La acampada de la Puerta del Sol en Madrid despierta la curiosidad de turistas y vecinos que pasean por la plaza. Algunos se limitan a observar las tiendas de campaña, los puestos informativos y los grupos reunidos en distintos puntos, mientras que otros se acercan para preguntar por los motivos de la movilización. “¿Esto es por la vivienda?“, señala un turista estadounidense, desconcertado por la presencia de banderas vinculadas a otras reivindicaciones como la causa palestina o los derechos de las personas trans, mientras varios participantes le explican que el alquiler se ha vuelto inaccesible y que hay inquilinos que pierden sus casas, como le ocurrió a Maricarmen, cuyo caso prendió la mecha de la indignación.
En un extremo de Sol, cerca de la sede del Gobierno regional, se encadenaban este martes cánticos como “El ático de Ayuso para Maricarmen”, “aquí están los antifascistas” o “ni un desahucio más”, al tiempo que a escasos 500 metros, en la calle Navas de Tolosa, otro grupo numeroso de personas lograba aplazar el desalojo de una vecina, al menos hasta el próximo 14 de octubre.
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De vuelta en Sol, ya son más de 1.000 personas las que han dormido esta noche en la plaza entre tiendas de campaña y pancartas que reclaman “un techo digno”, la bajada de los alquileres o el fin de los abusos de los fondos buitre. Un espacio que, con el paso de los días, recuerda cada vez más a la acampada del 15M de 2011. Entonces, la protesta nació de la indignación ante la clase política y económica tras años de crisis, mientras que ahora el eje de las reivindicaciones es la vivienda y la dificultad para acceder a un hogar o conservarlo.
Como también ocurrió hace 15 años, entre las tiendas de campaña se van organizando espacios para repartir comida, celebrar talleres y convocar charlas o asambleas, de forma que la plaza ya se ha convertido en un punto de protesta, convivencia y apoyo mutuo.
Hay asambleas de bienvenida y los manifestantes se organizan en diferentes comisiones para la limpieza y las demás actividades y necesidades.
Para quienes teletrabajan desde la plaza, la organización reparte baterías para que puedan cargar móviles y ordenadores portátiles.
“Lo mejor es la energía colectiva que se respira y la solidaridad infinita”, dice a Infobae Fernando de los Santos, uno de los portavoces del Sindicato de Inquilinas, organización que ha convocado las protestas. Y es que, aunque la acampada surgió la noche del sábado tras una manifestación multitudinaria en rechazo al desahucio de Maricarmen, desde entonces no ha dejado de sumar participantes.
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Dos decretos sobre vivienda
Tras la aprobación este martes de dos decretos ley sobre vivienda, en la acampada de la Puerta del Sol muchos se preguntaban qué efecto tendrán las medidas y si bastarán para aliviar una crisis que, a su juicio, afecta a un número creciente de personas. “Esperemos que sirva para que las cosas cambien, aunque todavía tiene que convalidarlo el Congreso. Yo hasta que no vea cambios reales, no me lo creeré”, decía Carlos, un madrileño de 25 años que ha pasado las tres noches en la plaza.
El Consejo de Ministros ha dado luz verde, por un lado, a un decreto ley que contempla la renovación automática de los contratos, como exigía el sindicato, mientras que el segundo incluye la regulación del alquiler de habitaciones, la prohibición de compras por parte de fondos de inversión hasta 2028 y la suspensión de los desahucios hasta 2030.
El sindicato, no obstante, también ha recibido las medidas con cautela al asegurar que ahora necesita “leer la letra pequeña”. Además, ha calificado de “vergüenza” que se pueda separar en varias leyes su demanda y ha acusado al Ejecutivo de “jugar a la campaña electoral” y de practicar la táctica del “divide y vencerás”, que consiste en romper el decreto para que solo queden “migajas”.
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La organización también ha señalado que la acampada, de momento, continúa y que la lucha “sigue en las calles”.
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