La visita del papa León XIV a España no ha acabado como se esperaba, aunque sin duda ha reforzado la relación del pontífice con el rey Felipe VI, tras la avería del avión de Iberia que debía trasladar al papa de regreso a Roma desde el aeropuerto de Tenerife Norte. Finalmente, una incidencia técnica ha derivado en un episodio de cercanía entre el monarca español y León XIV.
El vuelo, que ya acumulaba más de una hora de retraso, quedó definitivamente descartado después de que los técnicos no lograran resolver el fallo en el motor del Airbus A320. La secuencia comenzó cuando León XIV ya había embarcado junto a su séquito y los periodistas acreditados.
El comandante anunció a los pasajeros la detección de una incidencia técnica y pospuso el despegue hasta que el equipo de mantenimiento pudiera resolverla. Felipe VI, que minutos antes había despedido al pontífice al pie de la escalerilla, recibió la noticia en la terminal y tomó una decisión poco habitual: volvió sobre sus pasos, subió de nuevo al avión y se reunió con el papa para interesarse personalmente por la situación.
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El fallo en el avión del papa León XIV
Ambos acabaron descendieron juntos de la aeronave con gesto relajado, según confirmaba RTVE, que tenía una corresponsal a bordo. Los técnicos de Iberia intentaron una maniobra para corregir el fallo: remolcaron el avión y lo giraron para orientarlo de cara al viento, con el objetivo de facilitar el arranque del motor.
Según explicó el propio comandante a los pasajeros, “el problema en el motor se ha debido probablemente al viento de cola”, y la maniobra buscaba aprovechar el flujo de aire para que el rotor alcanzara las revoluciones necesarias. La tentativa no dio resultado. El avión fue remolcado fuera de la pista en una situación sin precedentes en un vuelo papal.
Mientras los técnicos trabajaban, el rey y el papa esperaron juntos en el interior del aeropuerto, pasando juntos un tiempo que no esperaban, pero que sin duda habrá acabado reforzando su relación más allá de lo institucional.
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El personal técnico de Iberia informó a RTVE de que podría necesitar unos 30 minutos adicionales para resolver el problema, aunque la estimación acabó quedándose corta. La calma en pista contrastaba con la excepcionalidad de la escena: el jefe del Estado español y el líder de la Iglesia católica, sentados a la espera en la terminal de Los Rodeos.
El gesto de Felipe VI con el papa
Ante la imposibilidad de reparar la aeronave en un plazo razonable, Iberia envió un segundo avión desde Madrid como alternativa operativa. Su llegada, no obstante, implicaba un retraso de varias horas adicionales para el Pontífice. Fue en ese contexto cuando Felipe VI tomó la decisión de ofrecer al papa su Falcon oficial para que pudiera regresar a Roma esa misma noche acompañado de una delegación reducida.
El gesto permitió a León XIV no prolongar su estancia en Tenerife más allá de lo previsto. Según adelantó RTVE, un segundo Falcon llegaría al aeropuerto tinerfeño para trasladar de vuelta al monarca a la península, puesto que su avión lo iba a ocupar ahora el pontífice.
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La visita del papa a España termina
El episodio se produjo al término de una visita apostólica de siete días que ha llevado a León XIV por Madrid, Barcelona y las Islas Canarias. La jornada final en Tenerife había arrancado con una visita a un centro de acogida de migrantes, seguida de un recorrido por La Laguna y una misa multitudinaria en el puerto de Santa Cruz de Tenerife, donde el Pontífice reclamó respuestas coordinadas frente a la crisis humanitaria en la ruta atlántica.
Unas horas después, nadie anticipaba que la incidencia técnica alargaría el encuentro entre el rey y el papa durante horas más, ni que acabaría con el pontífice a bordo del Falcon de la Casa Real. Todo comenzó en ese primer encuentro en Barajas y después en el Palacio Real de Madrid, donde Felipe VI y la reina Letizia mantuvieron un encuentro privado con el papa.
Tras su paso por la capital, el Pontífice se desplazó a Barcelona, donde visitó la Sagrada Familia y presidió la inauguración de la Torre de Jesucristo, de nuevo junto a los reyes. Después llegó el tramo canario, con visitas a Gran Canaria y Tenerife centradas en la situación migratoria. La presencia del monarca en distintos momentos del recorrido, y muy especialmente su actitud durante las horas de la avería, ha reflejado la importancia que la Zarzuela ha otorgado a esta visita, en línea con la tradición de estrecha relación entre la realeza española y la Santa Sede.
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