Juan Manuel Liquindoli, etólogo: “Hay que hacer pequeños ajustes cotidianos para acompañar a tu mascota durante su vejez”

Los últimos años de vida de las mascotas requieren atenciones especiales, según el especialista

Los últimos años de vida de las mascotas requieren atenciones especiales, según el especialista. (Canva)

En España, cada vez más familias deciden acoger en sus hogares una mascota. Los perros son el animal que má eligen, según los últimos datos, que registran más de 9 millones de canes en todo el país. Convivir con una mascota exige responsabilidades y un acompañamiento durante las diferentes etapas de la vida. De entre todas ellas, la vejez plantea desafíos particulares y requiere de atención específica para asegurar el bienestar físico y emocional de los perros en su etapa final, un compromiso que va más allá del cuidado veterinario y se extiende al acompañamiento diario en los cambios que llegan con los años.

El etólogo argentino Juan Manuel Liquindoli, reconocido en redes sociales como @filosofia.animal, insiste en un reciente vídeo en la importancia de estar atento a estos cambios. Según el especialista, “cuando un perro envejece, no solo cambia su cuerpo, también cambia cómo entiende el mundo. Y acompañarlo con eso puede hacer una gran diferencia en su bienestar”.

Liquindoli subraya que estos cambios no se presentan de igual manera en todos los animales ni ocurren a la misma edad. “No hay una única edad. Generalmente, depende del tamaño del animal. Cuanto más pequeños, más suelen vivir”, explica en su vídeo.

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Los cambios de los perros en la vejez

Un perro mayor tumbado. (Canva)

La vejez en los perros no solo implica modificaciones físicas, sino también transformaciones en la forma en que perciben y responden a su entorno. Liquindoli señala que, en esta etapa, algunas personas pueden notar el llamado síndrome de disfunción cognitiva canina, que es un proceso normal del envejecimiento del cerebro. Este síndrome “puede afectar memoria, aprendizaje y comportamiento, y es análogo al Alzheimer en humanos”, explica el experto. Entre los signos que pueden observarse se encuentran la desorientación, alteraciones en el sueño, mayor ansiedad y dificultad para afrontar situaciones cotidianas. El especialista aclara que “estos signos por sí solos no son un diagnóstico; siempre tienen que evaluarlos un veterinario”.

El acompañamiento emocional y mental resulta clave para los perros mayores, una dimensión que muchas veces queda relegada frente a los cuidados físicos. Según Liquindoli, el propósito debe ser facilitar que el animal pueda seguir interactuando con el entorno, pero de una manera clara y accesible. “Desde lo cognitivo podemos seguir proponiendo desafíos simples, como siembra o búsqueda de comida o juguetes fáciles de resolver, sin apurar, sin complejizar”, sugiere. En el plano sensorial, el etólogo recomienda reducir el ritmo de los paseos y permitir que el perro disponga de más tiempo para olfatear y explorar, evitando exigirle avances constantes.

La dimensión afectiva también ocupa un lugar central en los consejos del etólogo. “Generando interacciones más predecibles, con contacto y presencia, pero respetando siempre si no tiene ganas de interactuar”, recomienda. Liquindoli enfatiza, además, que acompañar a los perros durante esta etapa “es cuidar su salud mental y esto puede hacer una gran diferencia en su bienestar”. La atención a los cambios de comportamiento y la adaptación de rutinas pueden mejorar de forma sustancial la calidad de vida de los perros en la vejez, consolidando el compromiso que muchas familias han asumido con sus mascotas.

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