La Casa Blanca evalúa usar la Ley de Producción para la Defensa para aumentar la refinación de petróleo en Estados Unidos en un plazo de seis meses, mediante la agilización de regulaciones y la canalización de inversiones de corto plazo hacia las plantas existentes.
La iniciativa surgió durante las reuniones de Energía del G20 en Houston, Texas, donde el gobierno de Donald Trump reunió a los principales refinadores del país para abordar la capacidad disponible de procesamiento.
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El asesor de Energía de la Casa Blanca, Jarrod Agen, situó el problema en el volumen de crudo que las instalaciones pueden transformar en combustibles. “Todo se trata de refinación. El problema que enfrentamos a nivel mundial es la capacidad de refinación”, afirmó. El funcionario sostuvo que las plantas del país trabajaron cerca de su límite y que el Ejecutivo buscó instrumentos para sumar producción sin esperar la construcción de nuevos complejos.
Los datos de la Administración de Información Energética (EIA) mostraron que las refinerías de Estados Unidos utilizaron el 97,8% de su capacidad disponible en la semana terminada el 4 de septiembre. Agen cifró el nivel operativo del sector en torno al 100% y señaló que ese margen redujo las opciones inmediatas para responder a una mayor demanda de combustibles.
Además, el asesor explicó que levantar una refinería nueva requiere años, por lo que la estrategia se concentró en ampliar la capacidad útil de la infraestructura ya instalada. Las inversiones que la Casa Blanca analizó incluyeron mejoras en las propias plantas y en sus sistemas de almacenamiento, con el objetivo de añadir volumen de procesamiento durante el próximo semestre.
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Agen planteó que la eventual activación de la Ley de Producción para la Defensa podría acortar trámites y resolver obstáculos regulatorios. “En algunos estados existen regulaciones gravosas que impiden una refinación adicional, y podemos realizar algunas inversiones a corto plazo que podrían ayudar a impulsar la refinación en los próximos seis meses”, declaró.
El funcionario vinculó la situación actual con las políticas aplicadas durante las dos últimas décadas. “Llevan 20, 25 años de demócratas tratando de cerrar la refinación aquí en Estados Unidos, y aquí estamos intentando recuperarla”, dijo. La Casa Blanca no detalló qué regulaciones modificaría ni informó el monto de las inversiones que consideró para las instalaciones existentes.
El plan se conoció en medio de las advertencias de compañías petroleras sobre las consecuencias de la guerra con Irán para el flujo mundial de energía. El bloqueo del estrecho de Ormuz al tránsito petrolero y los ataques contra instalaciones de la región redujeron la disponibilidad de crudo y combustibles, mientras varias fuentes de refinación fuera de Estados Unidos también quedaron afectadas.
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“Si se observa a nivel mundial lo que está ocurriendo en Ucrania y Rusia, hay parte de la refinación fuera de servicio. China ha retirado algunas exportaciones, lo que deja fuera de servicio parte de la capacidad de refinación, y luego, obviamente, están los problemas en Medio Oriente, con una disminución de la capacidad de refinación”, agregó.
El petróleo de referencia estadounidense subió cerca de un 19% en las tres semanas previas y rondó los USD 101 por barril. La suba trasladó presión a los combustibles elaborados en las refinerías, especialmente al diésel, clave para el transporte de mercancías y para la actividad agrícola y ganadera. El precio promedio nacional de ese combustible alcanzó el viernes unos USD 6,06 por galón, su máximo histórico.
Las reservas comerciales de petróleo de Estados Unidos también descendieron. Durante la semana terminada el 4 de septiembre, cayeron en 391.000 barriles y quedaron en 424,1 millones de barriles. Ese retroceso coincidió con el funcionamiento de las plantas a niveles próximos a su techo y con la pérdida de suministros procedentes de rutas y centros de producción afectados por el conflicto.
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Por otro lado, Mike Wirth, director ejecutivo de Chevron, advirtió que los mecanismos empleados para contener el impacto inicial enfrentaron límites. “Todos estos mecanismos ayudaron a mitigar el riesgo de subidas de precios y de problemas de suministro”, afirmó en una conferencia energética en Austin. Luego añadió: “Pero esas medidas, en gran parte, ya han agotado su efecto y el sistema ya no cuenta ni de lejos con el mismo margen de maniobra que tenía cuando comenzó todo esto”.
La administración estadounidense también busca aumentar la producción petrolera de Venezuela. Una delegación de Caracas viajó a Houston para asistir a sesiones bilaterales, actos paralelos y debates sectoriales organizados alrededor de la cumbre de ministros de Energía del G20, aunque no participó en las reuniones ministeriales oficiales a puerta cerrada.
(Con información de EFE y CNBC)
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