Hace un tiempo, no demasiados años, Internet era sinónimo de ilusión para todos los que empezaban a adentrarse en el mundo digital. La era digital llegaba con la promesa de acabar con los intermediarios, de conectar directamente a personas de todo el mundo con información fiable, de crear sin permiso y ser premiado si tus ideas eran útiles para el resto.
Sin embargo, algo ha pasado con Internet. Algo que, en Mierdificación (Capitán Swing), el nuevo libro del prestigioso escritor de ciencia ficción y activista tecnológico Cory Doctorow, tiene mucho que ver con las grandes plataformas digitales. Meta, X, Amazon, TikTok, Apple... Todas ellas, advierte el autor, han “degradado sus servicios hasta el límite para maximizar sus beneficios”.
Así, en este ensayo, que tanto ruido provocó incluso antes de su publicación en Estados Unidos, Doctorow señala cómo esta mierdificación (palabra del año en 2023 para la American Dialect Society) de Internet “no es un accidente”, sino justo lo contrario: “Una estrategia deliberada que explica por qué el mundo digital empeora día a día”.
Ensayo y error
Érase una vez el mercado. Un lugar similar al de aquel famoso fondo de pantalla del Windows XP, en el que las grandes empresas tecnológicas crecieron sostenidamente durante años gracias a sus elevadas valoraciones en Wall Street. Sin embargo, todo cambió cuando el mercado se saturó, y como señala Doctorow, estas compañías, que hasta ahora habían ofrecido todos sus servicios de una forma casi altruista para cuantos más usuarios, mejor, “tuvieron que crecer encontrando formas de sacar más dinero de quienes ya usaban el servicio”.
La mierdificación, claro está, había empezado mucho antes. “El mejor modo de retener usuarios es asegurarse de que no haya adónde ir”, resume el autor, que pone como ejemplo el caso de Google, buscador que “extinguió a todos los motores de búsqueda rivales”, al mismo tiempo que Facebook compraba Instagram y WhatsApp para neutralizar cualquier fuga en cuanto sus políticas cambiaran.
Una vez hecho esto, solo faltaba encontrar la mejor forma de extraer más beneficios a los usuarios: desde una mayor cantidad de publicidad a la creación de secciones premium, pasando, cómo no, por la gestión de los datos. “Todos prueban métodos para exprimir lo máximo posible, y cuando uno encuentra una nueva vía, el resto de plataformas la copian”.
X, la plataforma “zombi”
En Mierdificación, parece que Doctorow se guarda su particular bala de plata para X (antes Twitter), una red social en la que la presión financiera acabó por acelerar el deterioro de sus servicios. Subraya que Elon Musk tuvo que actuar con rapidez y “más rudeza contra sus usuarios” debido a la deuda que asumió al comprar la plataforma. “No creo que Musk sea bueno en eso de dar un paso atrás cuando los usuarios protestan, como hacía Mark Zuckerberg. Es impaciente y no le gusta recular”.
Así, para el escritor X es una “plataforma zombi”. Su utilidad ha caído de forma constante, pero los usuarios, especialmente profesionales como periodistas y artistas, siguen atados por sus redes y audiencias de las que, en muchos casos, dependen. “Hay una especie de toma de rehenes mutua. Aunque nadie esté satisfecho, todos siguen ahí, como muertos vivientes”.
Los “centauros inversos” de Amazon
La estrategia de las plataformas va más allá de la experiencia de los usuarios y, argumenta Doctorow, afecta también de forma directa a los pequeños y medianos negocios. Eso, a pesar de que muchas redes sociales se autolegitiman asegurándose “fundamentales” para que esas empresas lleguen a su público, a pesar de que cada vez sus cobros a estas son mayores y la segmentación de la publicidad que ofrecen es “cada vez menos precisa”.
En este ámbito, también entrarían las llamadas tarifas basura de Amazon: costes adicionales y ocultos que impone a los vendedores (cuando no a los consumidores) por promocionar los productos y que sean los primeros en aparecer en la web, o por simplemente almacenarlos o empaquetarlos, haciendo que las empresas tengan que subir el precio para el comprador... que ya solo compra ese tipo de productos online. “El coste de las comisiones y tarifas basura pasó del 45-51% al 50-60%, y este año proyectan que el valor de ese negocio superará los 80 mil millones de dólares. Es el triple de los ingresos brutos de todos los periódicos del mundo juntos”.
En Mierdificación, se habla también de los centauros inversos que Amazon emplea para maximizar sus beneficios. “Un centauro sería quien usa una máquina para mejorar la calidad de su trabajo. Un centauro inverso es quien ha sido reclutado para ayudar a la máquina a aumentar la cantidad de trabajo, lo que le lleva al límite de la resistencia humana”. Un ejemplo claro estaría en los repartidores de la empresa de Jeff Bezos: “La máquina decide cuánto tienes que entregar, dónde ir y cuándo. Si no cumples la cuota, tu remuneración baja un 50%. Y la máquina se equivoca, pero no puedes discutirle”.
Una encrucijada ante la ley
Ante todo este panorama, cabría preguntarse por qué los gobiernos y demás organismos reguladores no han intervenido en esta tendencia. En el caso de la Unión Europea, Doctorow analiza cómo durante años su posición ha sido la de “hacer que las plataformas sean mejores, no menos poderosas”. Un enfoque que, a la larga, ha acabado por reforzar su dominio: “El problema de ordenar a las plataformas que sean mejores es que exige que sean, precisamente, más poderosas, porque deben espiar a sus usuarios y bloquearles ciertas acciones”.
Algunos intentos de regulación más recientes, como la Ley de Mercados Digitales y la Ley de Servicios Digitales, han tratado de revertir esa situación, obligando a los sistemas de las tecnológicas a la interoperabilidad. Sin embargo, las grandes tecnológicas desafían abiertamente estas normas, apoyadas entre otros agentes por el gobierno de Estados Unidos, el cual presionó para que se firmara una directiva que “prohíbe a empresas europeas modificar tecnología americana sin permiso”, al mismo tiempo que ha dejado claro que “cualquier intento de regular a las empresas estadounidenses se encontrará con una severa represalia”.
“El problema es que ahora son tan poderosas que es muy difícil lograr que escuchen las regulaciones, y hay países como Irlanda que directamente no quieren enfrentarse a las empresas porque temen que se muden a otro paraíso fiscal”, lamenta Doctorow, que también ve algunas estrategias que permitirían a la UE salir de esta. “Europa podría cambiar esto si decide que Apple no pueda usar sus tribunales para frenar a quienes arreglan los defectos de sus productos”.
¿Y el futuro?
De cara al futuro, Doctorow vislumbra una nueva fase a la que llama “mierdificación del inversor”, en la que las tecnológicas, tras agotar las vías para exprimir a usuarios y empresas, “empiezan a estafar a sus propios inversores”. La idea se la dio su amigo Ed Zitron, otra de las grandes voces críticas contra el monopolio de las grandes plataformas digitales. Zitron señaló cómo, en la actualidad, las empresas de inteligencia artificial “mienten descaradamente sobre cómo planean ganar dinero y cómo operan sus negocios” para defraudar a sus inversores.
Esta idea ha sido, según Doctorow, muy bien acogida por el resto de grandes compañías, quienes ven en los pequeños inversores, aquellos que “no tienen ninguna palanca que accionar una vez que les han robado”, sus nuevas víctimas perfectas. Estos, al contrario que los grandes fondos de capital de riesgo, que entraron pronto al negocio y estuvieron en la salida a bolsa, llegaron más tarde, compensando esa inversión inicial y metiéndose, sin darse cuenta, en una trampa de la que puede resultar difícil salir.
A pesar de todo, Doctorow no niega la posibilidad de que existan redes sociales éticas. Se trata de espacios digitales que, pese a su dimensión global, “no cuestan mucho dinero mantener”. El problema radica, más bien, en lo difícil que resulta “irse” de las que ya existen, “porque las personas que te importan ya están en las plataformas antiguas”. De nuevo, la respuesta necesaria estaría en el ámbito legal: una ley que permitiera crear puentes entre servicios rivales.
A pesar del panorama sombrío que describe, Cory Doctorow se mantiene esperanzado. En esta postura, mucho tiene que ver su faceta de escritor. “La ciencia ficción parte de la creencia de que nada en el uso de la tecnología es inevitable”, afirma. “Lo importante no es lo que hace un dispositivo, sino para quién lo hace y a quién se lo hace. Esta situación no es fruto del azar, sino de decisiones políticas concretas que premiaron ser lo más dañino posible. Es una visión muy propia de la ciencia ficción: pensar que el uso de la tecnología es contingente y, por lo tanto, transformable“.