Pocas regiones de España conservan leyendas locales más allá de las que contaban los abuelos para ir a la cama. La Sierra de Francia es una de esas que guarda secretos y tradiciones a la par que gastronomía y un encanto único. Este pueblo en concreto, con calles estrechas, piedras de granito y balconadas desbordadas de flores sobre adoquines pulidos por el paso del tiempo, es uno de los pocos que conserva un aire medieval más allá de los monumentos más importantes.
El valle que rodea este rincón de Salamanca lleva siglos atrayendo peregrinos, poetas y viajeros. Miguel de Cervantes mencionó su Virgen Negra en El Quijote; Lope de Vega convirtió su valle más misterioso en escenario de amores fugitivos. La literatura tomó prestado lo que la geografía ya ofrecía: una tierra de montaña con bosques de castaño y roble, y una arquitectura que funde sin estridencias las huellas de las culturas judía, cristiana y árabe.
La Alberca fue declarada Conjunto Histórico-Artístico en 1940 y fue el primero en España. También tiene el beneficio de formar parte de la Asociación Los Pueblos Más Bonitos de España y quienes lo visitan tienen la oportunidad de comprobar eso por su cuenta.
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Qué ver en La Alberca: el patrimonio que no hay que perderse
El casco urbano es en sí mismo el principal monumento. Las casas se construyeron con granito, madera de castaño, barro y cal, y en los dinteles de muchas puertas aún se leen inscripciones religiosas que los conversos grababan para reafirmar su fe ante la Inquisición. En la Plaza Mayor, el Crucero preside un espacio donde las terrazas ofrecen turrón, obleas y almendras garrapiñadas bajo balconadas en flor. Junto a ella, la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, del siglo XVIII, terminada en 1733 el mismo año que la catedral nueva de Salamanca, guarda un púlpito de granito policromado del siglo XVI.
A tres kilómetros del pueblo, por un camino entre castaños y robles, la ermita de Nuestra Señora de Majadas Viejas conserva una reproducción románica de la Virgen del siglo XII. Forma parte del Camino de las Raíces, ruta circular de 9 kilómetros que conecta la laguna de San Marcos, las ruinas de la ermita de San Marcos y varias instalaciones de arte contemporáneo al aire libre. Más allá, a 1.723 metros de altitud, el Santuario de la Virgen de la Peña de Francia ofrece una panorámica que abarca kilómetros de sierra. El valle de Las Batuecas, declarado Bien de Interés Cultural en 2000, alberga el convento carmelita fundado en 1599 y dieciocho ermitas dispersas entre cuevas prehistóricas.
Leyendas vivas y tradiciones que el pueblo no ha abandonado
La Moza de las Ánimas es la tradición más arraigada de La Alberca. Cada día del año, al caer el sol, una mujer vestida de oscuro recorre las esquinas del pueblo con una esquila, toca tres veces y entona una salmodia por las almas del purgatorio. Los etnólogos fechan el origen de esta práctica hace cuatro siglos. La leyenda local dice que la noche en que no se entonaron las plegarias, los espectros se levantaron de su letargo. Desde entonces, ningún día ha quedado sin rezo.
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Cada 13 de junio, las autoridades eclesiásticas bendicen a un cerdo, le cuelgan una campana al cuello y lo liberan por las calles. Durante ocho meses, los vecinos lo alimentan. El 17 de enero, festividad de San Antón, se sortea y los beneficios van a una ONG. El Marrano de San Antón tiene, según algunos historiadores, raíces en la comunidad judeoconversa: una forma de demostrar fe cristiana ante el Tribunal del Santo Oficio. Una estatua de piedra junto a la iglesia recuerda al animal todo el año.
En fiestas no se queda atrás. La más importante es la del 15 de agosto que concentra el mayor flujo de visitantes. Al día siguiente La Loa representa en la Plaza Mayor la batalla entre el bien y el mal con una serpiente de siete cabezas y los arcángeles como protagonistas.
La gastronomía cierra el recorrido con productos propios de la sierra: jamón ibérico, chorizo, lomo y salchichón curados al aire serrano, el hornazo de embutidos, el cabrito cuchifrito y el limón serrano. De postre, no son tímidos. Los dulces de la comarca, turrones, obleas y perrunillas, se venden en las terrazas de la Plaza Mayor deleitando a todos los paladares. La Casa del Parque Natural de Las Batuecas-Sierra de Francia, en la parte más alta del pueblo, es el punto de referencia para planificar rutas por los alrededores.
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