Barack Obama y Michelle Obama expresaron a la revista People que el significado comunitario del Obama Presidential Center está profundamente ligado a su vida en el sur de Chicago, a la memoria familiar y a la idea de crear un espacio abierto para las futuras generaciones.
Ambos dijeron que el Obama Presidential Center tenía para ellos un valor personal y colectivo: lo situaron en el barrio donde transcurrieron momentos de su vida en común y explicaron que el proyecto buscó funcionar como un centro comunitario vivo, además de recoger la experiencia de la presidencia de Obama. También lo asociaron con una historia cívica y con una apuesta por los jóvenes.
Michelle Obama resumió ese arraigo con esta frase de la charla: “Cada centímetro de nuestra vida juntos, y de mi vida en general, ocurrió dentro de un radio de unos ocho kilómetros (cinco millas) de este lugar”. Barack Obama completó ese mapa personal al recordar que en esa zona estaban la casa donde ella creció, el lugar de la recepción de su boda, el hospital donde nacieron sus hijas y la primera vivienda de la pareja.
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El expresidente evocó además sus primeros años en la ciudad. “Buena parte de lo que es valioso para mí proviene de esta comunidad, de estos barrios, de la gente que vive aquí, que me acogió cuando en realidad no tenía por qué hacerlo”, afirmó.
Michelle Obama llevó esa idea a un plano más íntimo. “Cada parte de mí se construyó en esta zona”, dijo, antes de explicar que su esposo amplió su horizonte personal y profesional cuando ella todavía imaginaba una vida en Chicago.
El centro presidencial y su vínculo con el barrio
Al explicar el sentido del proyecto, Barack Obama marcó distancia de la idea de un recinto centrado solo en su paso por la presidencia. “Parte de lo que busca este centro, al querer asegurarnos de que también sea un centro comunitario, además de una exhibición de nuestra administración, es reconocer esa deuda”, sostuvo.
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Michelle trasladó esa idea a la experiencia cotidiana del vecindario. “No había nada como este centro en ningún lugar de este barrio cuando yo crecía”, afirmó. Recordó además que, de niña, muchos chicos como ella no sentían que los grandes espacios culturales de la ciudad estuvieran a su alcance.
Su reflexión apuntó al acceso y a la pertenencia. “La idea de que los chicos de la secundaria de enfrente van a tener este nuevo edificio justo frente al lugar donde estudian, y parques nuevos y acceso a arte en su propio patio trasero, es algo que no existió para mí”, señaló.
Barack explicó que esa mirada también definió el relato del centro. “Quiero que la gente entienda que fuimos apenas un capítulo de un trayecto más largo”, dijo, al enlazar la muestra con la Declaración de Independencia y con las luchas por los derechos civiles, el abolicionismo, el sufragio y el movimiento sindical.
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Para él, esa elección desplazó el foco de la figura individual hacia esa historia. “Cuando ves a toda la gente que ha estado involucrada en este proyecto, entiendes que este es un proyecto de grupo, no un proyecto individual”, afirmó.
La Casa Blanca como trabajo y vida familiar
En otro tramo de la conversación, ambos recordaron la Casa Blanca como lugar de trabajo y hogar familiar. Michelle Obama dijo que uno de los niveles que más la conmovía era el dedicado a la vida cotidiana en la residencia, porque allí reaparecían “la música, la alegría y la risa”.
Esa memoria, aclaró, no borraba la dureza de aquellos años. “El país todavía salía de una recesión profunda. La guerra seguía. Íbamos a Walter Reed y visitábamos a demasiados soldados heridos”, recordó. Añadió que por eso buscaron preservar en la residencia un equilibrio entre responsabilidad pública y vida compartida.
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Barack describió ese clima como una combinación de misión e integridad. “Había un espíritu alegre de entrar allí y dar la batalla, pero todos resistían y cuidaban unos de otros, y había un nivel de integridad”, dijo.
Michelle amplió esa idea al hablar del liderazgo. “No se trataba solo de la raza. También se trataba de la manera en que uno se presenta como líder, del carácter de nuestros líderes y de cómo usan sus plataformas”, afirmó.
El legado que proyectan para los jóvenes
Hacia el final, Barack Obama vinculó el centro con el trabajo de la fundación durante los últimos diez años. “Trabajar con jóvenes líderes en los últimos diez años, no solo aquí en Chicago o en Estados Unidos, sino en todo el mundo, es lo que más satisfacción me dio en estos años”, afirmó.
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Añadió que veía en esos programas una reserva de talento y criterio cívico. “Paso mucho tiempo con muchos tipos de personas, y especialmente con jóvenes, y son sólidos”, dijo, al plantear que las generaciones mayores debían dar espacio, acompañar y no ocupar siempre el centro de la escena.
Michelle Obama cerró esa mirada con una referencia a Malia Obama y Sasha Obama, y también a los niños más pequeños que todavía no participan en las decisiones públicas.