Aterrizar un avión en una pista formada completamente de hielo es una experiencia singular en el mundo de la aviación civil de Estados Unidos. La pista de hielo de Alton Bay (B18), ubicada en el extremo sur del lago Winnipesaukee, New Hampshire, destaca como la única de su tipo registrada ante la Administración Federal de Aviación (FAA) en los Estados Unidos continentales.
Cada invierno, cuando las condiciones lo permiten, trabajadores locales despejan una franja de casi 914 metros de largo por 30 metros de ancho sobre la superficie congelada del lago, habilitando un espacio donde los pilotos pueden vivir la emoción de un aterrizaje atípico y muy demandado. El acceso a esta pista es posible solo durante unas pocas semanas al año, dependiendo siempre de la robustez del hielo y el clima invernal, factores que condicionan estrictamente su operación.
Intentar aterrizar en B18 exige a los pilotos un conjunto de habilidades y precauciones distintas a las habituales. El principal desafío radica en la naturaleza resbaladiza del hielo: los frenos convencionales apenas funcionan, y la desaceleración debe lograrse principalmente gracias a la fricción limitada de las ruedas sobre la pista congelada. Un ejemplo reciente fue el de Larry Gurgainous, veterano de la Fuerza Aérea estadounidense, quien tras volar su Beechcraft Sierra desde Virginia, experimentó un aterrizaje tan suave que necesitó aumentar la potencia del motor para avanzar hasta el final de la pista. Los pilotos deben evitar aterrizar cerca de los bancos de nieve que flanquean la pista, ya que el más mínimo contacto puede provocar accidentes. En 2025, un avión se estrelló tras rozar un ventisquero, aunque sin causar heridos. A pesar de la tensión y la alerta que implica la maniobra, la experiencia resulta gratificante para quienes buscan nuevos retos en la aviación.
Esta singularidad ha convertido a la pista de hielo de Alton Bay en un punto de peregrinación para pilotos de todo Estados Unidos. En los últimos años, la popularidad de B18 se ha disparado, impulsada por la difusión en redes sociales y foros de aviación. El gerente del aeropuerto, Jason Leavitt, asegura que el boca a boca digital ha sido clave: los pilotos comparten videos y relatos de sus aterrizajes, despertando el interés de colegas desde estados tan lejanos como Texas, Florida y Georgia. Los registros muestran cifras sorprendentes: el año pasado se contabilizaron 764 aterrizajes, y en 2026 la pista ya había superado ese récord. En una sola jornada de febrero, 112 aeronaves aterrizaron en la pista, rebasando con creces la afluencia habitual de los fines de semana. Según David Shibley, copropietario de un restaurante con vista al lago, hay ocasiones en que B18 se convierte en el aeropuerto más concurrido de New Hampshire.
La historia de la pista se remonta al menos a la década de 1940, cuando el propietario de un hidroavión comenzó a ofrecer paseos aéreos en la zona. No fue hasta los años 60 cuando la pista de hielo empezó a consolidarse como atracción local, aunque durante décadas fue más bien una curiosidad para los vecinos y visitantes ocasionales. El auge actual representa un cambio radical: lo que antes era una rareza se ha transformado en un fenómeno viral y un desafío buscado por pilotos experimentados y novatos. Testimonios de veteranos como Paul Russo, quien vuela regularmente desde Concord, recuerdan épocas en las que la pista era mucho más estrecha y los espectadores se ubicaban peligrosamente cerca del umbral de aterrizaje.
El futuro de esta tradición, sin embargo, está amenazado por el cambio climático. Según datos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), las temperaturas invernales promedio en la región han aumentado más de 5 grados Fahrenheit entre 1970 y 2025. La capa de hielo necesaria para habilitar la pista, de 30 centímetros de espesor, se forma cada vez con mayor dificultad. En los inviernos de 2011, 2016, 2020, 2023 y 2024, la pista no logró operar por falta de condiciones seguras. Además, el deshielo del lago se produce ahora en promedio ocho días antes que en 1971, y los cuatro deshielos más tempranos se han registrado desde 2010. Esta tendencia deja en incertidumbre cuántos inviernos más podrán los pilotos disfrutar de la experiencia de B18, al igual que otras actividades invernales emblemáticas de la zona.
Para mantener la pista operativa, el esfuerzo es considerable. Tras cada nevada, equipos liderados por Leavitt y Paul LaRochelle, concejal de Alton y administrador de la pista desde 2009, limpian la franja de hielo con camiones, recorriendo más de 320 kilómetros sobre la superficie congelada para despejar pista, rodaje y estacionamiento. Solo se permite iniciar estas tareas cuando el hielo alcanza el grosor requerido, priorizando la seguridad de todos los involucrados. La colaboración estrecha entre voluntarios y autoridades ha logrado sostener la operatividad de la pista, al menos mientras la naturaleza lo permite.
El ambiente en torno a B18 es, además, un espectáculo para los visitantes. Cada temporada, cientos de personas se congregan alrededor de la pista para observar aterrizajes y despegues, incluso en temperaturas bajo cero. Familias, fotógrafos y aficionados a la aviación disfrutan del espectáculo, instalando sillas plegables y compartiendo comidas al aire libre. Durante los días de máxima actividad, el hielo se llena de vida, entre aviones, camionetas, motos de nieve y curiosos que celebran la persistencia de una tradición invernal que desafía el tiempo y el clima.