Gibraltar es mundialmente famoso por muchas cosas, pero sin duda, sus residentes más carismáticos son los macacos de Berbería (Macaca sylvanus). Estos primates, que atraen a cientos de miles de turistas cada año, han desarrollado una costumbre que hasta ahora había pasado desapercibida para la ciencia: la geofagia, o coloquialmente hablando, el consumo deliberado de tierra. Lejos de ser un accidente o falta de comida, los científicos han descubierto que este comportamiento es una respuesta directa a la dieta poco saludable que, a menudo de forma furtiva o ilegal, reciben de los visitantes.
Así lo revela un estudio publicado en la revista científica Scientific Reports, llevado a cabo por un equipo internacional de investigadores pertenecientes a instituciones de prestigio como la Universidad de Cambridge, la Universidad de Oxford y la Universidad de Gibraltar, entre otras. La investigación documenta por primera vez este fenómeno en la población de monos del Peñón, arrojando luz sobre cómo la interacción constante con los humanos está alterando no solo su dieta, sino también su cultura y fisiología.
Una práctica común en el reino animal
La geofagia es una práctica común en el reino animal, observada sobre todo en aves, grandes mamíferos e incluso en los seres humanos. Sin embargo, la frecuencia con la que los macacos de Gibraltar consumen tierra es excepcionalmente alta. El equipo dedicó más de 600 horas de observación y detectó que estos primates dedican un tiempo considerable a buscar y comer principalmente terra rossa (una tierra arcillosa de color rojizo muy abundante en la zona alta de la reserva), llegando a registrarse una media de más de 12 eventos de este tipo por semana a nivel poblacional, una de las tasas más altas documentadas en primates de este género.
Pero, ¿qué lleva a un mono a comer tierra deliberadamente? La respuesta radica en la conocida como “hipótesis de la protección”. Aunque la dieta natural y gestionada de estos animales debería basarse en frutas, verduras y semillas, el constante flujo de turistas ha introducido en su menú alimentos altamente calóricos, ricos en azúcares, sal y grasas lácteas, pero muy pobres en fibra. Hablamos de patatas fritas, barritas de chocolate, pan, galletas e incluso helados.
Dado que los primates no humanos pierden la capacidad de digerir la lactosa tras el destete, este tipo de “comida basura” les provoca trastornos gastrointestinales severos. En palabras de los autores del estudio: “Los alimentos derivados de los turistas pueden alterar la composición del microbioma intestinal, produciendo un malestar que los individuos mitigan a través de la ingestión de tierra”. Es decir, utilizan la arcilla como si fuera un medicamento antiácido para aliviar la indigestión y absorber las toxinas provocadas por los caprichos alimenticios de los visitantes.
Para confirmar estas sospechas, los científicos cruzaron los datos de alimentación con la cantidad de turistas. Comprobaron que la probabilidad de ingerir tierra aumenta drásticamente cuando los monos consumen más comida de los turistas, y que la geofagia se dispara en verano, coincidiendo exactamente con el pico de afluencia turística. Al consultar a expertos de otras reservas naturales y parques de África y Europa, confirmaron que, aunque otros macacos a veces comen tierra, en ningún otro lugar lo hacen con tanta frecuencia ni con este claro vínculo urbano.
“Una respuesta funcional y cultural” marcada por la presencia de humanos
Este descubrimiento demuestra la inmensa capacidad de adaptación de la fauna ante ecosistemas alterados por nuestra especie. Como concluyen magistralmente los investigadores en su artículo: “La geofagia en Gibraltar no es meramente una anomalía alimentaria, sino una respuesta funcional y cultural a un paisaje antropogénico, subrayando la flexibilidad adaptativa de los macacos de Berbería y la fuerte influencia de los humanos en el comportamiento de los primates”, describen los investigadores.
Igualmente, el estudio no solo destaca el aspecto médico de esta práctica, sino también su increíble componente social. La geofagia en Gibraltar no es un acto puramente instintivo; es una verdadera “tradición” cultural que se transmite de generación en generación. Los investigadores descubrieron que los macacos más jóvenes prestan mucha atención cuando los adultos consumen tierra, observándolos de cerca para aprender.
Además, mediante experimentos con bandejas que contenían diferentes tipos de tierra, demostraron que los distintos grupos de monos tienen “preferencias” culturales únicas. Mientras que casi todos prefieren la tierra roja, el grupo que habita en la zona conocida como Apes Den ha desarrollado una insólita afición por masticar y tragar pequeños fragmentos de alquitrán arrancados de las carreteras asfaltadas.
Andreu Sánchez Megías, investigador de la Universidad de Barcelona, resalta el impacto que puede suponer la intervención humana en la alimentación de la fauna silvestre. “Estos alimentos se sirven de nuestros mecanismos evolutivos para producir satisfacción, pero no van acompañados de una nutrición real”, ha explicado el especialista para SMC. De esta manera, la próxima vez que un turista incumpla las normas y ofrezca un trozo de su merienda a un macaco en el Peñón, debería recordar que para aliviar el dolor de estómago que ese gesto le provocará, el animal no tendrá más remedio que buscar una roca y comerse un puñado de tierra.