Vídeo Instan, el videoclub decano que resiste como un refugio cultural en Barcelona

Guardar

Érica Roura Carreras

Barcelona, 2 abr (EFE).- El Videoclub Cine Instan, abierto en 1980 en Barcelona y que es el más antiguo de España aún en marcha, resiste al cierre de locales históricos gracias a su reinvención como espacio cultural, que combina alquiler de películas, sala de cine privada y cafetería.

El establecimiento, ubicado en la calle Viladomat de Barcelona, se ha convertido en el decano de España tras el reciente cierre del Videoclub Consolación de Utrera

En una entrevista con EFE, su propietaria Aurora Depares explica cómo este negocio familiar ha logrado sobrevivir a la irrupción de internet, la piratería y las plataformas digitales.

El establecimiento conserva un catálogo de más de 47.000 películas, muchas de ellas difíciles de encontrar en las plataformas, lo que lo ha consolidado como un "archivo cinematográfico" para cinéfilos.

Nada más cruzar la puerta, el espacio se presenta como un viaje en el tiempo, con estanterías repletas de películas que se elevan desde el suelo hasta el techo y pasillos donde perderse entre carátulas y formatos.

Entre VHS, DVD, Blu-ray y ediciones especiales conviven estrenos recientes, lo que rompe la idea de un archivo anclado en el pasado y mantiene un "catálogo vivo" con novedades como 'One Battle After Another', la triunfadora en los Premios Oscar 2026.

No obstante, algunos de los títulos más alquilados siguen siendo clásicos como 'Star Wars', 'E.T.' o 'Mamma Mia!'.

Depares recuerda que el videoclub nació en los años 80, cuando su padre detectó el interés creciente por ver cine en casa, en plena expansión del VHS, y apostó por un modelo que pronto se convirtió en fenómeno social.

"Había colas en la calle para entrar, para alquilar las novedades o devolver películas", afirma la propietaria.

Durante las décadas de los 80 y 90, los videoclubs se convirtieron en espacios habituales en todos los barrios, donde no solo se alquilaban películas, sino que también "se generaba comunidad".

 El cambio de tendencia llegó a partir de 2008 con las descargas ilegales, que obligaron a competir con el "precio cero".

"Después llegaron también las plataformas legales, pero para entonces ya estaba todo muy destruido porque la gente se había acostumbrado a consumir cine sin salir de casa", explica Depares a EFE.

Este proceso provocó el cierre progresivo de miles de videoclubs en España, que pasaron de unos 7.000 en 2005 a apenas unos cientos en la última década, según Anemsevi.

En las últimas dos décadas han seguido los cierres; el más reciente, el del Videoclub Consolación de Utrera, el último que quedaba en la provincia de Sevilla.

En este contexto, el Vídeo Instan de Barcelona ha resistido gracias a su capacidad de adaptación, con un modelo actual de negocio que combina tres líneas de actividad.

Por un lado, el videoclub mantiene el alquiler de su catálogo de 47.000 títulos con fórmulas como una tarifa plana mensual que ronda los 10 euros y permite a 250 socios acceder sin límite a novedades y archivo, una oferta que, según la propietaria, resulta incluso más competitiva que muchas plataformas.

A ello se suma una sala de cine privada de 30 butacas, que se alquila para pases privados, estrenos, eventos o celebraciones y que se ha convertido en la principal fuente de ingresos del negocio.

El espacio se completa con una cafetería que actúa como "punto de encuentro del barrio donde prolongar la experiencia más allá del visionado de películas".

El perfil de clientes combina los 250 socios habituales con familias y visitantes esporádicos, aunque la presencia de jóvenes sigue siendo limitada.

"Es un tema de desconocimiento", opina Depares, que considera que las nuevas generaciones no han crecido con el hábito de acudir físicamente a un videoclub para elegir una película o compartir recomendaciones, por lo que cree que, si conocieran esta experiencia, podrían incorporarla como una "alternativa de ocio cultural". EFE

(foto) (vídeo)