Los gatos son mucho más independientes que los perros, y el mito afirma que están poco apegados a sus dueños y prefieren siempre mantener su espacio y su independencia. Sin embargo, varios estudios han demostrado que estos felinos domésticos sí establecen vínculos emocionales significativos con las personas con las que conviven. Así, los gatos pueden sentir la ausencia de sus tutores y, en algunos casos, experimentar cambios de comportamiento o malestar durante los períodos de soledad.
Una de las investigaciones que han analizado el tema se publicó en la National Library of Medicine, y asegura que el 13,45 % de una muestra de 223 gatos domésticos mostraron síntomas compatibles con ansiedad por separación, un porcentaje que no resulta demasiado destacable, pero que, según los autores del estudio, tampoco es desdeñable. Paralelamente, un análisis realizado en 2019 por la Universidad Estatal de Oregón señala que más de la mitad de los gatos que conviven con personas generan un vínculo de “afección segura” con su cuidador, semejante al que puede establecer un niño con sus progenitores.
Cuando un gato se queda solo en casa, según estos estudios, puede experimentar desde un simple aburrimiento hasta el desarrollo de comportamientos vinculados al estrés. Los científicos han destacado que la reacción del animal depende mucho de su personalidad, la calidad de la socialización y experiencias previas de soledad. La comunidad veterinaria explica que, aunque la mayoría de los gatos toleran bien estar solos durante varias horas, algunos pueden manifestar señales de incomodidad o ansiedad si la ausencia se prolonga o si el animal ha vivido situaciones negativas en el pasado relacionadas con la soledad.
A diferencia de los seres humanos, los gatos no interpretan la ausencia de su tutor como un abandono consciente. Según los expertos, lo que experimenta es la alteración de sus rutinas y su entorno, sin atribuir a la marcha del humano una intencionalidad específica. El modo en que un gato expresa su descontento o malestar ante la ausencia del tutor puede variar considerablemente según su carácter o su historia previa. Entre los síntomas más habituales de la ansiedad por separación se encuentran vocalizaciones intensas, modificaciones en los hábitos de higiene y comportamientos destructivos. También pueden darse señales de pérdida de apetito o disminución del interés en actividades habituales.
No obstante, no todas las alteraciones de conducta implican necesariamente un cuadro de ansiedad: episodios como trepar o tirar objetos pueden surgir simplemente por aburrimiento y falta de estimulación ambiental. El regreso del tutor al hogar a menudo provoca en el gato una reacción de bienvenida, que se puede manifestar mediante maullidos persistentes, frotamientos o una notable excitación. Si estas respuestas son excesivamente intensas o prolongadas, los expertos aconsejan valorar la consulta con un veterinario o un etólogo felino para descartar problemas más serios.
Cómo prevenir el malestar del gato ante la ausencia del dueño
Para reducir el riesgo de ansiedad y promover el equilibrio emocional del gato durante las ausencias, los expertos recomiendan diversas prácticas. El enriquecimiento ambiental es clave: proporcionar juguetes, rascadores, torres para trepar y acceso a ventanas seguras ayuda a combatir el aburrimiento.
Disponer siempre de comida y agua suficiente, así como una bandeja higiénica limpia, es fundamental. Para ausencias largas, se aconseja el uso de dispensadores automáticos de alimento y agua, además de solicitar la ayuda de una persona de confianza que supervise regularmente el bienestar del animal y reponga sus necesidades básicas. Entre las herramientas sugeridas se encuentran también la música suave o la televisión, que pueden proporcionar compañía auditiva al felino y mitigar la soledad.