La presión diplomática sobre Ceuta y Melilla ha crecido en las últimas semanas. En Marruecos siempre ha existido una corriente que defiende añadir las ciudades autónomas a su país como parte de sus ambiciones expansionistas. La novedad es que esta teoría se esté expandiendo por Estados Unidos. El último en cuestionar el dominio español en el norte de África ha sido Mario Díaz-Balart, figura republicana cercana a Marco Rubio.
Ahora mismo, hablar de defenderlas militarmente todavía es precipitado. De hecho, las relaciones entre España y Marruecos han mejorado notoriamente desde 2022, cuando Pedro Sánchez reconoció la postura marroquí sobre el Sáhara Occidental como “base de las negociaciones”. En las últimas horas, el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, ha negado que exista este riesgo. No obstante, la pretensión del ‘Gran Marruecos’, el proyecto de política exterior centrado en aumentar su territorio, incluye a Ceuta y Melilla.
En 2020, el entonces primer ministro marroquí, Saadeddine El Othmani, declaró que Ceuta y Melilla “son marroquíes como el Sáhara” y calificó ambas ciudades de “ocupadas”. El rey Mohammed VI no ha hecho declaraciones directas sobre ellas, pero en su política exterior insiste en la “integridad territorial”, incluyendo la “zona norte”. En 2023, ya con el gobierno de Akhannouch, Marruecos envió a la Comisión Europea una nota oficial defendiendo su soberanía sobre ambas, aunque el primer ministro se ha mantenido más cauteloso.
Papel dudoso de la OTAN
Si España decidiera desplegar recursos militares para defender a las dos ciudades de un ataque por parte de Marruecos o de cualquier otro país, tocaría la puerta de sus socios internacionales. Sin embargo, no todas las puertas se abrirían. El papel de la OTAN siempre ha sido dudoso, pues su tratado habla de defender los territorios “en Europa”.
El artículo 5 de la OTAN garantiza la defensa colectiva ante ataques que “tengan lugar en Europa o en América del Norte”. El artículo 6 aclara que esa protección cubre territorios en esas regiones geográficas. También incluye las “islas al norte del Trópico de Cáncer”, y antes mencionaba “los departamentos franceses de Argelia”. Ceuta y Melilla se encuentran geográficamente en África y no se mencionan como excepciones.
A las dificultades por el reglamento de la Alianza se une el distanciamiento político con Estados Unidos, principal fuerza de la OTAN, por las diferencias entre Pedro Sánchez y Donald Trump, y las cada vez más frecuentes posturas cercanas a la posesión de Marruecos de la región donde se encuentran las ciudades españolas.
Alternativa con el tratado de la UE
Desde el año 2009, el Tratado de la Unión Europea recoge una cláusula de defensa mutua que refuerza la seguridad colectiva de los Estados miembros. El artículo 42.7 establece que, en caso de que un país de la UE sea objeto de agresión armada en su territorio, los demás países deben prestarle “ayuda y asistencia con todos los medios a su alcance”.
El principal límite de esta cláusula es que cada Estado puede decidir el tipo de apoyo y no necesariamente debe ser militar. En el caso de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, la aplicación del artículo 42.7 es posible porque ambas forman parte de España y, a diferencia de la OTAN, el tratado no hace distinciones geográficas.
Andrius Kubilius, el Comisario Europeo de Defensa, ha destacado en los últimos meses la urgente necesidad de actualizar el artículo 42.7 ante las nuevas amenazas geopolíticas, principalmente por parte de Rusia, y ante la situación de defensa europea. Pero Kubilius señala que persisten dudas legales y subraya que la redacción actual no garantiza suficiente claridad ni fortaleza para una respuesta contundente y coordinada.