Con la llegada de los meses estivales, las fiestas patronales de los pueblos y ciudades se intensifican. Y, a pesar de que en verano la Dirección General de Tráfico (DGT) junto con la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil realiza un mayor volumen de campañas especiales para controlar las carreteras españolas, no hay que pasar por alto que miles de conductores siguen enfrentándose a una situación muy peligrosa: ponerse al volante después de haber consumido alcohol.
“La única tasa segura al volante es alcohol 0.0. No bajes la guardia en esos trayectos cortos; la prudencia es fundamental para evitar riesgos innecesarios. ¡Diversión sí! pero con cabeza, que si nos confiamos... nos podemos llevar un susto", avisa la Guardia Civil desde su cuenta de X.
Desmontando mitos...
— Guardia Civil (@guardiacivil) May 1, 2026
...sobre el consumo de alcohol:
❌ da fuerza
❌ combate el frío
❌ con café se pasan sus efectos
❌ una ducha y como nuevo
❌ con un antiácido das negativo
Si bebes y «soplas» darás positivo. pic.twitter.com/sdw3EE9AJM
Los datos de la DGT no dejan lugar a las dudas. El alcohol es uno de los factores de riesgo más frecuentemente implicados en los accidentes de tráfico: tanto es así que está presente entre el 30% y el 50% de los accidentes mortales.
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Los mitos con el alcohol
Son muchos los conductores que creen que determinados gestos pueden ayudarles a superar un control de alcoholemia. Entre los mitos más populares: beber grandes cantidades de agua después de consumir alcohol. Sin embargo, aunque puede ayudar a combatir algunos síntomas de la resaca, no reduce la cantidad de alcohol presente en la sangre. Lo mismo ocurre con el café. Puede hacer que una persona se sienta más despierta, pero eso no significa que esté menos afectada por el alcohol ni que vaya a obtener un resultado más favorable en una prueba de alcoholemia.
Otros clásicos son el chicle de menta o los caramelos. En estos casos, el objetivo suele ser ocultar el olor a alcohol. El problema es que el alcoholímetro no mide el olor del aliento, sino la concentración de alcohol presente en el aire espirado.
Y también los hay más extraños. Algunas personas creen que saltar, correr o sudar ayuda a acelerar la eliminación del alcohol. Otras defienden que consumir leche o aceite antes de beber crea una especie de barrera protectora en el estómago. E, incluso, hay quienes recomiendan chupar monedas de cobre, mascar hierba o utilizar métodos de respiración determinados durante la prueba.
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Así, la Guardia Civil ha realizado una campaña en redes sociales “Desmontando mitos... sobre el consumo de alcohol“. ”No da fuerza, no combate el frío, no se pasan sus efectos con café, no sirve ducharse ni con un antiácido das negativo. Si bebes y soplas, darás positivo”, expresaban contundentemente desde su cuenta de X.
La realidad del alcohol
Tras consumir una bebida espirituosa, el alcohol comienza a absorberse rápidamente. En apenas unos minutos puede detectarse en la sangre y suele alcanzar sus niveles máximos entre media hora y hora y media después de la ingesta. A partir de ese momento entra en juego el hígado, encargado de metabolizarlo y eliminarlo progresivamente.
Sin embargo, los efectos del consumo en el cuerpo son mucho más complejos. Según el National Institute on Alcohol Abuse and Alcoholism (NIAAA), generan interrupciones en el cerebro que pueden cambiar el estado de ánimo y el comportamiento; además de miocardiopatías, arritmias, cirrosis, hepatitis alcohólica o pancreatitis, que son enfermedades que repercuten en los órganos vitales. Por si no fuera poco, los riesgos pueden ser mayores, llegando a “causar varios tipos de cáncer”, según informa el Instituto Nacional del Cáncer.
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