Los peces cebra duermen de forma similar a la de los humanos: un equipo científico ha confirmado cuatro subestados de sueño y una siesta diurna profunda, breve y difícil de interrumpir. El hallazgo, publicado ahora en la revista científica Nature Communications, acerca su descanso al de otros vertebrados y puede indicar que la ‘arquitectura del sueño’ surgió mucho antes de lo que se pensaba en la evolución.
La investigación, realizada por seis investigadores, ha seguido a 105 larvas de pez cebra durante 24 horas bajo ciclos de 14 horas de luz y 10 de oscuridad, con registros adicionales de hasta tres días. Los datos muestran cuatro subestados diferenciados y sitúan la siesta diurna en episodios de entre cinco y 10 minutos, con un umbral de despertar elevado.
Hasta ahora, el ‘sueño’ de los peces se definía como un periodo de inmovilidad prolongada con menor respuesta a los estímulos, pero no como un descanso como el que tienen los humanos y otros mamíferos. El nuevo trabajo añade una subdivisión basada en los movimientos oculares y describe tres estados con sacadas oculares distintas —QEM-1, QEM-2 y QEM-3— y un cuarto sin movimientos oculares, QNEM. Según este estudio, la luz no solo interrumpe el sueño de estos animales, sino que también influye en qué subestado aparece en cada momento. Los investigadores concluyen que el tiempo circadiano y la luminosidad actúan juntos en la distribución de esas fases.
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Cómo son las cuatro fases del sueño del pez cebra
El reparto entre día y noche no es uniforme. La fase del sueño QNEM domina por la noche, mientras QEM-2 aumenta a medida que se acerca la mañana y QEM-1 aparece casi solo durante el día. En las 24 horas observadas, los periodos de sueño ocuparon el 19,6% del día y el 83,9% de la noche.
La comparación con el sueño de mamíferos no se basa en una equivalencia exacta entre fases, sino en varios rasgos fisiológicos. QEM-1 cumple criterios clásicos de sueño: cuesta más despertar al animal, aparece una pérdida parcial del control postural, se observa rebote tras privación de sueño y desciende la actividad cerebral, incluida la de neuronas noradrenérgicas.
Las pruebas de respuesta a estímulos muestran esa diferencia con claridad. Ante destellos de oscuridad de un segundo, la probabilidad de sobresalto fue del 0,60 en vigilia y cayó al 0,13 en QEM-1 en una muestra de 24 peces; con estímulos mecanoacústicos, pasó del 0,67 al 0,32 en nueve peces. Ese umbral de activación también se mantuvo cuando los estímulos se aleatorizaron, lo que descartó que la menor respuesta se debiera a habituación. En ensayos nocturnos, todos los subestados de sueño elevaron el umbral frente a la vigilia, aunque QEM-1 fue el que mostró la respuesta más baja. El trabajo también ha detectado una pérdida parcial del control postural en esa siesta diurna.
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El hallazgo se apoyó en una plataforma de observación automática que permitió seguir a larvas nadando libremente durante periodos largos, en lugar de inmovilizarlas. El sistema registró de forma simultánea locomoción, movimientos oculares y actividad cerebral.