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La Ley de Bienestar Animal es clara: no puedes dejar a tu perro dentro del coche, excepto en esta circunstancia

La sanción depende del tiempo de espera, el calor y el estado del animal

Un perro mirando por la ventana del coche. (Magnific)

Dejar a un perro dentro de un coche aparcado puede parecer una decisión de pocos minutos, pero las condiciones del habitáculo cambian con rapidez y pueden comprometer la salud del animal. El calor, la falta de ventilación y el tiempo de espera son factores que las autoridades pueden tener en cuenta ante una denuncia o una intervención.

La Ley de Protección de los Derechos y el Bienestar de los Animales no establece una prohibición absoluta de que un perro permanezca solo en un vehículo. La norma sí veta mantenerlo en un coche cerrado cuando quede expuesto a temperaturas u otras condiciones que impliquen un peligro para su vida, su integridad o su bienestar.

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Por tanto, la presencia de una mascota en el interior de un vehículo no conlleva por sí misma una multa. La clave está en las circunstancias concretas y en si el propietario ha garantizado que el animal permanezca en condiciones seguras durante su ausencia.

El riesgo dentro del coche

Un coche estacionado puede convertirse en un espacio peligroso en poco tiempo, incluso cuando no está a pleno sol. Abrir parcialmente las ventanillas no asegura que la temperatura se mantenga en niveles adecuados, sobre todo durante los meses de verano o en episodios de altas temperaturas.

La ley obliga a evitar escenarios que provoquen sufrimiento, incomodidad, estrés o un riesgo para el animal. En ese análisis influyen el calor o el frío dentro del vehículo, la duración de la ausencia, la ventilación disponible, la posibilidad de que el perro tenga agua y el estado en el que sea localizado.

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Un perro viajando en coche (DGT)

También resulta relevante si el animal necesita atención veterinaria tras permanecer en el coche. Un perro con signos de deshidratación, agotamiento, dificultad respiratoria o lesiones puede agravar la valoración de los hechos y la eventual sanción.

La excepción, por tanto, solo sería posible si el responsable puede asegurar una temperatura y una ventilación adecuadas, además de unas condiciones que no expongan al animal a ningún riesgo. No basta con que el conductor considere que regresará pronto: debe poder garantizar que el perro estará protegido durante todo ese intervalo.

Multas de hasta 200.000 euros

El régimen sancionador depende de las consecuencias para el animal y del nivel de riesgo al que haya quedado expuesto. Las infracciones leves pueden acarrear multas de hasta 10.000 euros, cuando el perro ha permanecido en una situación inadecuada sin que se acrediten daños físicos graves.

Si las condiciones dentro del vehículo han supuesto un peligro relevante para su integridad, la conducta puede considerarse grave y la sanción puede elevarse hasta 50.000 euros.

Un perro viaja en coche. (Canva)

La cuantía máxima se reserva para los casos en que el animal sufra lesiones muy graves o fallezca. En esas situaciones, la multa puede situarse entre 50.000 y 200.000 euros, de acuerdo con la clasificación prevista por la normativa de bienestar animal.

El objetivo de la ley no se limita a castigar la muerte o las lesiones. También contempla situaciones en las que el animal haya padecido estrés, incomodidad o un riesgo evitable a causa de las condiciones en las que quedó dentro del vehículo.

El perro no puede viajar suelto

Las obligaciones del propietario no comienzan al estacionar. Durante la conducción, el perro no debe viajar suelto en el habitáculo, ya que puede interferir con el conductor o sufrir lesiones ante una frenada brusca, una maniobra repentina o un accidente.

Para los perros pequeños, el transportín suele ser una de las opciones más seguras. Debe colocarse de forma estable, preferiblemente en el suelo detrás de los asientos delanteros cuando su tamaño lo permita.

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En el caso de animales de mayor tamaño, pueden utilizarse arneses de seguridad sujetos al cinturón o sistemas de separación entre el maletero y el resto del vehículo. Las rejillas divisorias deben impedir que el perro invada la zona de los pasajeros, aunque conviene complementarlas con un sistema de sujeción que reduzca los desplazamientos.

La norma exige que el traslado se realice sin comprometer la seguridad de los ocupantes ni la del propio animal. Esa responsabilidad se mantiene tanto durante el viaje como en cualquier parada.

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