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España concentra el 44% de la superficie quemada total de la Unión Europea en 2026, el año que se propagó el incendio más grande y destructivo

El informe de Zero Carbon Analytics sitúa a España como el país más afectado del continente con 301.106 hectáreas arrasadas; por delante de las 114.165 hectáreas quemadas de Italia y las 97.971 hectáreas de Francia

Trabajos de extinción del incendio en el paraje Raboconejo de Niebla, Huelva. (Europa Press)

La última temporada de incendios ha dejado una imagen devastadora en la Unión Europea. Y es que 2026 se ha convertido en el tercer peor año en superficie quemada desde que existen registros. Hasta finales de 2026, el fuego ha calcinado unas 680.000 hectáreas, según ha confirmado el último informe de Zero Carbon Analytics.

En parte, esto ha sido a consecuencia del asolador escenario español: 301.106 hectáreas arrasadas por las llamas, lo que se traduce en el 44% del total europeo. Esta cifra ha sido 3,4 veces el promedio anual. El momento más alarmante tuvo lugar en julio, cuando España superó en un 21% su anterior récord de superficie quemada en ese mes (fijado en 2022) y acumuló, junto a Francia, cerca del 70% de todo el terreno calcinado en la UE durante ese periodo.

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Recordemos que, entre las emergencias más graves de este verano, el incendio de Ávila destruyó 44.000 hectáreas y se convirtió en el fuego más grande y destructivo registrado en la historia del país. Del total de la superficie arrasada (39.308 hectáreas), eran tierras de cultivo, como terrenos arables, pastos, olivares, viñedos y frutales, lo que supuso un gran golpe para la agricultura de la zona. Su magnitud obligó además a declarar el estado de emergencia en Ávila y Madrid y a evacuar a 80.000 personas.

La Unidad Militar de Emergencias (UME) trabaja en puntos de Robledo de Chavela, Cebreros, Casavieja o Mijares para frenar el avance de los incendios. (UME)

Este comportamiento extremo se conoce como latigazo hidroclimático (hydroclimate whiplash). Meses previos a este gran incendio, España registró un enero excepcionalmente húmedo —el más lluvioso en 25 años— que incentivó un crecimiento masivo de vegetación, seguido por una sequía severa y olas de calor estivales que secaron velozmente la materia. Estas condiciones, que se repetirán cada vez más frecuentemente debido al cambio climático, serán 20 veces más probables.

Estragos históricos también en Italia y Francia

Aunque los países mediterráneos agrupan el 94% del área calcinada en la UE, el informe de ZCA advierte de que la crisis se ha extendido hacia latitudes habitualmente menos expuestas. El tercer país más afectado ha sido Francia, que ha registrado su peor temporada de incendios en toda su historia con 97.971 hectáreas quemadas (6,9 veces su promedio histórico y un 50% más que en su año récord previo de 2022). Casi la mitad de esa superficie se perdió en el incendio de Gironda, cerca de Burdeos, que arrasó 40.000 hectáreas y evacuó a 220.000 personas entre residentes y turistas.

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Vista de un incendio forestal que se extiende por la sierra de Burgohondo, en Ávila, España, el 23 de julio de 2026. (REUTERS/Ana Beltran)

Italia, por su parte, se posiciona como el segundo lugar en superficie total calcinada con 114.165 hectáreas (16,6% del total de la UE). No obstante, el país encabeza la lista de destrucción en el sector primario al haber perdido 49.028 hectáreas de tierras agrícolas (43,1%).

El cambio climático también ha dejado estragos en el centro y norte del continente. Algunos países que habitualmente están menos expuestos a grandes incendios han sufrido igualmente consecuencias catastróficas. Eslovaquia registró una superficie quemada 25 veces superior a su promedio histórico; Bélgica multiplicó su media por 12; los Países Bajos por 6; y países como Alemania, Polonia y Austria calcinaron entre 3 y 4 veces más terreno de lo habitual.

Los gastos son inasumibles

La intensidad de los incendios y la simultaneidad de las emergencias por los fuegos han puesto a prueba los límites operativos de los equipos en toda Europa. Y es que tan solo en el mes de julio ardieron 353.000 hectáreas en el continente. De hecho, durante un día típico de ese mes, los incendios destruyeron unas 5.615 hectáreas al día (alrededor de 6 veces más que la media de julio entre 2009 y 2025), desbordando la capacidad de respuesta municipal y comunitaria.

Miembros de la UME en la urbanización El Romillo del municipio toledano de Almorox. (EFE/Ismael Herrero)

Pero esta situación también causó efectos graves en el ámbito económico. Según las estimaciones de AccuWeather, la última temporada de 2026 ha dejado pérdidas valoradas en 19.100 millones de euros, superando ampliamente el promedio de 2.500 millones de euros anuales calculado por la Comisión Europea. Sin mencionar que el coste de restauración del suelo quemado en los cinco estados más afectados superó los 3.000 millones de euros solo durante los dos primeros meses del verano.

El panorama empeora cuando miramos a un nivel particular, pues el mercado español y francés excluyen la indemnización por catástrofes naturales del esquema público. Esto significa que la mayor parte de las pérdidas recae directamente sobre el sector privado o debe ser absorbida por las economías domésticas y las empresas no aseguradas.

La prevención ya no es suficiente para evitar la intensidad de los incendios

Esta desconsolada situación, como subraya el informe de ZCA, ya no se puede controlar con una mera prevención. Los expertos advierten que el futuro de los incendios en el continente europeo está escrito. En un escenario donde el calentamiento global se contenga en los 1,8 °C, la superficie quemada anual en Europa aumentará un 40% para finales del siglo. Sin embargo, si las emisiones continúan elevadas y el calentamiento alcanza los 3,6 °C (escenario SSP3-7.0), la superficie calcinada cada año casi se triplicará.

Imágenes de la zona afectada por el incendio de Los Gallardos, Almería, a 12 de julio de 2026. (Francisco J. Olmo / Europa Press)

Si bien la gestión paisajística e inteligente del fuego permite mitigar riesgos a nivel local, el análisis de Zero Carbon Analytics remarca que “puede ayudar a reducir el riesgo local, pero no puede sustituir a las reducciones profundas y urgentes de las emisiones de combustibles fósiles”. Bajo escenarios de altas emisiones, la superficie quemada anual aumentará en el 55% del territorio europeo, aun cuando se mantengan o incrementen las inversiones actuales en gestión e infraestructura de extinción.

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