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Un auxiliar veterinario es inhabilitado tras descubrirse que se inyectaba a sí mismo anestesia para perros: lo encontraron inconsciente y semidesnudo

El sanitario ya había sido pillado drogándose en su propio vehículo en el aparcamiento de la veterinaria

Una enfermera prepara una jeringuilla, imagen de archivo. (Efe)

Tirado en el suelo del baño, inconsciente, en posición fetal y con los pantalones por los tobillos. Así encontraron sus compañeros al auxiliar veterinario Robert Drummond tras inyectarse una dosis de anestésico para perros en mitad de su turno laboral. El insólito hallazgo en una clínica de Irvine (Escocia) ha terminado con la expulsión definitiva del sanitario, inhabilitado tras probarse que robaba y se administraba fármacos del propio centro.

Aquel suceso, registrado en septiembre de 2023 en las instalaciones de Collier and Brock Vets, obligó a llamar a toda prisa a los servicios de emergencias. Drummond no respondía a las llamadas de sus compañeros, tenía el cuerpo rígido y estaba sin conocimiento en el suelo del aseo. Cuando comenzó a reaccionar lentamente e intentó reincorporarse para subirse la ropa interior y el pijama quirúrgico, el personal del centro advirtió bajo su cuerpo la presencia de una jeringa con restos de sangre.

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Las investigaciones posteriores confirmaron que el auxiliar se había inyectado una dosis de Alfaxan, un potente anestésico general de tipo esteroide neuroactivo empleado de manera habitual en el tratamiento de mascotas. Drummond, que ejercía como enfermero veterinario registrado desde el año 2017 y trabajaba como personal sustituto en el centro escocés, decidió abandonar su puesto de trabajo de manera inmediata tras el incidente.

Perro en el veterinario. (Magnific)

Pillado con la jeringa clavada en la mano

Las sospechas sobre el comportamiento del auxiliar venían de semanas atrás. En agosto de ese mismo año, dos personas observaron a Drummond en el interior de su vehículo privado en el aparcamiento exterior del recinto. El sanitario se hallaba desplomado sobre el asiento del conductor, con la cabeza colgando hacia adelante, los ojos cerrados y sosteniendo una jeringa con la que se pinchaba directamente entre el dedo pulgar y el índice de la mano izquierda.

Ante la escena, una de las mujeres decidió acercarse a la ventanilla para comprobar si el hombre necesitaba ayuda médica. Drummond, sin embargo, restó trascendencia al asunto con una respuesta que quedó registrada en el informe posterior: “No, solo estoy durmiendo un poco, estoy bien”, según reveló el diario británico The Independent. Las dos testigos acudieron de inmediato a la recepción del centro para alertar del comportamiento del trabajador.

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Durante el proceso disciplinario abierto por el Real Colegio de Cirujanos Veterinarios (RCVS), Drummond admitió haber sustraído de la clínica tanto Alfaxan como Lidocaína. Pese a reconocer las sustracciones, negó rotundamente haberse inyectado este último fármaco para buscar un estado de alteración o euforia, asegurando ante el comité sancionador que la jeringa hallada en su coche contenía anestésico local destinado al corte de uñas en perros.

Un veterinario revisa a un perro en la consulta. (Imagen Ilustrativa Infobae)

En el transcurso de las audiencias, un compañero de la clínica quiso romper una lanza en favor de sus aptitudes profesionales antes de que se produjeran los hechos: “[Drummond] es un auxiliar veterinario excepcionalmente capaz y dedicado, uno de los mejores enfermeros con los que he trabajado. Demuestra de manera constante empatía hacia nuestros pacientes, un buen criterio clínico y una gran atención al detalle en sus labores de enfermería”.

Pese a estas alegaciones y los elogios a su trayectoria, el tribunal disciplinario no dudó en aplicar el castigo más severo. La institución consideró que la conducta de Drummond atenta directamente contra los principios éticos de la profesión. Al decretar su expulsión definitiva, el presidente del comité recalcó que el público necesita confiar plenamente en la honestidad de quienes se dedican al cuidado animal.

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