El 19 de septiembre de 2021, el volcán de Tajogaite (La Palma) entró en erupción. Durante 85 días, la isla canaria quedó cubierta por polvo, gases y ceniza que obligaron a evacuar a unas 7.000 personas. Las consecuencias las sigue sufriendo la población cinco años después: un estudio pionero de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica advierte que la erupción del volcán Tajogaite en La Palma triplicó el riesgo de tos crónica y duplicó las alteraciones pulmonares obstructivas.
Se trata del proyecto ASHES (Analysis of Exposure and Respiratory Health Effects of Volcanic Eruption in the Canary Island), cenizas en inglés, presentado este martes 22 de septiembre en el Hospital Universitario de La Palma. El estudio analizó a más de 1.000 personas durante cinco años y comparó la evolución de grupos expuestos y no expuestos dentro de la propia isla.
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“Los resultados muestran una relación entre la exposición prolongada a la erupción y la presencia de síntomas respiratorios, con afectación clara en la función pulmonar de los grupos más expuestos”, ha explicado el doctor David de la Rosa, presidente de SEPAR.
Tos, obstrucción pulmonar y dificultades para respirar
El proyecto ha realizado diferentes estudios, tanto en población adulta como infantil, para evaluar los efectos de la erupción volcánica en la salud pulmonar. En un análisis con 474 participantes adultos, el equipo detectó que los síntomas respiratorios se intensificaron durante la erupción y persisten en el tiempo. Las secuelas cambiaban según el tiempo que habían estado en contacto con el polvo y los gases: a mayor exposición a las emisiones volcánicas, mayor carga sintomática.
Los grupos con exposición más alta presentaron hasta tres veces más probabilidad de sufrir tos y el doble de alteraciones compatibles con un patrón obstructivo pulmonar. La dificultad respiratoria tras la erupción se disparó aún más: fue 9,1 veces más probable en el grupo de alta exposición y 11 veces más en el moderado.
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En mujeres, el estudio también describe un mayor efecto en el consumo de medicamentos y en la frecuencia de consultas médicas. En el grupo de exposición moderada, las mujeres registraron una mediana de cinco síntomas frente a 3,5 en los hombres. Los autores explican que las mujeres tienen pulmones de menor tamaño, con menos bronquios y menor superficie alveolar, lo que podría hacerlas más susceptibles a los gases irritantes volcánicos.
Mayor vulnerabilidad en niños con enfermedades previas
En el segmento pediátrico, los datos recogidos a partir de 188 menores muestran que entre 25% y 50% de los niños presentó síntomas respiratorios, principalmente picazón nasal y congestión. Aproximadamente 60% reportó picazón ocular, síntoma que disminuyó de forma marcada en el periodo posterior. La tos, los dolores de cabeza, la congestión nasal, el dolor de garganta y los problemas cutáneos se mantuvieron estables en el tiempo de estudio (entre 10 y 17 meses después del fin de la erupción).
El estudio también evidenció las consecuencias de la exposición al tabaco. El 13,3% de los participantes convivía con fumadores. Ese grupo mostró tasas significativamente más altas de síntomas como la tos durante la erupción y también en los meses posteriores. Las consecuencias fueron más marcadas para los menores que presentaban condiciones respiratorias previas, como el asma.
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Además del impacto respiratorio, otros resultados del proyecto apuntan a un mayor consumo de recursos sanitarios y a un aumento de alteraciones relacionadas con la salud mental en la población afectada. La investigación tiene abierta una segunda línea de análisis sobre mediadores inflamatorios en muestras biológicas, con el objetivo de comprender los mecanismos mediante los cuales la exposición a emisiones volcánicas puede afectar a la función respiratoria.
El proyecto ASHES ha demostrado que “una erupción volcánica no termina cuando cesa la actividad volcánica”, ha expresado el doctor Ciro Casanova, uno de los investigadores. “La vigilancia sanitaria debe continuar y adaptarse a los perfiles más vulnerables, especialmente menores y personas con enfermedad respiratoria previa”, ha agregado.
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