
Los subsuelos de ciudades como Chicago o París son ampliamente conocidos. Incluso el de remotos lugares ficticios como Hawkins, escenario de Stranger Things. No ocurre lo mismo con Madrid. Sin embargo, una red de galerías subterráneas bajo la M-30 permanece oculta para la mayoría de los madrileños y garantiza la seguridad de más de medio millón de vehículos que transitan, diariamente, por la principal vía de circunvalación de la capital. Eso sí, a diferencia de otras urbes, el acceso a estos túneles está reservado para personal especializado y servicios de emergencia, y su existencia solo se revela a través de códigos discretos en las paredes y de relatos de quienes trabajan bajo tierra.
Durante un recorrido guiado por José Antonio, operario de la infraestructura, el joven periodista Javi Hierro ha comprobado la magnitud del entramado subterráneo. A través de sus redes sociales, Hierro ha mostrado a sus seguidores los caminos de concreto que se esconden bajo el asfalto madrileño. El camino inicia en una puerta de acceso que conduce a la zona de ventilación, conocida como “la chimenea”, una estructura que alcanza sesenta y cinco metros de profundidad. Según describe en el vídeo, “en una semana, probablemente dos veces” recorre José Antonio el túnel, un trayecto que conoce de memoria.
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El ‘upside down’ de Madrid: 32,5 kilómetros y 206 salidas de emergencia
De acuerdo con The Objective, la M-30 suma 32,5 kilómetros de longitud y conecta el centro histórico de Madrid con las principales autovías de acceso. Bajo la calzada principal, una galería de emergencia corre paralela, diseñada como refugio seguro en caso de incidentes graves. Esta conexión permitiría, en una situación anómala, la evacuación colectiva y el paso exclusivo de ambulancias, bomberos y policía municipal cuando se requiriese intervención urgente. El ingeniero José Luis Muñoz, citado por ese mismo periódico, explica que “las indicaciones luminosas en forma de flechas guían a las personas hacia la galería, un túnel paralelo que se encuentra bajo el principal”.
El sistema de seguridad de la M-30 cuenta con 206 salidas de emergencia, 700 postes SOS, 2.500 bocas de incendios y 3.000 extintores distribuidos a lo largo de la vía, así como una red hidráulica y detectores de incendios que refuerzan la protección tanto en la superficie como en el subsuelo. Además, los túneles están equipados con puertas especiales cada 100 metros que pueden dividir el espacio, bloqueando humo y fuego en caso de incendio, según recoge El Confidencial.
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La ubicación con códigos alfanuméricos es la única manera de no perderse
La localización exacta dentro de la galería resulta esencial ante cualquier emergencia. José Antonio indica que “la referencia que tendrías que dar: XT-92”, en alusión a los códigos alfanuméricos pintados en las paredes del túnel. Estos códigos, cuyo significado solo conocen los equipos de emergencia y mantenimiento, permiten ubicar con precisión cualquier incidencia entre los 13.000 eventos anuales que se registran, la mayoría de carácter leve, conforme a datos publicados por The Objective.
El centro de control de Madrid Calle 30, situado en Méndez Álvaro, supervisa en tiempo real las incidencias mediante más de 1.600 cámaras y sensores conectados a un sistema digital. Según información de El Confidencial, el personal puede reaccionar en menos de seis minutos y cerrar o abrir los túneles en segundos si la situación lo requiere. El diseño de la galería garantiza la evacuación y el soporte vital en caso de accidente grave, mientras que las zonas presurizadas y la ventilación aseguran la habitabilidad bajo condiciones extremas.
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La infraestructura subterránea de la M-30 se extiende por varios kilómetros, con cada tubo alcanzando tres kilómetros y medio. El entorno, reservado y silencioso, ha servido de escenario para grabaciones cinematográficas, aunque la mayoría permanecen sin divulgarse. A pesar de la magnitud del tráfico, José Antonio destaca que en dieciocho años de servicio no ha presenciado emergencias graves y afirma que “normalmente, esto es un desierto”.
El recorrido por la galería que muestra Hierro en sus perfiles de redes sociales culmina con el ascenso hacia la superficie, una parte que exige esfuerzo físico para los trabajadores del subsuelo. La experiencia documentada revela una infraestructura monumental, oculta a simple vista, que sostiene la seguridad y movilidad de la ciudad sin entorpecer la movilidad en su superficie.
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