La natalidad española está en mínimos históricos. Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), en 2024 nacieron 318.005 niños en el país, un nuevo descenso del 0,8% en la natalidad. España ha perdido en diez años alrededor de 100.000 nacimientos y, de los que se producen, un 25,6% llegan de madres con nacionalidad extranjera.
Las mujeres españolas siguen queriendo tener hijos, pero la vida se les dificulta. El coste de la crianza, problemas de acceso a la vivienda, la precariedad laboral o la falta de apoyos echan para atrás a muchas personas, que retrasan o abandonan su sueño de ser madres. No es un problema exclusivo de España: la natalidad ha caído en todo el mundo y Europa es una de las regiones más afectadas. Ante este problema, un equipo de investigadores noruegos y canadienses ha dado con la solución: hay que marginar más a los hombres.
Es una de las principales conclusiones del estudio Towards individualistic reproduction: Solving the fertility crisis could require a further marginalization of men (Hacia una reproducción individualista: Resolver la crisis de fertilidad podría requerir una mayor marginación de los hombres). La investigación, publicada por la revista de la Universidad de Cambridge, alega que “proveer a las mujeres con los recursos económicos y sociales necesarios” para ser madres resolvería la crisis global de natalidad, pero “requeriría exacerbar la marginalización masculina”.
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Reducir la necesidad de un marido para ser madre
El artículo destaca que el deseo de maternidad persiste. Solo el 3% de las mujeres europeas entre 18 y 40 años considera como ideal permanecer sin hijos, pero la brecha entre intención y realidad es creciente: en Noruega, las mujeres desean en promedio 2,4 hijos, pero tienen solo 1,4. El motivo más citado para no cumplir el ideal: “No encontrar a la pareja deseada”.
Así, resolver la crisis de natalidad requeriría reducir la “necesidad” de una pareja varón para formar una familia. El estudio propone el concepto de “Mating Equilibrium Shift” (“cambio de equilibrio en el apareamiento”). El artículo explica que, durante años, las mujeres veían el formar relaciones como una ventaja social y evolutiva. La libertad ganada con la igualdad de género ha hecho que tener pareja no sea tan necesario y que se apueste por relaciones sin compromiso, lo que, unido a las estrategias anticonceptivas, ha hecho que se reduzca la natalidad.
Asimismo, las mujeres se han vuelto selectivas a la hora de formar una pareja. Por ejemplo, en Tinder, rechazan el 95% de los perfiles masculinos y filtran el 98% de los candidatos restantes antes de aceptar una cita, lo que lleva al extremo la selectividad y genera efectos agregados en el mercado de parejas y la posibilidad de formar familias.
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La conclusión central es disruptiva: si aumentar el número de parejas estables resulta inviable, la salida más efectiva para la supervivencia de países con baja natalidad podría ser ofrecer a las mujeres recursos económicos y sociales suficientes para que tengan hijos solas. Las consecuencias para los hombres serían directas: “Tales transferencias financieras reducirían aún más la utilidad de los hombres para las mujeres y, por lo tanto, el valor de pareja de algunos grupos de hombres, lo que probablemente agravaría la marginación masculina”, exponen los autores.
Ante este problema, los investigadores se apoyan en posibles futuros inventos, como los úteros artificiales. “Si la tecnología del útero artificial llega más o menos al mismo tiempo, los hombres alcanzarían una mayor igualdad reproductiva, lo que podría contrarrestar la marginación masculina que hemos visto aumentar en las últimas décadas”, afirman en el texto.