El martes 22 de septiembre, Anthropic lanzó Claude Opus 5.5 con tarifas 20% más bajas que las de su modelo anterior. Ese mismo día, OpenAI respondió con dos modelos nuevos, GPT-6 Sol y GPT-6 Luna, a la mitad del precio de sus antecesores. Según CNBC, fueron los primeros lanzamientos de las dos empresas desde el llamado a desacelerar la IA.
Ese llamado ya tiene expediente judicial. El viernes 18, cuatro suscriptores pagos de ChatGPT, Claude, Grok y Gemini presentaron una demanda ante el tribunal federal del distrito norte de California. Acusan a Anthropic, OpenAI, Google y SpaceXAI, la empresa de IA de Elon Musk, de haber pactado un freno en violación de las leyes antimonopolio.
PUBLICIDAD
La secuencia arranca el sábado 12. Dario Amodei, que dirige Anthropic, publicó un ensayo que pedía coordinar a toda la industria para bajar el ritmo por razones de seguridad. Ese mismo día, Sam Altman, de OpenAI; Musk, y Demis Hassabis, de Google DeepMind, se sumaron en público.
A mi lectura, la guerra de precios del martes es la mejor defensa legal de los laboratorios y el peor argumento para su propia promesa de frenar.
La demanda no ataca el freno sino el pacto
Los demandantes no se oponen a que cada empresa frene por su cuenta. Según AP, sostienen que la ley antimonopolio les prohíbe tomar el atajo de “sustituir la responsabilidad individual por la restricción colectiva”. El daño que invocan es concreto: pagan una suscripción por mejoras que, si el pacto existe, llegarían más tarde.
PUBLICIDAD
Nick Rowley, el abogado principal, fue más lejos. Advirtió que la IA puede salirse del control humano si su seguridad queda en manos de “acuerdos privados e interesados” entre las tecnológicas más poderosas del mundo. El caso invierte el razonamiento de los laboratorios: el riesgo no justifica el acuerdo, lo vuelve más peligroso.
Amodei había anticipado el problema. En su ensayo escribió que el gobierno de Estados Unidos debería mediar en esas conversaciones, o al menos habilitarlas con una excepción acotada para ciertos intercambios sobre seguridad. Altman fue en otra dirección: dijo que OpenAI no cree necesario esperar esa excepción ni una ley para empezar.
Los precios del martes contradicen el pacto
Los números no se parecen a los de un sector que se puso de acuerdo. GPT-6 Sol cuesta USD 2 por cada millón de unidades de texto que recibe (lo que la industria llama tokens) y USD 10 por cada millón que genera. El nuevo modelo de Anthropic cuesta el doble: USD 4 y USD 20.
PUBLICIDAD
OpenAI comparó sus modelos contra la versión anterior de Anthropic, porque Opus 5.5 salió horas antes de su anuncio, según VentureBeat. Anthropic contestó que su modelo gasta menos unidades por tarea, así que la comparación no es directa. Dos empresas que discuten en público quién cobra menos no se comportan como un cartel.
Esa es la mejor carta de los laboratorios ante el juez. También es su peor argumento ante el público. Si ningún acuerdo contuvo el lanzamiento del martes, tampoco hay freno. Y lo que salió tampoco fue un paso atrás en capacidad: MacRumors informó que Opus 5.5 supera a GPT-6 Astra, el modelo tope de OpenAI, en algunas pruebas de programación.
Queda un dato que no cierra. El ensayo de Amodei hablaba del ritmo de las capacidades, no de los precios, y un modelo más barato no es por definición un modelo más peligroso. Los laboratorios pueden sostener las dos cosas a la vez. Lo que no pueden es explicar cuál de sus lanzamientos formaba parte del freno.
PUBLICIDAD
Para los rivales chicos, el freno es una barrera de entrada
Fuera de los cuatro grandes, la lectura es otra. El excomisionado Alvaro Bedoya, que integró la FTC (la agencia que defiende la competencia en Estados Unidos), dijo a NPR que cuando las empresas dominantes cierran un mercado, a los rivales chicos solo les queda ser comprados o desaparecer.
Nick Frosst, que cofundó la canadiense Cohere, fue igual de directo: “Un freno general coordinado en privado no es una política de seguridad neutral”. A su juicio, consolidaría la ventaja de los pocos laboratorios que ya tienen más cómputo, capital y distribución.
Ningún laboratorio va a frenar solo mientras el de al lado recorta tarifas. El martes no lo dijo una demanda: lo dijeron sus propias listas de precios.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD