Una persona con oído absoluto podría enumerar las notas que produce el golpear entre sí dos piedras. Quizás no tanto, o quizás incluso del roce de una hoja en la calzada o el ronquido de un perro podrían desglosar tonalidades. El oído absoluto es la habilidad de reconocer la frecuencia o el tono exacto de una nota musical sin necesidad de comparar con otra referencia. Se le suele llamar también “oído perfecto”, y tanto Mozart como Beethoven tenían esta capacidad.
Kevin Montebello es un niño italiano que, a sus 13 años de edad y gracias a su oído absoluto, sabe tocar el piano, la guitarra, el bajo y la batería, que aunque no dice tanto del oído absoluto de Kevin como el resto de instrumentos, sí que es prueba de sus dotes musicales.
Un caso entre diez mil
El talento de Kevin Montebello fue descubierto en la escuela y representa un caso entre diez mil. El joven no tuvo otra opción que asistir a la especialidad musical del liceo Cavour de Turín, aunque solo después de ciertas intuiciones y de un recorrido escolar que ha tenido en cuenta tanto sus capacidades como sus condiciones.
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Desde pequeño, Kevin convive con una discapacidad intelectual clasificada como de nivel “medio grave”, pero podía reconocer notas antes de saber leer. Es muy fácil que una habilidad como el oído absoluto pase desapercibida, y además es especialmente infrecuente en personas con discapacidad intelectual; pero Ester Siciliano, profesora de música de Kevin, fue la primera persona en darse cuenta de su don, que luego corroboraron otros docentes y especialistas.
El talento de Kevin salió a la luz cuando tocó de memoria una melodía casi desconocida para él en su primer contacto con una flauta
Según el Corriere Della Sera, Ester lo descubrió al ver a Kevin tocar “de memoria una melodía que prácticamente nunca había escuchado antes” en una flauta dulce en su primer contacto con este instrumento. “La profesora de música se quedó asombrada”, y llamó a Sonia, la madre del pequeño, para contárselo. “Ni siquiera sabía lo que significaba esa habilidad”, cuenta la madre, pero luego se quedó “sin palabras por la emoción”.
En el colegio, Kevin es conocido como un chico sociable y con buen humor. Primero con la profesora Siciliano y luego con el profesor Lino Mei, ha podido seguir aprendiendo a tocar distintos instrumentos con facilidad. La madre reconoce el esfuerzo de quienes han acompañado a su hijo en este proceso. “Nunca habíamos tenido la suerte de encontrar a alguien que realmente lo comprendiera”.
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La madre de Kevin señala la importancia de la implicación tanto de la escuela como de las familias. “Tengo tres hijos y también experiencia como representante de instituto. Me ha ocurrido ver cómo la imposición de programas y contenidos, sin adaptarse a los tiempos o dificultades de los chicos, ha provocado a menudo el abandono escolar. Yo, en cambio, me siento muy afortunada, porque he conocido a personas excepcionales, capaces de acoger a mi hijo mucho antes de descubrir su talento. En un mundo como el nuestro no es poca cosa. También los padres” - recordó - “tenemos la tarea importante de acompañar a nuestros hijos en el seguimiento de sus pasiones. La relación con los docentes es un poco como un trabajo en equipo, de lo contrario Kevin quizá no habría superado el examen de ingreso al liceo de la forma brillante en la que lo hizo, interpretando piezas clásicas, tanto de Bach como de Beethoven, que no son nada fáciles”.