Los jóvenes ya no sueñan con trabajar en Google, prefieren ser funcionarios y priorizan la estabilidad laboral

La seguridad, la remuneración y el desarrollo profesional marcan las expectativas de la Generación Z, lo que obliga a las empresas a revisar las fórmulas tradicionales de selección y fidelización de los empleados

Funcionarios de la Agencia Tributaria trabajando en sus oficinas. (Europa Press)
Funcionarios de la Agencia Tributaria trabajando en sus oficinas. (Europa Press)
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Tener un sueldo competitivo ya no basta para convencer a los jóvenes de que se queden en una empresa. La estabilidad, el ambiente laboral, la relación con los superiores y la posibilidad de decidir sobre la propia carrera pesan cada vez más en una generación que no comparte una única idea de lo que significa tener un buen empleo. Para las compañías, el desafío ya no consiste únicamente en ofrecer mejores condiciones, sino en entender qué espera cada trabajador de su vida profesional.

Esta es una de las principales conclusiones de la segunda edición de Pulso Jóvenes y Trabajo 2026, el estudio elaborado por la consultora generacional Mazinn y el observatorio independiente Future for Work Institute. La investigación, basada en las respuestas de 795 personas de entre 18 y 30 años, dibuja un mercado laboral en el que las expectativas cambian según la experiencia, las prioridades personales y la manera de entender el trabajo.

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Aunque más de la mitad de los participantes señala un salario justo y competitivo como su principal demanda, el dinero no explica por sí solo las decisiones laborales de la Generación Z. La estabilidad ocupa el segundo lugar, con un 48% de las respuestas, mientras que un 38% destaca la importancia de mantener una buena relación con sus compañeros. El resultado cuestiona la idea de que exista una fórmula universal para atraer y retener a los profesionales más jóvenes.

Entre la dedicación y la retribución

El informe detecta, además, una transformación significativa a medida que los trabajadores acumulan experiencia. Al comenzar su trayectoria, un 31% espera desarrollar una carrera estrechamente relacionada con sus estudios. Sin embargo, esa proporción cae hasta el 12% entre quienes superan los tres años de experiencia laboral.

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Lo que le costó comprar una casa en Madrid a la generación X y lo que pagan los ‘millennials’ o los Z: el precio de la vivienda crece hasta un 46% en una década.

El cambio apunta a una adaptación de las expectativas a la realidad del mercado. Con el paso del tiempo, algunos jóvenes dejan de considerar imprescindible trabajar en aquello para lo que se formaron y conceden más importancia a que el esfuerzo tenga una recompensa adecuada. La exigencia de equilibrio entre dedicación y retribución pasa del 30% al inicio de la carrera al 36% entre quienes cuentan con más de tres años de experiencia.

Otros aspectos que suelen protagonizar el debate sobre el empleo juvenil tienen un peso menor en las respuestas. El teletrabajo aparece como una prioridad para el 13% de los encuestados, mientras que la competitividad sana solo alcanza el 9%. Los datos reflejan que, aunque la flexibilidad puede resultar atractiva, no sustituye necesariamente la necesidad de contar con un empleo estable y unas condiciones satisfactorias.

Cuatro perfiles de jóvenes trabajadores

Para explicar esta diversidad, el estudio distingue cuatro perfiles que representan distintas formas de relacionarse con el empleo. El más numeroso es el de los buscadores de lo estable, que reúne al 33% de la muestra. Para ellos, la seguridad laboral, la proximidad al domicilio y la compatibilidad del trabajo con su vida personal tienen un papel central a la hora de elegir dónde trabajar.

El segundo grupo, que representa el 27%, corresponde a los trabajadores con condiciones. Estos jóvenes valoran el empleo como un conjunto de factores que deben funcionar de manera equilibrada: remuneración, flexibilidad y calidad del liderazgo. No les basta con una buena oferta salarial si el resto de las condiciones no responde a sus expectativas.

En cambio, los emprendedores independientes, que suponen el 21%, priorizan la autonomía y el control sobre su actividad. Prefieren decidir cómo organizar su trabajo y qué objetivos perseguir, incluso si eso significa renunciar a parte de la seguridad que puede ofrecer una gran organización.

El último perfil, los aprendices impacientes, representa el 20% y agrupa a quienes están dispuestos a asumir más riesgos o situaciones incómodas si a cambio encuentran oportunidades de aprendizaje rápido, desafíos y progresión profesional.

Jóvenes profesionales con auriculares y laptops trabajan en una oficina moderna con plantas y luz natural; las pantallas muestran personas viendo series o películas.
Trabajadores de la Generación Z. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Qué esperan los Z de sus jefes

Las diferencias no terminan en el salario ni en las condiciones contractuales. También se trasladan a la relación con los superiores, donde el estudio no encuentra un modelo de liderazgo capaz de satisfacer a todos. Un 41% de los jóvenes prefiere un jefe cercano; un 38% reclama una orientación centrada en el desarrollo profesional, y un 37% considera prioritario que confíen en su capacidad para trabajar con autonomía.

Estas preferencias plantean un reto para las empresas acostumbradas a aplicar políticas de recursos humanos uniformes. Un mismo estilo de dirección puede funcionar para determinados trabajadores y generar frustración en otros. La capacidad de escuchar, adaptar el acompañamiento y ofrecer expectativas claras se convierte así en una cuestión relevante para gestionar equipos jóvenes.

El sector público gana atractivo frente a las grandes marcas

Uno de los resultados más llamativos del informe aparece al preguntar a los participantes por sus lugares de trabajo preferidos. No hay una empresa que concentre las aspiraciones de esta generación: la opción más mencionada, los centros educativos, apenas reúne un 5% de las respuestas.

El sector público emerge como una alternativa destacada. La educación, la Administración y la sanidad pública figuran entre las opciones que despiertan interés; esta última ocupa la tercera posición, con un 4%. La presencia de estas instituciones sugiere que la estabilidad y la previsibilidad pueden competir con el atractivo de las grandes marcas privadas.

Firmas como Inditex, Google y Apple también aparecen entre las preferencias, pero ninguna domina el ranking. La dispersión de las respuestas refuerza la principal conclusión del estudio: los jóvenes no constituyen un bloque homogéneo y no todos aspiran a trabajar en una multinacional ni comparten las mismas prioridades.

Para Mazinn y Future for Work Institute, el reto de las empresas pasa por abandonar las recetas generales basadas en la edad y prestar más atención a las motivaciones individuales. En un mercado en el que el salario sigue siendo importante, pero no garantiza por sí solo la fidelidad, atraer talento exige comprender qué busca cada profesional. Y retenerlo implica ofrecer algo más que una marca reconocida: condiciones coherentes, oportunidades reales de desarrollo y una relación laboral que responda a sus expectativas.

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