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La depresión posparto, la cara menos idílica (pero real) de la maternidad: “No quería coger a mi niño, me causaba rechazo”

Sonia Marinelli cuenta a ‘Infobae’ cómo vivió la depresión posparto y pone el foco en la importancia de cuidar la salud mental de la madre

Una madre juega con su bebé recién nacido (Magnific)

Sonia no tiene ninguna palabra negativa sobre su embarazo. De hecho, lo describe como la mejor etapa de su vida. “Me sentía viva, con más energía que nunca”, asegura, por eso jamás imaginó que sufriría depresión posparto. Ni siquiera en las clases de preparación, cuando su matrona hizo hincapié en la importancia de pedir ayuda si les ocurría, Sonia Marinelli se lo planteó: “Es de esas cosas que dices ‘a mí nunca me va a pasar’, pero te pasa”.

Su parto tampoco fue complicado; todo lo contrario, un alumbramiento “maravilloso” sin dolores. “Salí del parto diciendo que quería, al menos, tres niños, y eso que llegaba con miedo porque soy un poco aprensiva”, cuenta. En casa, las cosas se empezaron a torcer cuando, en el momento de darle el pecho, su bebé apenas comía y no paraba de llorar, noche y día.

Fue entonces cuando esta madre primeriza llevó a su hijo a la pediatra. “En ese punto, todo empezó a ir cuesta abajo. La pediatra me dijo que lo que tenía el niño era culpa mía, que tenía que estar ‘todo el día con la teta fuera y punto’”, relata. “Me dijo que no sabía qué pretendía, que yo no había tenido un muñeco y que si no tenía que salir de casa, que no saliera”.

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Sonia salió de la consulta destrozada por las palabras de la doctora, que despertaron en ella un bucle de negatividad del que le costó mucho salir. “No quería coger a mi niño, me causaba rechazo. Me decía que no servía para ser madre, que no estaba preparada para eso”.

Los ‘disparadores’ de la depresión posparto

Para Sonia, fue aquella consulta con la pediatra la que la sumió en un cuadro de depresión posparto. Sin embargo, “no existe una única causa que explique por qué una mujer desarrolla una depresión posparto”, aclara a este medio Estel Soto, psiquiatra y psicoterapeuta perinatal. “Actualmente entendemos que es un trastorno multifactorial, resultado de la interacción entre diferentes factores biológicos, psicológicos y sociales”.

Sin embargo, sí conocemos algunos factores que aumentan el riesgo de padecer esta patología, explica Soto, como tener antecedentes familiares o personales de depresión u otros trastornos del estado de ánimo, presentar síntomas de ansiedad o depresión durante el embarazo, una mayor sensibilidad a los cambios hormonales de esta etapa, presentar una elevada tendencia a la preocupación, perfeccionismo o una baja autoestima, vivir situaciones estresantes durante el embarazo o el posparto, tener una relación de pareja poco satisfactoria o disponer de poco apoyo social. No obstante, recuerda, se tratan de factores de riesgo, no causas directas.

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La psicóloga perinatal María Vega añade a Infobae el papel de los baby blues o blues de la maternidad, que describe como bajadas del estado de ánimo producidas por el descenso de los estrógenos y la progesterona. “Cuando se produce el alumbramiento, sale la placenta, que ha estado produciendo estrógenos y progesterona durante el embarazo. De repente nos encontramos con que ya no está y el cerebro tiene que empezar a producirlos de nuevo por sí mismo y a veces le cuesta”, explica la experta.

Estos blues de maternidad pueden sufrirlos hasta el 80% de las mujeres después del parto, según datos del Instituto Nacional de la Salud de Estados Unidos. Se manifiesta con llanto frecuente, irritabilidad, ansiedad y cansancio extremo, y suele desaparecer por sí solo en menos de dos semanas. “Hay algunas personas a las que esos baby blues se mantienen pasados esos primeros quince días y terminan derivando en una depresión posparto”, cuenta Vega. Soto concuerda en diferenciar los baby blues o tristeza posparto de la depresión perinatal, puesto que con la segunda conviene pedir ayuda profesional en el momento en el que interfiere de forma significativa en el día a día.

“El vínculo con los hijos se les hace difícil”

Los síntomas de la depresión posparto suelen ser similares a los de una depresión que se pueda sufrir en otros momentos de la vida (cambios en el patrón de alimentación, problemas de sueño, irritabilidad, ansiedad, tendencia al llanto...). Aunque existen otros propios de esta condición, como la dificultad que tienen muchas madres para relacionarse con sus hijos.

“El vínculo se les hace difícil y estas madres a veces tienden solo a atender las necesidades básicas. Le doy de comer, pero no juego con él; me genera mucho rechazo, no consigo estar a gusto con él. Eso sí que es algo muy característico y tendríamos que pedir ayuda cuando estos síntomas alcanzan ese mes y ya no son esos primeros quince días”, expone Vega.

Soto añade que “la dificultad en la detección es que algunos de los síntomas de la depresión pueden confundirse con cambios propios del posparto, como el cansancio o las alteraciones del sueño, o deberse también a otros problemas médicos relativamente frecuentes en esta etapa, como una anemia o una alteración de la función tiroidea”.

Un bebé en una cuna (Magnific)

Ser madre sin dejar de ser mujer

Al otro lado del teléfono, Sonia cuenta cómo pasó aquellos días en los que ni siquiera podía coger a su hijo. La depresión que estaba pasando no solo alteraba la relación con su bebé, también la percepción que tenía de sí misma, las cosas que hacía, como ella siempre había sido. Cuando llegó su cumpleaños y su marido invitó a la familia a comer, ni siquiera tenía ganas de quitarse el pijama.

Para esta mujer, el acompañamiento de su marido fue fundamental para superar la depresión que estaba viviendo: “Yo era una persona que siempre iba conjuntada, nunca he salido de casa sin maquillar. Él me conocía y me pedía que me pintara un poco. Me decía ‘no es por mí, a mí me da igual que te maquilles o no, es por ti, no quiero que te abandones, tú no eres así’”.

Fue su marido quien, un día, la llevó a ver a la matrona que le había dado las clases de preparación al parto. Aunque le recomendó pedir ayuda psicológica, Sonia la rechazó, pero acudió cada semana a su consulta, donde se sintió realmente escuchada. “Me dijo que la única persona a la que mi hijo conocía era a mí, ni a su padre ni a su abuela. Me decía ‘él solamente sabe quién eres tú. Te siente a ti, conoce tus sonidos, conoce tu olor. Él no necesita otra persona, necesita que su madre sea feliz y tú no eres feliz’”.

La doctora convenció a Sonia de comprar las fórmulas de leche para el niño, quien, finalmente, consiguió quedarse dormido después de tomar el biberón. Poco a poco, con ayuda de la matrona y el apoyo de su marido y, posteriormente, el de su familia, Sonia consiguió salir de aquella depresión.

Con frecuencia, muchas mujeres necesitan ayuda psicológica para superar esta patología. La psicóloga María Vera explica que el tratamiento depende de qué aspecto es lo que está generando esta depresión a esta madre: “Trabajamos mucho el hacer actividades agradables, darnos cuenta de cómo pensamos, cómo a veces se hablan a sí mismas; trabajamos el vínculo también con el bebé. El posparto es una etapa muy compleja donde cuesta mucho prestarnos atención a nosotras mismas y ver cómo podemos adaptarnos para que haya esos pequeños momentos donde la madre pueda ser solo Pili o Carmen o Marta”.

Las madres solteras sufren más riesgo de pobreza: “No podemos vivir con una jornada reducida, necesitamos recursos”.

Cómo ayudar a una madre que está sufriendo una depresión posparto

Los seres queridos no siempre pueden ofrecer ayuda a la madre, puesto que en muchas ocasiones se lleva con culpa o vergüenza. Según cuenta Sonia, abandonó a sus amigas y a sus padres, a quienes nunca respondía sus llamadas. Para Estel Soto, ante este tipo de casos, “lo más útil suele ser escucharla sin juzgar, validar lo que siente y hacerle saber que no está sola”. De hecho, añade que “frases que se dicen con muy buena intención, como ‘tienes que intentar disfrutar’ o ‘piensa en lo afortunada que eres, pueden hacer que se sienta todavía más incomprendida o culpable”.

“También es importante preguntarle a la madre qué necesita ella en ese momento, porque no todas las mujeres necesitan el mismo tipo de ayuda. Algunas pueden agradecer apoyo práctico con las tareas de casa, la comida o el cuidado de otros hijos, mientras que otras pueden necesitar que alguien cuide del bebé durante un tiempo para poder descansar, salir a caminar, ducharse con calma o hacer alguna actividad que les ayude a encontrarse mejor”, cuenta a Infobae.

Para muchas, puede resultar muy difícil pedir ayuda por la visión idealizada que tenemos de la maternidad, que presiona a cumplir unos estereotipos que, a veces, no son reales. “Existe una expectativa social muy extendida de que, cuando nace un bebé, la madre debería sentirse siempre feliz, agradecida y profundamente conectada con él, pero la experiencia real de la maternidad es mucho más compleja”, narra la experta.

Es esa culpa la que puede hacer que muchas mujeres oculten lo que les está ocurriendo. “Por eso es tan importante hablar de salud mental desde el embarazo y transmitir una visión más realista de la maternidad, en la que también tengan cabida las dificultades emocionales que pueden aparecer en esta etapa”, concluye Soto. “No todo es como te lo pintan, esa maternidad idílica”, concuerda Sonia, quien asegura que “a veces son un millón de problemas y existe una inseguridad y un miedo porque es lo más importante que tienes en tu vida”.

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