Los requisitos para acceder a una pensión de incapacidad permanente sin estar dado de alta en la Seguridad Social

La normativa permite cobrar esta prestación contributiva fuera de la situación administrativa activa en supuestos de enfermedad común o accidente no laboral

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El seguro de invalidez, que entra en vigencia cuando el afiliado presenta una incapacidad permanente, sea esta total o parcial. Foto: AFP Habitat

Las pensiones de incapacidad permanente cuentan con una regulación específica dentro del sistema de prestaciones contributivas de la Seguridad Social. A diferencia de lo que ocurre con otras ayudas como la jubilación o la viudedad, existen determinados supuestos en los que una persona puede acceder a esta prestación incluso sin estar dada de alta en la Seguridad Social en el momento en que se produce el hecho causante.

Aunque pueda parecer una excepción llamativa, la normativa contempla esta posibilidad para los casos más graves de incapacidad. Eso sí, el acceso a la pensión no es automático. Los solicitantes deben cumplir una serie de condiciones relacionadas con el grado de incapacidad reconocido, el origen de la lesión o enfermedad y, en algunos casos, los años de cotización acumulados a lo largo de su vida laboral.

La clave reside en distinguir entre las incapacidades derivadas de contingencias comunes y aquellas originadas por contingencias profesionales. Dependiendo de la causa que haya provocado la pérdida de capacidad laboral, los requisitos exigidos por la Seguridad Social pueden variar de forma significativa.

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En el caso de las contingencias comunes, es decir, cuando la incapacidad permanente deriva de una enfermedad común o de un accidente no laboral, la normativa permite acceder a la prestación aunque el trabajador no esté dado de alta. Sin embargo, esta posibilidad queda reservada únicamente para los grados más elevados de protección: la incapacidad permanente absoluta y la gran incapacidad.

Para estos supuestos, la Seguridad Social exige acreditar un periodo mínimo de cotización. En concreto, el solicitante debe haber acumulado al menos 15 años cotizados a lo largo de su trayectoria laboral. Además, una parte de ese periodo debe ser relativamente reciente, ya que al menos tres de esos años tienen que encontrarse dentro de los diez inmediatamente anteriores al momento en que se produce el hecho causante de la prestación.

Qué es la incapacidad permanente: cómo pedir la pensión, que enfermedades otorgan la ayuda y cuánto dinero se cobra.

Incapacidad permanente por contingencia profesional

La exigencia de estos requisitos responde al carácter contributivo de la ayuda. Aunque la persona no se encuentre trabajando ni en situación de alta, la Administración entiende que existe un vínculo suficiente con el sistema si se ha mantenido una carrera de cotización prolongada y relativamente cercana en el tiempo.

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La situación cambia cuando la incapacidad permanente tiene su origen en una contingencia profesional, como puede ser una enfermedad profesional o un accidente laboral. En estos casos, la Seguridad Social también puede reconocer la pensión a una persona que no esté dada de alta, siempre que se demuestre que la lesión o la patología que ha provocado la incapacidad se encuentra directamente relacionada con la actividad profesional desarrollada.

Según explican especialistas en derecho laboral y Seguridad Social, cuando el origen es profesional no resulta necesario acreditar un periodo mínimo de cotización para acceder a la prestación. Lo determinante es probar que la enfermedad o lesión ha sido causada efectivamente por un accidente de trabajo o por una enfermedad profesional reconocida.

Otro aspecto importante es determinar qué significa exactamente no estar dado de alta en la Seguridad Social. Existen diversas situaciones en las que una persona puede encontrarse fuera de alta sin que ello implique necesariamente una desvinculación definitiva del sistema.

Entre los casos más habituales figuran quienes han dejado de trabajar y no perciben prestaciones por desempleo, quienes ya no renuevan la demanda de empleo o quienes han finalizado una situación asimilada al alta. También pueden encontrarse en esta situación los trabajadores que disfrutan de una excedencia voluntaria o aquellos que realizan actividades que no están integradas en ninguno de los regímenes de la Seguridad Social. En estas circunstancias, la situación administrativa del trabajador puede generar dudas sobre su acceso a determinadas prestaciones, aunque cada supuesto requiere un análisis individualizado.