Un proyecto inmobiliario ha encendido un fuerte debate entre vecinos y las monjas de la abadía local, rompiendo la calma del pequeño municipio de Boulaur, en la región francesa de Gers. En las últimas semanas, el pueblo ha amanecido con pancartas y mensajes de protesta que reflejan el rechazo de una parte de la población a la iniciativa: “Ni Dios ni maestro constructor” o “Vade retro abbatia” son algunas de las consignas que resumen el malestar.
El origen de la controversia es la construcción de un conjunto de 13 viviendas compartidas destinadas a personas mayores, un proyecto impulsado por una promotora inmobiliaria con el apoyo de las monjas de la abadía de Sainte-Marie de Boulaur. Aunque la iniciativa se presenta como una propuesta de carácter social, no ha sido bien recibida por todos los habitantes del pueblo, que cuenta con apenas 170 residentes.
Las religiosas, presentes en Boulaur desde 1949 y que actualmente suman un total de 24, defienden su implicación como parte de su compromiso con la vida local y el desarrollo de proyectos solidarios. Sin embargo, el tamaño de la edificación y su impacto urbanístico han generado preocupación entre algunos vecinos, que consideran que la construcción no encaja con la identidad del entorno rural, según recoge el medio France 3.
En un vídeo difundido a través de Mes Opinions, la comunidad religiosa ha querido aclarar su posición ante la polémica. “Este proyecto no ha sido iniciativa de las hermanas”, afirman, insistiendo en que su papel no es el de promotoras directas. También subrayan que, aunque la abadía está vinculada jurídicamente a la entidad promotora, “no participamos en su financiación y ni siquiera disponemos de los planos”.
Uno de los opositores más activos, David Labédan, ha impulsado una petición online que ya ha superado las 250 firmas. Según él, el proyecto es desproporcionado para la escala del pueblo. “Es un edificio enorme, de unos 800 metros cuadrados. No tiene nada que ver con la estética ni con la forma de vida de Boulaur. Si fuera algo más discreto, quizá no habría problema”, explica.
Tensión entre las monjas y los vecinos
Más allá del proyecto concreto, algunos vecinos interpretan esta polémica como un síntoma de cambios más amplios en el mercado inmobiliario local. Labédan y otros residentes aseguran que existe una presión creciente sobre la compra y venta de propiedades en la zona, lo que genera la sensación de que las oportunidades se cierran antes incluso de ser conocidas.
Al mismo tiempo, la presencia activa de la abadía en la vida económica y agrícola del municipio, donde las monjas trabajan alrededor de 140 hectáreas de tierras cultivables, es vista por algunos como un factor de influencia creciente, aunque no necesariamente negativo para todos.
Las monjas cistercienses, por su parte, han tratado de rebajar la tensión con un mensaje dirigido a los vecinos, en el que apelan directamente al diálogo: “Estamos profundamente vinculadas al municipio y a sus habitantes, con quienes solo concebimos relaciones amistosas y de colaboración. Por supuesto, estamos disponibles para reunirnos y dialogar con quienes lo deseen”.
En ese mismo mensaje, la comunidad religiosa deja abierta la posibilidad de reconsiderar el proyecto en función de las conversaciones con el pueblo: “Si de esos intercambios se desprende que es preferible que este proyecto no se lleve a cabo, lo trasladaremos al promotor del proyecto”.
Por el momento, la situación sigue sin resolverse y los vecinos contrarios a la construcción esperan una confirmación oficial del abandono del proyecto. A pesar de la tensión, algunos habitantes valoran positivamente que el conflicto haya abierto un espacio de diálogo entre la comunidad religiosa y el pueblo.