“Ya no sabe uno a quién hacerle caso, si al fabricante que te está vendiendo el coche o al mecánico que te lo repara”, plantea Juan José Ebenezer, mecánico y creador de contenido, en una publicación reciente en su perfil de TikTok, @juanjoseebenezer, en el que cuenta con casi 374.000 seguidores y a través del cual comparte información y consejos sobre mecánica y mantenimiento de coches.
Juan José deja claro que tanto el fabricante como el mecánico saben lo que dicen, aunque a veces resulten ser cosas distintas. Nadie conoce el motor de un coche mejor que el ingeniero que lo ha diseñado: en sí mismo, cómo funciona, lo que necesita para hacer aquello para lo que fue construido. Pero el mecánico sabe cómo tratarlo, cómo cuidarlo, cómo envejece y qué necesita más atención o falla con mayor facilidad. Ambos saben cosas, cada uno la suya, como un biólogo y un veterinario respecto de un mismo animal: uno conoce el organismo, el otro sabe cómo mantenerlo sano.
Si el ingeniero dice una cosa y el fabricante dice otra, “¿a quién hacemos caso?“
Tenido esto en cuenta: si el ingeniero dice una cosa y el fabricante dice otra, “¿a quién le hacemos caso?“, plantea el mecánico. ”Puedes hacerle caso a quien quieras, como es normal", dice Juan José, dejando claro que la última palabra siempre será del cliente. Pero también puede equivocarse.
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“Yo soy el mecánico y soy el que ve cómo envejecen los coches y los errores que han cometido los ingenieros en su diseño y los fallos más comunes”, afirma Juan José. Y pone un caso concreto para ilustrarlo: el motor 1200 PureTech, cuya correa bañada en aceite generó problemas recurrentes que el fabricante no previó en su diseño original y que ahora trata de corregir sustituyéndola por una cadena y un sistema diferente. Una prueba, según él, de que el conocimiento del ingeniero sobre el motor no siempre anticipa cómo se comportará en la práctica.
Juan José es directo al desmontar uno de los prejuicios más extendidos sobre los talleres, eso de que los técnicos puedan inventarse o exagerar problemas del vehículo para que el cliente pague por un trabajo o reparación que, en realidad, no necesitaría: “Lo que más nos conviene y más nos gusta es hacer mantenimiento sencillo y tener clientes contentos”, asegura. Las grandes reparaciones, “saca motor, abre culata”, son precisamente lo que menos les apetece, no solo por la incomodidad que generan al cliente, sino por la complejidad que suponen para el propio taller.
De ahí su advertencia: si ocho de cada diez coches se averían por seguir los intervalos de mantenimiento del fabricante, confiar en ser uno de los dos afortunados que salen bien parados es, según él, un riesgo innecesario. Su consejo es claro: hacerle caso “a la persona que se encarga de reparar las averías, los desperfectos, los fallos que se han cometido en su diseño y su fabricación”. Siempre, añade, que sea un mecánico de confianza, porque esa es la condición que lo convierte en alguien que “va a mirar por ti, por tu bolsillo y por tu futuro”.
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