La reflexión de Miguel de Cervantes en ‘Don Quijote’ para conocer más mundo: “Quien lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho”

Una cita nacida en el capítulo XXV de la obra sigue vigente más de cuatro siglos después

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Miguel de Cervantes

Hablar de Miguel de Cervantes es adentrarse en uno de los escritores y pensadores más prolíficos de nuestra literatura. También de la universal. Novelista, poeta, soldado y dramaturgo, el autor de Don Quijote de la Mancha, publicada en dos partes en 1605 y 1615, es uno de los libros más editados y traducidos de la historia, solo superado por la Biblia.

Si pensamos en Cervantes y, por consiguiente, en su obra cumbre, es fácil que acuda a la memoria el célebre inicio: “En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme...”. Sin embargo, más allá de ese arranque universal, la novela está llena de reflexiones que siguen vigentes más de cuatro siglos después. Entre ellas, esta: “Quien lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho”.

La cita aparece en el capítulo XXV, en una escena protagonizada por Maese Pedro, un titiritero que recorre los caminos con un retablo y un supuesto mono adivino. El personaje aparece por primera vez como galeote tres capítulos antes, cuando es liberado por Don Quijote.

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Tras presenciar una demostración que roza lo fantástico, el protagonista de la obra pronuncia la frase como una forma de reafirmar su experiencia en el mundo y su capacidad de juicio, para posteriormente añadir: “¿Qué persuasión fuera bastante para persuadirme que hay monos en el mundo que adivinen, como lo he visto ahora por mis propios ojos?”, completaba el hidalgo.

Las aventuras de Don Quijote, vigentes más de cuatrocientos años después

Más allá de la novela, esta cita ha trascendido como refrán. El propio Instituto Cervantes la recoge en su refranero multilingüe como una paremia que resume que el aprendizaje se consolida cuando se combinan la lectura y la experiencia. En su definición, subraya que “es sólida la instrucción adquirida con la lectura y los viajes”.

Miguel de Cervantes, el célebre escritor español, es retratado en su celda, sumido en la meditación mientras concibe a sus inmortales personajes, Don Quijote de la Mancha y Sancho Panza.

Para entender el alcance de esta reflexión conviene detenerse en la figura de Miguel de Cervantes. Nacido en Alcalá de Henares en 1547 y fallecido en Madrid en 1616, está considerado una de las voces más influyentes de la literatura española y universal. Autor de la obra considerada la primera novela moderna, Cervantes no solo retrató su tiempo, sino que sentó las bases de una nueva forma de narrar que sigue vigente siglos después.

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Sin embargo, el literato fue desterrado y se marchó a Italia, donde sirvió a un cardenal. Allí se formó en la marina y participó en la Batalla de Lepanto, donde resultó herido de la mano izquierda, valiéndole el apodo de El manco de Lepanto. Años más tarde fue capturado por piratas berberiscos y permaneció cinco años cautivo en Argel hasta su rescate. Pese a las dificultades, nunca abandonó la escritura. En 1605 publicó la primera parte del Quijote, a la que seguiría una segunda en 1615, consolidando un éxito que incluso tuvo que competir con imitaciones. A esta obra se suman títulos como Novelas ejemplares o Los trabajos de Persiles y Sigismunda, que reflejan su ironía, su mirada crítica y su profunda comprensión de la condición humana.

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