La congelación de óvulos se adelanta y la presión social sobre la maternidad persiste: “No quiero ser madre y no sé si voy a querer serlo, pero me quedé tranquila”

La edad media de congelación de óvulos ha bajado de los 38 a los 35 años, pero Alicia Herrera, ginecóloga del Instituto Bernabeu insiste en que no es una “preservación de fertilidad y tampoco es una garantía”

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La edad media de congelación de óvulos desciende de los 38 a los 35 pero sigue sin ser suficiente
Una especialista analiza las muestras obtenidas de una extracción de óvulos (Instituto Bernabéu)

“Hay un problema importante entre el concepto que tenemos de lo que somos como mujeres o como madres y nuestra identidad”, señala Patricia Catalá Mesón, socióloga y experta en maternidad, a Infobae. El cambio de roles “dentro del sistema familiar” ha creado problemas estructurales y debates sobre la maternidad y la vida laboral de la mujer, y una de las consecuencias es que somos madres cada vez más tarde. En 2024, de los 322.000 nacimientos, un 39,5% fueron en mujeres mayores de 35 años, según datos de un estudio del Grupo Dexeus Mujer. Una tendencia que ha seguido en 2025, ya que los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística indican que ese año nacieron más bebés de mujeres mayores de 40 años, que de menores de 25.

A partir de los 35, el embarazo pasa a ser de alto riesgo debido a las complicaciones que pueden surgir durante la gestación y el parto. Pero las mujeres se ven obligadas a elegir entre priorizar un equilibrio económico y laboral, sumado generalmente a la estabilidad sentimental, o ser madres sin estas condiciones. Por eso, cada vez más, recurren a métodos alternativos que les permitan tener un hijo sin que la edad interceda en su salud ni en la del bebé.

En este sentido, las cifras del Grupo Dexeus Mujer han revelado que la edad media de congelación de óvulos ha bajado de los 38 a los 35 años. Esto es fundamental, ya que, como indica Alicia Herencia, ginecóloga del Instituto Bernabéu, “desde que nacemos, el ovario lo único que hace es almacenar, pero no es capaz de regenerarlos”. Y con este método, no solo posponer la maternidad, sino que también es una opción para aquellas que tienen una reserva ovárica baja o inconvenientes uterinos. “Todavía no sabemos muy bien por qué, pero tengo algún tipo de endometriosis. Entonces, para tener una reserva ovárica y poder gestar en el futuro, tengo pensado recurrir a ello”, nos comenta Olatz, mujer vasca de 26 años.

Al final, “más allá de ser joven, los óvulos deben estar potentes”, añade la joven para Infobae. Por su parte, Catalá Mesón determina que “el que haya bajado la edad indica que hay una mayor conciencia también sobre la fertilidad y sobre los límites biológicos que tenemos para poder ser madres”. Aun así, las mujeres todavía tienen problemas para encontrar información sobre el proceso. Algo que se suma a la “presión” inherente en la sociedad para concebir hijos, cuando muchas ni siquiera saben si quieren llegar a tenerlos.

El doctor Jaime Guerrero del Instituto Bernabéu con un banco de óvulos congelados
El doctor Jaime Guerrero del Instituto Bernabéu con un banco de óvulos congelados (Instituto Bernabéu)

¿Cómo es el tratamiento de estimulación ovárica previo a la congelación?

La ginecóloga Herencia explica que “lo interesante de hacer un tratamiento con óvulos que has congelado antes es que la tasa de aborto o la probabilidad de tener algún problema cromosómico —como el síndrome de Down— baja”. Porque normalmente, “a partir de los 30 años, ya empieza a haber una pérdida en la cantidad y en la calidad de óvulos”, añade la experta. Y las posibilidades de tener complicaciones durante la gestación aumentan. Así, “con 35 años, esa pérdida empieza a ser más acusada” y para los 38 “cae ya de forma bastante llamativa”, afirma Herencia.

En este contexto, Cristina, una madrileña de 38 años, decidió recurrir a esta técnica hace tres años: “De momento no quiero ser madre y no sé si voy a querer serlo nunca, pero me quedé tranquila”, nos explica. Así, casi sin planearlo, comenzó el tratamiento de estimulación ovárica para estimular la mayor cantidad posible de folículos, también conocidos como ovocitos, del ovario. Con este método se desarrollan todos los óvulos inmaduros que, al terminar cada ciclo menstrual, mueren y son reabsorbidos por el cuerpo.

De esta manera, Cristina tuvo que inyectarse “10 o 15 días” la medicación para estimular su crecimiento. “Dan muy por hecho que te pinchas tú. Y a mí me pareció como bastante lío, porque además eran dos medicaciones diferentes”, recuerda. “Me daba mucho miedo hacerlo mal sola, así que le pedí el favor a la novia de mi prima, que es enfermera”, relata la madrileña. Finalmente, cuando los folículos obtienen “el tamaño óptimo es cuando deciden extraerlos. Entonces, te sedan y en 15-20 minutos” ya han terminado el procedimiento.

Según la ginecóloga Herencia, para tener una mayor tranquilidad a futuro, lo más recomendable es conseguir unos 15 óvulos; aunque es una cantidad que depende en función de “la edad y la situación de base” de cada paciente. Con esa cantidad “sabemos que la tasa probablemente está por encima del 60%”. En su caso, Cristina pudo desarrollar 15 ovocitos, “pero de ahí 11 eran buenos”. Aunque la extracción es bastante rápida e indolora al estar inconsciente, e insiste en que no es para nada una experiencia traumática, “los días después sí que estuve un poco incómoda, sobre todo por estar inflamada”, comenta.

Congelar óvulos: ¿una cuestión social o cuestión médica?

Los expertos del Instituto Bernabeu determinan que, si se mantiene el crecimiento anual del 7% al 8% observado, se podría llegar a superar la cantidad de 1,5 millones de embriones congelados para la próxima década. Pero, ¿por qué ha pasado a ser una prioridad para las mujeres españolas? Julia, una alicantina de 29 años que vive en Madrid, explica para Infobae que se le “pasó por la cabeza hace ya 3 años o 2 años y empecé un poco a informarme”; algo que también están barajando sus amigas.

La congelación de óvulos se adelanta y la presión social sobre la maternidad persiste
Uno de los procesos para la congelación de óvulos (Pexels)

Según su razonamiento, “cuando, por temas sobre todo sociales establecidos, pasas la barrera de los 25 sin ningún tipo de pareja estable en ese momento”, la sociedad te presiona en cierta forma para pensar en alternativas de natalidad. Algo en lo que Olatz coincide: “Amigas mías que tienen pareja estable con un hombre, sí que les están incordiando un poco más que a mí”, que al ser “una mujer queer y lesbiana” su entorno “no está muy enfocado en tener hijos”, comenta.

Asimismo, Julia matiza que “tampoco sabes qué va a pasar con tu vida, con todas esas incertidumbres (sobre todo económicas y sociales). Y piensas: ‘¿a qué edad me puedo plantar yo con una situación ‘estable’ que me permita tener hijos?’”. Por ese motivo, la de Santa Pola decidió empezar a investigar “y ver cuáles eran las posibilidades reales de congelar óvulos”. La realidad de Julia suele ser lo corriente. Y es que, como asegura la ginecóloga Herencia: “No se hacen muchos tratamientos para vitrificar óvulos porque haya una patología médica; sobre todo es por un tema social”.

De hecho, en ocasiones cuando van a su clínica, “ni siquiera se han planteado si van a querer ser madres. O si se la han planteado, no la saben responder todavía”, afirma. Todo esto se debe, como determina la socióloga y experta en maternidad, Patricia Catalá, a “un cambio social importante, porque las mujeres ya no organizamos nuestra vida solo en torno a la maternidad, sino que también, pues intentamos encajar la maternidad dentro de un proyecto vital”.

De esta forma, la socióloga, que también imparte clases en la Universidad Rey Juan Carlos I, aclara que normalmente, “cuando las mujeres toman la decisión de congelar óvulos, suele haber una mezcla de incertidumbre, responsabilidad y miedo”. Al final, “no siempre nace desde el quiero ser madre, sino desde el no quiero perder la oportunidad o posibilidad de poder serlo”, añade la experta. En este sentido, la alicantina de 29 años aún no ha congelado óvulos por el momento. “Es algo que no tengo tan presente, porque llega un momento en el que dices: ‘¿Pero quiero ser madre yo de verdad?’”, se sincera.

“Parece una decisión individual, pero está muy influida por el contexto”

Al tratarse, en la mayoría de los casos, de vitrificaciones por razones no médicas, no tiene una tasa de retorno alta. “Ahora mismo está como en un 15%”, puntúa la ginecóloga. ¿El motivo? “La mayor parte de las mujeres no lo van a utilizar”, ya que lo consideran como una posible herramienta. Así nos lo confirma Cristina: “Es verdad que ahora mismo pienso que no sé si los voy a utilizar, pero tengo una especie de seguro”. Pero la madrileña de 38 años no es la única, ya que el Instituto Bernabéu calcula que hay “más de 100.000 embriones congelados abandonados en España”, después de que se haya aumentado esta técnica un 45% en los últimos cinco años, según los últimos datos de la Sociedad Española de Fertilidad (SEF).

Aun así, la ginecóloga Herencia valora que “seguramente esto en los próximos años cambie, porque esas mujeres decidieron congelar óvulos en un momento en el que realmente se hacía bastante poco esto”. La experta también señala que las mujeres que recurran a ello deben ser conscientes de “los riesgos de cara al embarazo”, pues “van a ser más altos según vamos cumpliendo años, aunque se utilicen unos óvulos congelados cuando eres más joven. Al final, los años sí que pasan por la madre”. No obstante, estas técnicas no están al alcance de todas: “Llegué a llamar a una clínica, para asegurarme un poco de cómo era la cosa, y ahí te das cuenta de lo que son los precios. Porque no es solo pagar por congelar, que ya es bastante dinero; sino que luego tienes que mantenerlo”, avanza Julia, la alicantina de 29 años.

La incorporación al mundo laboral más tardía de los jóvenes, con una tasa de empleo entre los 16 y los 29 años 15 puntos porcentuales inferior a la de 2007, hará que los que se jubilen en 2065 y que solo hayan podido cotizar 30 años deban compensar sus menores cotizaciones demorando la jubilación hasta los 71 años si quieren mantener el nivel de vida previo.

La doctora Herencia explica que la cuantía “depende de cada centro”, aunque “en general, los tratamientos mínimos suelen costar como unos 2.000 euros, lo que es el ciclo”. A esto se suman los gastos de medicación, que “las pacientes tienen que asumir aparte”, que serán “como mínimo unos 1.000 euros”. En ocasiones, “si hay que dar dosis más altas y las estimulaciones son más largas, pues a lo mejor hasta unos 1.500-1.800”. Después hay que tener en cuenta la tasa de mantenimiento: “En nuestros centros les incluyen en el tratamiento la congelación durante los dos primeros años. Y luego lo que tienen que hacer es ir pagando unas cuotas de entre 300 y 500 euros”, explica la ginecóloga del Instituto Bernabéu.

Todo esto se adapta a unas “condiciones óptimas”, como añade Julia. En su caso, el precio fue uno de los motivos por los que “lo dejo un poco de lado porque digo: ‘Ese momento en el que sabes que si por un casual no puedes pagar uno o dos años, tus óvulos se pueden vender o tirar’”. A todo esto se suman las condiciones de cada mujer. Cristina, por ejemplo, querría haber sido madre sobre los 28 años, “pero luego han ido pasando los años y la verdad es que, entre que tampoco tengo pareja estable desde hace tiempo y que mi forma de vida no es compatible con tener un bebé, pues lo he ido dejando”, aclara.

La alicantina coincide y añade que “no sabes qué va a pasar con tu vida, con todas esas incertidumbres (sobre todo económicas y sociales). Y piensas: ‘¿A qué edad me puedo plantar yo con una situación ‘estable’ que me permita tener hijos?’”. De este modo, “cuando te preguntan: ‘¿Pero tú no quieres tener hijos?’”, Julia piensa en su situación en la que comparte piso “con tres personas más, con un trabajo estable en la torre de cristal de Madrid a 40 horas, con una carrera y un máster”. Pese a que las “circunstancias que son superidóneas laborales no me permiten ni vivir sola, ¿cómo me voy a plantear tener hijos?”.

En este sentido, la socióloga y experta en maternidad, Patricia Catalá, insiste en que congelar óvulos “parece una decisión individual, pero está muy influida por el contexto: la estabilidad laboral, la pareja, la parte económica y también la presión social siguen estando sobre la mesa”. Por lo que la especialista apunta a que “si las condiciones fuesen diferentes, probablemente no tendríamos que llegar a realizar estas prácticas” que “en muchas ocasiones, genera esa sensación de indefensión aprendida”.

Según la socióloga, con esta emoción “sientes que no hay nada más que puedas hacer, porque ya has probado de todo para poder lograr el objetivo”. Además, durante sus años de estudio, Catalá ha podido ver cómo las mujeres “sienten alivio” al recurrir a esta práctica. Sin embargo, “hay muchas veces que también sienten ambivalencia, porque por un lado tienes esa tranquilidad, pero por otro lado no elimina la incertidumbre”.

Y es que al final “no hay que frivolizar” esta decisión, como puntualiza la doctora Herencia. Esto “se ofrece en muchos sitios como preservación de fertilidad y tampoco es una garantía. Es una herramienta que puede ser muy útil, pero no tiene un 100% de tasa de éxito nunca, por desgracia”, determina. Por este motivo, la experta considera que cuando “las mujeres vienen a la consulta, tienen que estar muy bien informadas de qué están haciendo y para qué y con qué tasa de éxito, con qué pronóstico”, concluye.