de cómo se eliminan las sujeciones y si es posible trabajar en un escenario libre de esos procedimientos. Lo determinante es querer. Sencillo, una palabra. Pero que tiene un millón de implicaciones. Porque yo quiero, si, pero pongo innumerables objeciones, si pero tal cosa, entonces al final no es verdad que quieras. Si de verdad quieres conseguir un escenario libre de sujeciones en tu centro, lo consigues”, dice Burgueño apuntando a que la clave es la voluntad, la decisión de hacerlo.

El uso de sujeciones es entendido en muchos ámbitos como un mal menor para evitar caídas. Sin embargo, el mensaje de Desatar es que su uso provoca males mucho mayores. La persona tiene la sensación de perder el control de su propia vida, lo que tiene fuertes implicaciones anímicas y emocionales.

Antonio Burgueño, director técnico del programa Desatar al Anciano y al Enfermo de Alzheimer, de la Confederación Española de Organizaciones de Mayores

“Cualquiera de nosotros puede ponerse por empatía en los zapatos de esa persona y saber lo que siente —dice Burgueño—. Lo que supone para una persona mayor estar prácticamente de forma constante inmovilizada. El inmovilismo físico tiene unas consecuencias para su salud mental y física tremendas, lo que aumenta la probabilidad de mortalidad, lo duplica en un año”.

Burgueño hace un cruda descripción de lo que implican las sujeciones: “Saber que sistemáticamente te van a levantar y te van a atar a una silla, o acostar y atar a la cama… al final terminas aprendiendo que eso es lo que hay y de alguna manera renuncias a luchar, pero también renuncias a la vida, porque pierdes el control de tu vida. Estás a expensas de lo que quieran los demás, de si quieren venir a verte o no, de lo que quieran hacerte o no y de cubrir o no tus necesidades, pero cuando ellos quieran; es uno de los efectos perversos de las sujeciones. Tú no te puedes expresar, estás amordazado, estás suprimido. Y no solamente renuncias a luchar contra la sujeción, sino que de alguna forma también te autoanulas a ti mismo para poder soportar esa forma de vida”.

Al sujetar a una persona, explica, se está ejerciendo un poder sobre ella. Si intenta soltarse probablemente se genere un daño, además de que el inmovilismo incrementa el riesgo de escaras y a la larga también de caídas, que es lo que paradójicamente se quiere evitar.

Burgueño va incluso más allá: “El tener a esa persona sujeta supone no reconocerla como tal. Es, de alguna manera, un animal domesticado. Le conferimos menos dignidad. Nosotros perdemos nuestra esencia de cuidadores y las personas mayores pierden la esencia de personas. En el momento en que perdemos la capacidad de reconocer su dignidad y por lo tanto los sujetamos, dejarán de ser personas. Por tanto, su dignidad depende de nuestro reconocimiento y la esencia de nuestro trabajo también”.

La eliminación de las sujeciones requiere que las residencias para adultos mayores se transformen. Se necesita un cambio de actitud y de mentalidad, porque todavía prevalece en la cultura de los cuidadores una actitud muy protectora, muy restrictiva para dar seguridad, dicen desde Desatar España.

Se debe dejar de pensar que la única forma de dar seguridad es restringir la movilidad de las personas. Se requiere una adecuación de los ambientes, una mejora constante de la seguridad física pasiva, comprender el origen de los síntomas conductuales de las personas con demencia para prevenirlos, adelantándose a los eventos que pueden desencadenarlos, adelantándose a necesidades que hay que cubrir, y evitando una sobreestimulación a personas que tienen poca tolerancia a los estímulos, etcétera.

Eliminar las sujeciones requiere una adaptación de los ambientes y de las mentalidades

Natalia Godoy es licenciada en Gerontología por la Universidad de Santa Fe y es la directora institucional de Edificio Manantial. Ante la consulta de Infobae sobre el reconocimiento concedido a ese establecimiento, dice: “Partamos de la base de que para quienes trabajamos en instituciones gerontológicas el objetivo es el bienestar de las personas. Una sujeción, sea física o química, impide el movimiento. La persona querrá zafarse lo que va a causar más daño y entonces se apela a medicar. Tenemos que buscar otras prácticas que generen bienestar”.

Es una cuestión que, más tarde o más temprano, concierne a todos. “Alguien tiene que velar por nuestros derechos cuando necesitemos apoyos y cuidado y acompañamiento en nuestra dignidad —dice Godoy—. Por mal que estén las personas no deben perder el derecho a preservar su dignidad. Personas con demencia, personas muy afectadas físicamente y niños son los que van a necesitar de otros. Esa relación de poder no debe derivar en arrebatar sus derechos por comodidad de uno”.

La clave, sigue diciendo, es conocer a cada persona para determinar “qué estímulos le aportan tranquilidad, los ponen cómodos; no todo es tecnología, sino estrategias”.

“Si una persona tiene demencia pero tiene autonomía física y yo limito su movilidad, tendrá una incomodidad que no puede manifestar. Lo que se debe hacer es supervisar, permitirle moverse, pararse, caminar, volver. Lo importante es conocer a la persona, porque siempre hay algo que desata la crisis y detectar los disparadores permite prevenir. La demencia no es psiquiátrica, es un deterioro neuronal”, agrega Godoy.

El acto de reconocimiento al Edificio Manantial como establecimiento libre de sujeciones

En el mismo sentido, Burgueño dice: “Si comprendemos toda esa mecánica y tenemos una intensa empatía con las personas con demencia, si sabemos ponernos en sus zapatos a la hora de comprender sus conductas, estaremos creando un escenario libre de sujeciones, tanto físicas como químicas”.

Consultada sobre las medidas alternativas a la sujeción, Godoy responde: “Las personas están supervisadas por el terapista o por el acompañante, por quien se ocupa de las actividades diarias. La caída no es repentina. Con kinesiología se trabaja la cuestión postural”. Asegura además que todo el personal del lugar está entrenado para supervisar a los residentes.

Y advierte de otra consecuencia de la inmovilización: “Cuando una persona está sujeta, sale del radar de la supervisión”. Es la despersonalización de la que habla Burgueño.

El proceso de eliminar las sujeciones comenzó hace 8 años en el Edificio, cuenta. “El compromiso de buscar alternativas y no incorporar una sujeción implica una transformación cultural progresiva. El grupo Desatar ha elaborado un manual con medidas imprescindibles, necesarias y recomendables para una atención centrada en la persona y con una política de cuidados libre de sujeciones”.

En cuanto a la evaluación para determinar el reconocimiento, ésta fue presencial, con entrevistas al personal, a los residentes y a los familiares, con observación in situ de la modalidad de trabajo y de la infraestructura.

El Grupo Desatar elaboró un Manual para guiar el proceso de dejar las sujeciones

“Para sostener este modelo hay que generar un oficio. Formar a los cuidadores. El mercado gerontológico no nos ofrece recursos muy bien formados. Así que asumimos nosotros ese rol. Nuestra política de cuidados debe ser internalizada por el personal”, agrega Godoy.

Y concluye: “Nuestra ocupación honra la vida de otro ser humano. Si brindamos cuidados debemos hacerlo con ética”.

En el acto de reconocimiento al Edificio Manantial, la vicepresidenta de la SAGG, y coordinadora del equipo evaluador, Romina Rubín, explicó que la finalidad del Grupo Desatar Argentina es “generar conciencia del daño que producen las sujeciones físicas y capacitar en alternativas respetuosas para las personas mayores, sobre todo las personas con demencia, que son las que más padecen este tipo de prácticas; ojalá que otras instituciones se contagien”.

Del acto también participó el director de Juventudes y de la Persona Adulta del Ministerio de Salud de la Nación, Eduardo Soria, quien afirmó que “trabajar con personas con deterioro cognitivo no es fácil y requiere una profesionalización y un modelo”. Y expresó un anhelo: “Ojalá (este reconocimiento) funcione como un imán, que otras residencias también puedan mostrar lo que están haciendo y que este efecto sea multiplicado”.

El testimonio de los cuidadores

El video de Caritas de Italia recoge interesantes comentarios de cuidadores de establecimientos que dejaron de lado las sujeciones.

“Nuestra primera reacción fue la negatividad, la incertidumbre, el miedo, sobre todo en los turnos de noche”, dice uno por ejemplo.

La primera reacción de los cuidadores fue de temor por eso este cambio cultural requiere formación

“En un principio lo vivimos con miedo, con inseguridad, porque lo primero que se piensa es que va a haber mayor número de caídas, porque crees que lo fundamental es que nadie caiga, que nadie se caiga, que no haya accidentes, antes que la persona tenga una calidad de vida o que esté bien”, dice otra.

Se puede hacer y se está consiguiendo —comenta otra—. Creo que se sienten más libres. La calidad de vida mejora bastante. Y nosotros nos sentimos mejor al ver que hemos conseguido algo positivo”.

“Era subir a planta, encontrármelos caminando con esa libertad y: ‘Ostias, que está caminando’, puede hacer lo que le apetece. Liberándolos a ellos nos hemos liberado todos”, dice otro.

Uno de los responsables de Desatar señala: “Cuando se retiran las sujeciones, la persona reaparece, porque en el proceso de retirada hay que prestarle una especial atención. Justo lo que hace tiempo que no se hacía con la persona, atenderla mínimamente, porque una persona con sujeción, tú vas a verla o atenderla cuando te parece, porque ella no reclama. Es una persona bastante olvidada. Y cuando se retira la sujeción y empezamos a preocuparnos: ‘Oye, que no se nos caiga, vamos a colocarla así o vamos a colocarla asá”, quieras que no, te acercas de una forma tan intensa a la persona, que la recuperas y la persona reaparece. En términos humanos, quizás este sea el efecto más llamativo”.

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