El gran día ha llegado. Este lunes han sido los primeros exámenes de la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU) 2026 en lla Comunidad de Madrid. Como cada año, los más de 42.000 alumnos de segundo de bachillerato que buscan entrar a un grado universitario el próximo curso han cruzado las puertas de las facultades y se han enfrentado a los nervios y a la sensación de que todo lo estudiado el último año se juega en unas pocas horas. Y el estreno no ha sido precisamente suave, ya que el examen de Lengua Castellana y Literatura ha puesto a prueba la comprensión lectora, el análisis crítico y la capacidad de expresión de los estudiantes desde el minuto uno.
La PAU de este año consolida un modelo que lleva acumulando cambios desde hace varios años. La tendencia es que se puedan elegir menos ejercicios, y que el examen esté más enfocado en la aplicación práctica de los conocimientos. En Lengua, por ejemplo, las preguntas competenciales -aquellas que obligan a razonar, interpretar textos y construir argumentos- pueden suponer hasta el 70% del examen.
Este cambio responde a la idea de que lo importante no es solo memorizar datos, sino demostrar madurez académica, coherencia en el discurso y capacidad para defender ideas con claridad. Además, el modelo de examen ya no contempla una opción por asignatura, lo que elimina el clásico “A o B” que durante años daba cierto margen de maniobra a los alumnos más indecisos.
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Lo que ha caído en Lengua: de la prensa a la literatura clásica
Aunque el examen oficial no se publicará hasta última hora del día, los primeros estudiantes que salieron de las aulas han coincidido al explicar que la prueba ha sido variada, con textos actuales pero también con referencias literarias clásicas.
El comentario de texto ha incluido dos piezas principales. Por un lado, un fragmento de la filóloga Lola Pons, perteneciente a su obra El español es un mundo, centrado en la importancia del periodismo y en cómo los medios de comunicación influyen en el uso del lenguaje. Por otro lado, un artículo del filósofo Javier Gomá, publicado en prensa en octubre de 2025, que reflexionaba sobre la imagen personal que dejamos al final de la vida a partir de testimonios y experiencias recogidas. Dos textos muy distintos, pero conectados con la idea común del impacto de la comunicación en la sociedad.
En el apartado de literatura, los estudiantes han tenido que trabajar sobre dos obras: En la ardiente oscuridad, de Antonio Buero Vallejo, y Los santos inocentes de Miguel Delibes. Según los comentarios de algunos alumnos recogidos por EFE, una de las tareas consistía en analizar los rasgos de los personajes, un clásico de los exámenes de literatura que exige ir más allá del resumen.
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También ha aparecido una cuestión sobre narrativa hispanoamericana, con especial atención a la evolución de la novela desde 1937 hasta 1975 y su desarrollo posterior hasta la actualidad. Un bloque que suele poner a prueba la capacidad de los estudiantes para ubicar autores, corrientes y cambios históricos en la literatura.
Además, en la parte competencial se ha incluido un texto relacionado con el naturalismo a partir de La Regenta, de Leopoldo Alas Clarín, una obra que suele aparecer como referencia obligatoria en este tipo de pruebas.
“Bastante asequible”, pero con trampa: el tiempo y la expresión
Las primeras impresiones de los estudiantes apuntan a que el examen era “bastante asequible”, siempre que se hubiera preparado el nuevo formato. La clave, como casi siempre en Lengua, está tanto en saber el contenido como en cómo se escribe.
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La fluidez, la capacidad de argumentar y la organización del texto son cada vez más importantes. Y aquí entra la ortografía, uno de los elementos que más respeto genera entre los alumnos. En Lengua Castellana y Literatura, los errores pueden penalizar hasta dos puntos completos, mientras que en el resto de asignaturas la penalización puede llegar a un punto. Detalles que pueden marcar la diferencia entre entrar o no en la carrera soñada.
Un sistema que busca medir madurez, no solo memoria
Desde la universidad se insiste en que el objetivo de la PAU es evaluar algo más que conocimientos aislados. Así lo ha explicado la vicerrectora de Estudiantes de la Universidad Complutense, Rosa de la Fuente, que también ha subrayado que la prueba busca “valorar la madurez” del alumnado, su capacidad de razonamiento y su habilidad para expresarse con coherencia.
Y es que otra de las novedades de este año en Madrid es la incorporación de controles aleatorios de radiofrecuencia en las aulas para evitar el uso de dispositivos electrónicos. Una medida que busca reducir cualqueir intento de fraude en una prueba que, para muchos, puede decidir su futuro académico.
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