Celebremos la belleza natural de esta mujer que acaba de cumplir 87 años y se muestra tal cual es, sin artificio alguno que interfiera groseramente con el paso del tiempo como lamentablemente sucede con algunas actrices.
Ali MacGraw fue la joven protagonista de la auténtica Love Story —título ahora usurpado por la historia de amor, trágica como la de ficción, de John Kennedy Jr y Carolyn Bessette—, pero que en la memoria de los boomers quedará para siempre ligada a la película de 1970.
Una historia de novela, niño rico, niña pobre, que sin embargo se convirtió en best-seller en librerías y récord de taquilla en los cines, con un guion que logró eludir la cursilería —excepto tal vez por la famosa frase “amar es nunca tener que pedir perdón”—, Love Story fue la segunda película de Ali MacGraw, y bastó para lanzarla a la fama.
La pareja artística que formaba con Ryan O’Neal (fallecido en 2023) pobló el imaginario de tantos jóvenes de la época: en Love story (1970), un adinerado estudiante de Harvard, Oliver, se enamora y se casa con una joven pobre de Radcliffe, Jenny, contra la voluntad del padre de este. Afrontan la vida superando muchas dificultades, hasta que se descubre el final inevitable, Jenny padece de una enfermedad terminal.
Ali MacGraw, casada por entonces con el productor de la película, Robert Evans, con quien ya había filmado Complicidad sexual, en 1969, inicia una relación amorosa con Steve McQueen durante el rodaje de La fuga, en 1972, se divorcia y se casa con el carismático y tormentoso actor. El matrimonio con McQueen dura de 1973 a 1978.
Pero la vida laboral de Ali no había comenzado con el cine. Antes, había sido asistente de fotografía en la revista Harper’s Bazaar, y asistente de Diana Vreeland en la revista Vogue. De esta época data la anécdota que la destaca como una joven temperamental, que no se iba a dejar avasallar.
Al contrario de la pasante (protagonizada por Anne Hathaway) de El diablo viste a la moda, que corre a colgar el tapado que la jefa arroja sobre el escritorio de turno, Ali devolvió el abrigo que Vreeland lanzó sobre su mesa de trabajo. “Un día, mientras me afanaba por colocar unos zapatos violetas de piel de serpiente para una sesión fotográfica, la señora Vreeland pasó a mi lado de forma dramática lanzándome su pesado abrigo Mainbocher, y yo involuntariamente se lo devolví. ¡Es la chica más grosera que he visto jamás!’. Era dura”, aseguró Ali al hablar de su jefa en su paso por Vogue.
Después de sus primeros éxitos en cine, MacGraw trabajó en otras películas como Convoy (1978), Pasiones en juego (1979), Dime lo que quieres (1980), y en las miniseries de televisión China Rose y Vientos de guerra.
En 1991, publicó su autobiografía, Moving Pictures, en la que describe sus problemas con el alcohol y la dependencia con los hombres. En este libro, relata con honestidad su ascenso a la fama, sus inseguridades y su turbulento matrimonio con Steve McQueen. El libro aborda su vida en Hollywood y su búsqueda de paz personal tras una carrera de éxito acelerado y relaciones complejas.
Describe la transición del modelaje a la actuación, sintiendo que “el magnetismo” la llevó a ser protagonista en lugar de asistente, y evoca aquellos años como una época de gran presión y triunfo. Sobre la relación con Steve McQueen, reconoce una dinámica tóxica y compleja, mencionando el impacto que tuvieron en ella las drogas y el estilo de vida del actor. Dice que al principio se había resistido a actuar junto al recién separado McQueen en La fuga, en parte porque quería pasar tiempo con su hijo Josh, que había nacido en 1971. Pero “la verdadera razón por la que había dudado”, escribe, “era porque sabía que me iba a meter en serios problemas con Steve”.
En cuanto a su vida tras los éxitos de Hollywood, reflexiona sobre la fama como una etapa superada, y explica su traslado a Nuevo México para dejar atrás la vida intensa de Malibú. “Durante muchos años, en circunstancias que parecían perfectas para el gran ‘ellos’ invisible de ahí fuera, fui una especie de mujer en la sombra. Una parte de mí actuaba correctamente, a veces incluso con brillantez, mucho más en la vida de lo que solía hacerlo en la pantalla. Pero había otra parte de mí que siempre sentía que todo le ocurría a la sombra de la persona que estaba a mi lado”, relata.
En su libro muestra también un particular sentido del humor. “Amar significa no tener que decir nunca perdón. Con esa absurda mentira se vendieron millones de cajas de Kleenex y se lanzaron varias carreras. Incluida la mía”, dice en referencia obvia a Love story.
Pero aquello que el mundo del espectáculo no olvidó nunca fue su particular belleza. En 1991, la revista People la eligió como una de las 50 mujeres más hermosas del mundo. Sin embargo, Ali pareció no haberse sometido a los dictados de la moda de mostrarse siempre joven a cualquier costo.
Por algo Channel, marca para la que trabajó en 1966, la volvió a convocar a los 80 años. Mäs abajo está el video de una publicidad que grabó para esa firma.
Su rostro hoy, a los 87, está naturalmente surcado por las arrugas que dejan el tiempo y los avatares de la vida, luce su cabello entrecano, sin artificios, y su mirada nos recuerda a esa Jenny que ahora, desde la pantalla y en la vida real, desafía a la muerte y al paso de los años.