El aumento de la temperatura del mar pone en riesgo a los grandes peces oceánicos: el atún o el tiburón blanco pueden sobrecalentarse

Estas especies se enfrentan a una alta demanda energética y la gran dificultad de disipar el calor, lo que las empuja a aguas más frías

Ejemplar de tiburón blanco junto a un banco de jureles. (Terry Goss/Wikimedia Commons)

Una de las consecuencias más notables del cambio climático es el calentamiento de los océanos, que se está produciendo a un ritmo tal que provoca una honda preocupación. Este fenómeno, ligado a la actividad humana, genera olas de calor marinas más frecuentes e intensas, acelera la subida del nivel del mar y daña ecosistemas como los arrecifes de coral. Además, compromete la supervivencia de la biodiversidad que puebla estos hábitats.

Un nuevo estudio publicado esta semana en la revista Science, en el que ha participado el investigador de la Universidad de Granada Ignacio Peralta Maraver, advierte de que los grandes peces oceánicos se ven afectados por el aumento de esta temperatura, puesto que pueden sufrir sobrecalentamiento.

Algunas de estas especies son el atún, el tiburón peregrino o el tiburón blanco, peces mesotérmicos, que generan y retienen parte de su calor interno, a diferencia de los ectotermos estrictos, cuya temperatura corporal depende directamente de la del agua. Así, requieren de mucha más energía y disipan el calor con gran dificultad.

Read more!
Ejemplar de tiburón. (Pixabay)

Por este motivo, enfrentan una alta demanda energética y un creciente riesgo de sobrecalentamiento, puesto que, a medida que los peces mesotérmicos aumentan de tamaño, generan calor más rápido de lo que pueden perderlo, lo que provoca un desajuste metabólico.

Esto explica el motivo por el que en la actualidad muchas de estas especies se encuentran concentradas en aguas frías, altas latitudes o zonas profundas, que son las áreas en las que pueden compensar esta elevada demanda energética.

Para llevar a cabo esta investigación, se ha desarrollado una innovadora técnica que permite estimar la demanda metabólica de una amplia variedad de peces óseos y cartilaginosos a partir de su tamaño corporal y su estrategia térmica. “Este avance resulta especialmente relevante porque permite estudiar especies cuya tasa metabólica era prácticamente imposible de medir de forma directa en el laboratorio”, explican en un comunicado desde la Universidad de Granada.

Ejemplares de tiburón nadando en el océano. (Freepik)

Además, los investigadores han comprobado que los resultados de su modelo se ajustan con precisión a los patrones reales de distribución global de los grandes peces marinos.

La extinción del megalodón

El estudio, además, ha permitido aportar nuevas claves sobre la extinción de especies que poblaron los océanos en el pasado. Es el caso del megalodón, que desapareció hace aproximadamente unos dos millones de años.

Las causas de la extinción de este depredador de gran tamaño aún se investigan y los autores del estudio publicado en Science sugieren, en base a lo descubierto sobre el tamaño corporal y la estrategia térmica, gigantes como el megalodón podrían haber desaparecido “al quedar atrapados en una combinación letal: una altísima necesidad de energía, una escasa capacidad para disipar el calor y unos límites térmicos que resultaron insostenibles cuando las condiciones del océano cambiaron”.

Un hallazgo en Australia está cambiando todo lo que sabíamos sobre la evolución marina. El fósil de un tiburón de 115 millones de años revela que los grandes depredadores de los océanos aparecieron mucho antes de lo que se creía.

Estrategias de conservación en un mundo afectado por el cambio climático

El estudio en el que ha participado la Universidad de Granada no solo ha verificado que la distribución actual depende del tamaño corporal, la estrategia térmica de cada especie y el calentamiento global. Los investigadores han señalado que los resultados de su trabajo también permiten anticipar la vulnerabilidad futura de las especies afectadas por el calentamiento oceánico.

De esta manera, se podrían diseñar estrategias de conservación basadas en mecanismo fisiológicos y no únicamente en observaciones actuales. También estos resultados ayudan a prever desplazamientos de especies de gran valor ecológicos y pesquero hacia aguas más frías, lo que podría mejorar la gestión de los recursos de pesca en un contexto de cambio climático.

“El trabajo aporta herramientas para anticipar cambios profundos en la estructura de los ecosistemas oceánicos, proteger especies icónicas como el tiburón blanco, los atunes o el tiburón ballena, y reducir riesgos de colapso poblacional frente al calentamiento global”, señalan desde la Universidad de Granada.

Read more!