(Desde Washington, Estados Unidos) El fracaso de las negociaciones entre Estados Unidos e Irán que convocó Pakistan para lograr la paz en Medio Oriente, fuerza a Donald Trump a tomar dos caminos diferentes: reiniciar la guerra contra el régimen chiíta o abrir una nueva ronda de negociaciones para encontrar un consenso mínimo con Teherán.
Cuando encalló la negociación continua con Irán, el vicepresidente de los Estados Unidos, JD. Vance, dejó poco espacio para la vía diplomática.
“Fueron 21 horas de charlas y lamentablemente no hubo acuerdo. Nosotros somos flexibles, pero ellos no aceptan nuestras condiciones”, sostuvo Vance durante una conferencia de prensa que duró solo cuatro minutos.
La posición intransigente de irán repele una eventual vía diplomática para resolver la actual crisis en Medio Oriente.
Pero Trump enfrenta una situación compleja en su agenda doméstica: la guerra contra Irán no tiene consenso en Estados Unidos, los precios de la canasta familiar van hacia arriba por el conflicto en Medio Oriente, y la suma de estos dos hechos pueden complicar la elección de medio término para la administración republicana.
Entonces, a pesar del fracaso en Islamabad, Trump no descarta un nuevo round de negociaciones en Islamabad ante la resistencia interna a la guerra contra el régimen chiíta.
Desde esta perspectiva, la Casa Blanca volvería a explorar la intermediación de Pakistán, que tiene capacidad diplomática para influir en las opiniones de la Guardia Revolucionaria iraní y en el círculo más estrecho que asesora al presidente de China, Xi Jinping.
Si la mesa de negociación se vuelve a abrir en Pakistán, hay dos temas clave que traban un posible acuerdo de paz entre Washington y Teherán:
- El plan nuclear
- El estrecho de Ormuz
“El éxito de este proceso diplomático depende de la seriedad y la buena fe de la parte contraria, de abstenerse de excesivas demandas y peticiones ilegales, y de la aceptación de los derechos e intereses legítimos de Irán”, posteó Esmaeil Baqaei, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní, en X.
En caso de descartar la vía diplomática, Trump apelaría a la ofensiva militar que ya había diseñado para el martes pasado, cuando optó por un cese del fuego propuesta por Pakistán.
El presidente de Estados Unidos exige que Irán abra la navegación sin límites del estrecho de Ormuz, un paso marítimo clave para el abastecimiento de petróleo a Europa, Japón, China y Corea del Sur.
Si Ormuz se mantiene cerrado, el precio del barril de petróleo aumentará de manera exponencial, y ese incremento afectará a la economía global y a la canasta familiar de los Estados Unidos.
Con elecciones de medio término en noviembre, la oscilación de los precios domésticos se pagan en las urnas: Jimmy Carter perdió los comicios ante Ronald Reagan por el aumento de la gasolina durante la crisis con Irán en 1979.
Trump evalúa que un ataque furibundo sobre las instalaciones civiles de Irán puede lograr que finalmente el régimen chiíta abra Ormuz.
Sin embargo, la Guardia Revolucionaria ya ha señalado que el estrecho permanecerá cerrado para Estados Unidos y sus aliados, pese a los sucesivos ataques al territorio iraní.
En este contexto, la evolución del conflicto llevaría al líder republicano a definir un ataque frontal contra las fuerzas iraníes que controlan el estrecho.
Se trataría de una misión militar costosa y con final abierto.
Irán se apalancó sobre cinco islas que están ubicadas en el estrecho para asegurar su defensa militar. Esas islas son Tunb Menor, Tunb Mayor, Abu Musa, Larak y Qeshm, que cumplen distintas funciones tácticas para defender Ormuz de un eventual ataque ordenado por Trump.
Las cinco islas establecen un arco defensivo que se complementó con la instalación de minas ubicadas en el fondo del Estrecho.
Y a esta situación específica se debe sumar que Irán aún tiene suficiente capacidad aérea para atacar con misiles balísticos y drones a los países de la Liga Árabe que son socios de Estados Unidos en Medio Oriente.
Esos ataques selectivos a las instalaciones de petróleo y gas instaladas en Kuwait, Qatar, Arabia Saudita, Bahréin y los Emiratos Árabes Unidos impactarían en el precio del combustible a nivel global, una consecuencia de la guerra que tratan de evitar la Unión Europea, China y Japón, entre otros jugadores mundiales.
El fracaso de las negociaciones de Vance en Islamabad puso en una encrucijada geopolítica a Trump. Debe decidir si insiste con la vía diplomática como primera opción, o regresa a la guerra frontal contra Irán.
La tregua concluye el 21 de abril.