Caminar, subir escaleras, permanecer de pie durante horas o incluso dormir de lado pueden convertirse en actividades molestas para quienes padecen trocanteritis. Esta afección, también conocida como bursitis trocantérea, provoca dolor en la zona externa de la cadera y puede llegar a limitar de forma considerable la movilidad y la calidad de vida.
La trocanteritis afecta a la bursa situada junto al trocánter mayor, una prominencia ósea localizada en la parte superior y lateral del fémur. Las bursas son pequeños sacos rellenos de líquido que reducen la fricción entre huesos, tendones y músculos. Cuando esta estructura se irrita, aparece dolor y sensibilidad en la región.
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Entre los principales desencadenantes se encuentran los movimientos repetitivos y la sobrecarga de la cadera. Correr, saltar o practicar deportes de impacto puede favorecer la aparición de microtraumatismos, especialmente cuando se incrementa bruscamente la intensidad o frecuencia del ejercicio.
Sin embargo, no es un problema exclusivo de los deportistas. Las alteraciones de la marcha, las diferencias en la longitud de las piernas, determinados problemas posturales o una distribución inadecuada de las cargas también pueden aumentar la tensión sobre la zona. Los traumatismos directos, como una caída sobre la cadera, y el exceso de peso son otros factores que pueden contribuir a su aparición.
Además, factores como el estrés pueden influir en la percepción y evolución del dolor musculoesquelético, aunque no constituyen por sí solos una causa directa de la trocanteritis.
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Un dolor característico
El síntoma más habitual es un dolor localizado en la parte lateral de la cadera. Puede describirse como punzante, intenso o incluso con sensación de quemazón, y suele empeorar al caminar, subir escaleras o permanecer mucho tiempo de pie.
En algunos pacientes, las molestias se extienden hacia la parte externa del muslo. También pueden aparecer rigidez y limitación de determinados movimientos. Uno de los signos más frecuentes es la dificultad para dormir sobre el lado afectado, debido a la presión ejercida directamente sobre la zona. Aunque puede presentarse a cualquier edad, es especialmente frecuente en adultos de mediana edad y tiene una mayor incidencia en mujeres.
Diagnóstico de la trocanteritis
El diagnóstico comienza con una valoración médica que incluye el historial del paciente y una exploración física de la cadera. El especialista analiza la movilidad, localiza los puntos de dolor y busca posibles factores que hayan favorecido la aparición de los síntomas.
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En determinados casos se recurre a pruebas de imagen. La radiografía puede ayudar a descartar problemas óseos, mientras que la ecografía permite valorar la bursa y los tejidos blandos. La resonancia magnética puede ser útil cuando es necesario estudiar con mayor detalle tendones, músculos y otras estructuras de la cadera. Este proceso también permite diferenciar la trocanteritis de otras causas de dolor, como la artrosis de cadera o determinadas lesiones tendinosas.
Tratamiento y recuperación
En la mayoría de los casos, el tratamiento inicial es conservador. Reducir temporalmente las actividades que desencadenan el dolor, aplicar frío durante las fases más agudas y utilizar medicación antiinflamatoria cuando está indicada pueden ayudar a controlar los síntomas.
La fisioterapia desempeña un papel fundamental. Los ejercicios personalizados buscan fortalecer la musculatura de la cadera y mejorar su estabilidad, al tiempo que se corrigen determinados patrones de movimiento que puedan estar contribuyendo al problema.
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Cuando el dolor persiste pese a estas medidas, el especialista puede valorar tratamientos intervencionistas, como las infiltraciones. En casos seleccionados pueden emplearse corticoides y, dependiendo de la situación clínica, otras técnicas como el plasma rico en plaquetas. La cirugía queda reservada para situaciones poco frecuentes en las que otros tratamientos no han conseguido resolver el problema.
La prevención pasa por aumentar la actividad física de manera progresiva, fortalecer la musculatura de la cadera y mantener hábitos que reduzcan la sobrecarga. Ante un dolor lateral de cadera persistente, la valoración por un profesional sanitario es clave para identificar su origen y establecer el tratamiento más adecuado.
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