En el norte de Europa, lejos de los grandes centros de poder tecnológico, Estonia construyó uno de los Estados digitales más avanzados del mundo. El 99 % de los trámites oficiales se realizan de manera online: desde votar en elecciones nacionales hasta consultar la historia clínica, renovar el carné de conducir o gestionar una pensión.
Este modelo no solo redefinió la relación entre el ciudadano y el Estado, sino que logró un objetivo que muchos países aún consideran pendiente: integrar plenamente a la generación silver en la vida digital.
La digitalización estonia no se apoyó únicamente en el desarrollo tecnológico, sino en un diseño de servicios centrado en la facilidad de uso, la accesibilidad y la confianza. Para los adultos mayores, especialmente quienes viven en zonas rurales o tienen movilidad reducida, el sistema significó mayor autonomía, menos traslados y un control más directo sobre información sensible como la salud o los datos personales.
Pero ese avance también implicó un desafío clave: garantizar la ciberseguridad y la protección de la identidad digital en una población históricamente más expuesta a fraudes, estafas y desinformación.
En un contexto global marcado por el crecimiento de los delitos informáticos y el uso intensivo de datos, Estonia desarrolló una arquitectura digital basada en la seguridad por diseño, con infraestructuras cifradas, sistemas de autenticación robustos y marcos legales que permiten a los ciudadanos saber quién accede a su información y con qué finalidad. La confianza, en este modelo, no es un concepto abstracto, sino una política pública sostenida en el tiempo.
Infobae entrevistó a Kristiina Kriisa, responsable de Comunicaciones del Centro de Información e-Estonia, Enterprise Estonia, para conocer cómo el país logró que los adultos mayores adopten los servicios digitales con seguridad, qué barreras debieron superar y de qué manera la identidad digital, la ciberseguridad y la inteligencia artificial están redefiniendo la inclusión y la autonomía en una sociedad cada vez más digitalizada.
—¿Cómo ha logrado Estonia que los adultos mayores se sientan seguros y confiados al usar servicios públicos digitales?
—Estonia ha trabajado de manera paralela en habilidades, accesibilidad y confianza. Socios del sector público y privado ofrecen capacitación digital, mentoría y talleres comunitarios dirigidos específicamente a personas mayores. Por ejemplo, existen programas en colaboración con universidades y organizaciones comunitarias que brindan formación práctica sobre cómo utilizar los servicios digitales de forma segura y con confianza.
A nivel nacional, los programas de aprendizaje permanente y formación para adultos incluyen habilidades digitales básicas (desde navegación segura hasta el uso de servicios públicos digitales), para que los adultos mayores no queden excluidos a medida que los servicios se digitalizan.
Además, Estonia siempre ha mantenido canales alternativos de acceso para servicios esenciales, lo que significa que la digitalización amplía el acceso en lugar de eliminar opciones.
—¿Cuáles fueron las principales barreras que enfrentaron los adultos mayores y cómo se abordaron?
—Las principales barreras fueron la falta de habilidades digitales, la confianza y la preocupación por la seguridad y la privacidad. Estonia abordó estos desafíos mediante políticas públicas a largo plazo, invirtiendo en educación digital, recualificación de adultos y programas de formación comunitaria.
También se ha puesto énfasis en la alfabetización mediática y digital, incluyendo talleres sobre riesgos en línea, desinformación y comportamiento digital seguro, lo que ayuda a que los adultos mayores participen con mayor confianza en la sociedad digital.
Desde el inicio, Estonia ha combinado la tecnología con garantías legales y transparencia. Por ejemplo, los ciudadanos pueden ver quién ha accedido a sus datos, lo que contribuye a generar confianza entre generaciones.
—¿Cómo equilibra Estonia la conveniencia con la ciberseguridad para los adultos mayores?
—La seguridad está incorporada en la arquitectura del Estado digital de Estonia. Infraestructuras clave como X-Road garantizan el intercambio cifrado de datos, la autenticación de todas las partes y el registro completo de los accesos a la información.
En cuanto a la identidad, Estonia actualiza de manera continua los sistemas de autenticación para responder a nuevas amenazas. Soluciones como Smart-ID+ agregan pasos de confirmación y acciones iniciadas por el usuario, lo que reduce el riesgo de fraudes y estafas telefónicas, manteniendo la experiencia sencilla para el usuario.
Esta combinación de infraestructura segura, marcos legales sólidos y actualizaciones constantes ayuda a proteger a los usuarios más vulnerables sin perder facilidad de uso.
—¿De qué manera la identidad digital mejora la calidad de vida de los adultos mayores?
—La identidad digital permite a los adultos mayores gestionar servicios esenciales a distancia, como salud y recetas médicas, pensiones, impuestos y votaciones, lo que reduce la necesidad de desplazamientos y trámites en papel.
Para quienes viven en zonas rurales o tienen movilidad limitada, los servicios digitales permiten una vida más independiente durante más tiempo. En salud, existen programas específicos que apoyan el uso de herramientas digitales para el autocuidado y la prevención, mejorando resultados y autonomía.
En la práctica, esto se traduce en menos trámites presenciales, acceso más rápido a servicios y mayor control sobre los datos personales.
En un posteo de LinkedIn, Kriisa relata su entrevista con la expresidenta Kersti Kaljulaid, quien le dijo: “No queremos que nuestro e-Estado se convierta en el teléfono fijo”. Kriisa describe cómo la mandataria enfatizó que la innovación no debe considerarse un logro definitivo, pues lo que hoy resulta novedoso puede quedar rápidamente desactualizado.
Además, señala que, a diferencia de otros países que solo hablan de transformación digital, Estonia la ha llevado a la práctica rediseñando la gobernanza y haciendo que los servicios públicos sean tan eficientes como los del sector privado.
En la publicación, también resalta la importancia que Kaljulaid otorga a la identidad digital como base de una verdadera gobernanza electrónica, el impacto actual de la inteligencia artificial en los servicios públicos y la confianza como elemento fundamental para que la sociedad adopte nuevas tecnologías.
—¿Cuál es la perspectiva a futuro respecto del impacto de la inteligencia artificial en la inclusión y la autonomía?
—A futuro, la inteligencia artificial potenciará la personalización, los servicios proactivos y la accesibilidad.
Se espera que la IA ayude a que los servicios públicos se adapten a las necesidades individuales, por ejemplo, simplificando la navegación, permitiendo interfaces en lenguaje natural y apoyando a quienes tienen menor confianza digital. Estonia ya está integrando inteligencia artificial en la educación y los servicios públicos para que las futuras generaciones, incluidos los futuros adultos mayores, estén familiarizados con estos sistemas.
El principio fundamental seguirá siendo el mismo: la tecnología debe ampliar la inclusión y la autonomía, no reemplazar el apoyo humano. El modelo de Estonia combina la automatización con un diseño de servicios centrado en las personas y una gobernanza de datos robusta.