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Cómo es el plan de USD 550 millones con el que Kathy Hochul busca impulsar las producciones de Broadway

La gobernadora de Nueva York refuerza el incentivo y pone el foco en qué gastos califica y cuál es el tope previsto por cada espectáculo

Kathy Hochul amplió en USD 150 millones el programa de créditos fiscales para Broadway y llevó el fondo total a USD 550 millones

La gobernadora Kathy Hochul amplió en USD 150 millones el programa de créditos fiscales para producciones de Broadway, una decisión que llevó el fondo total a USD 550 millones y reabrió la discusión sobre si el estado de Nueva York debe seguir destinando dinero público a espectáculos que, en algunos casos, ya cerraron o tuvieron una taquilla débil.

Según New York Post, la iniciativa fue creada durante la pandemia de Covid-19 para sostener a la industria teatral ante el cierre de salas y la caída del turismo. Seis años después, el programa sigue activo y fue reforzado dentro del presupuesto estatal promovido por Hochul.

El esquema habilita que cada producción reciba créditos fiscales equivalentes al 25% de sus gastos elegibles, con un tope de hasta USD 3 millones por espectáculo. La administración estatal sostiene que las producciones incluidas en el plan generaron más de 31.000 contrataciones desde su puesta en marcha, un dato que utiliza como argumento para sostener la continuidad del beneficio.

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Cómo funciona el crédito fiscal y por qué volvió al centro del debate

El crédito fiscal de Nueva York cubre el 25% de los gastos elegibles de cada producción de Broadway y fija un tope de hasta USD 3 millones por espectáculo (Reuters)

La ampliación aprobada por el Ejecutivo estatal reactivó cuestionamientos sobre el alcance del programa y sobre el momento elegido para fortalecerlo. Para los críticos, la herramienta nació como una respuesta excepcional a una crisis sanitaria y turística, pero hoy opera como un mecanismo estable de apoyo público a inversiones privadas dentro de un sector que, sostienen, ya no requiere el mismo nivel de auxilio.

El debate incluye un punto técnico: el crédito fiscal se aplica sobre gastos elegibles y se expresa como un porcentaje, por lo que la magnitud del beneficio depende del tamaño del presupuesto de cada producción.

Sus detractores objetan que, bajo esas reglas, el Estado puede terminar aportando recursos relevantes incluso cuando el espectáculo ya no está en cartelera o cuando el desempeño comercial fue bajo.

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Esa dinámica alimenta la crítica más amplia: la decisión pública de sostener parte del riesgo financiero en una actividad que, en condiciones normales, se financia con capital privado. En ese planteo, el incentivo deja de ser una herramienta transitoria asociada a la emergencia y pasa a ser un componente permanente de la estructura de costos.

Títulos beneficiados y críticas por el alcance en obras de corta duración

Entre las producciones de Broadway beneficiadas por el programa figuran The Lion King, Wicked, Chicago, Aladdin y Harry Potter and the Cursed Child

Uno de los principales cuestionamientos apunta a que el beneficio no se limitó a montajes en crisis, sino que también alcanzó a producciones de alto perfil. Entre los títulos respaldados figuran The Lion King, Wicked, Chicago, Aladdin y Harry Potter and the Cursed Child, según reportes citados por grupos de vigilancia fiscal.

Para los detractores, la inclusión de éxitos consolidados expone un problema de foco: el programa no distingue entre proyectos que podrían necesitar un sostén coyuntural y obras con capacidad de sostenerse con ingresos propios.

Esa crítica se conecta con el argumento de fondo sobre la asignación de recursos públicos y los criterios para decidir qué producciones acceden al beneficio.

La polémica se intensificó por la participación de espectáculos que tuvieron una vida breve en cartelera. Citado por el medio NY Focus, el caso de KPOP sobresale porque permaneció solo dos semanas en escena, mientras que Tammy Faye cerró después de 29 funciones; ambas recibieron millones de dólares en créditos fiscales meses después de bajar el telón.

Esa secuencia se convirtió en un ejemplo recurrente entre quienes objetan el programa: el incentivo se materializa pese a que la temporada ya terminó, lo que, para esos sectores, acentúa la idea de que el contribuyente absorbe pérdidas o resultados comerciales adversos en un negocio privado.

En esa línea, John Kaehny, director ejecutivo de Reinvent Albany, expresó su rechazo con dureza. Sostuvo que los contribuyentes no deberían financiar inversiones privadas en Broadway y que no existe una justificación económica suficiente para mantener este tipo de subsidios.

La defensa oficial: empleo, gastos comprobables y competencia con otros estados

La administración de Kathy Hochul defiende el plan para Broadway con el argumento de que ya generó más de 31.000 contrataciones y ayuda a sostener el empleo y la competitividad de Nueva York (REUTERS/Brendan McDermid)

La administración Hochul rechaza esa lectura y sostiene que el crédito fiscal sigue siendo una herramienta para preservar empleo y sostener la competitividad de Nueva York frente a otros estados que también ofrecen incentivos para atraer producciones culturales y de entretenimiento.

Desde la oficina de la gobernadora señalan que el beneficio está atado a gastos reales y a contratación efectiva de trabajadores, y que por eso no lo presentan como una subvención directa, sino como un incentivo vinculado a actividad económica comprobable.

Bajo ese criterio, argumentan que el programa impacta en la contratación de personal asociado a la producción y en el movimiento de servicios que requiere cada montaje.

El argumento oficial agrega que, sin ese apoyo, algunas producciones podrían trasladar ensayos o parte de su desarrollo a otras jurisdicciones.

Según la administración estatal, ese cambio reduciría el impacto económico asociado a la actividad teatral sobre hoteles, restaurantes, comercios y servicios turísticos de la ciudad.

La organización The Broadway League, que representa a dueños de teatros, operadores y productores, respalda esa postura.

La entidad considera que el programa es esencial para sostener una actividad que concentra empleo y que atrae visitantes, y sostiene que los costos de producción siguen en aumento en un contexto de competencia creciente por captar espectáculos.

Los defensores del plan reconocen que Broadway recuperó gran parte del terreno perdido tras la pandemia, pero advierten que la industria todavía enfrenta cambios en los hábitos de consumo, mayores costos laborales y la competencia de otras formas de entretenimiento.

Para los aliados de Hochul, el dato de más de 31.000 contrataciones atribuidas al programa respalda su continuidad dentro del presupuesto estatal.

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