Una estudiante de secundaria crea un filtro que elimina el 96% de los microplásticos en las botellas de agua

Los microplásticos viajan desde las actividades industriales, agrícolas o recreativas de las grandes ciudades y terminan esparcidos en casi todos los rincones del planeta

Una estudiante de secundaria crea un filtro que elimina el 96% de los microplásticos en las botellas de agua (Monatje Infobae)

Los microplásticos son partículas de menos de 5 milímetros, casi invisibles y presentes tanto en ecosistemas terrestres como acuáticos. En los últimos años, diferentes estudios han investigado su procedencia y su riesgo para la salud y el medioambiente. Con ello se ha podido comprobar que su viaje desde las actividades industriales, agrícolas o recreativas de las grandes ciudades termina esparcido en casi todos los rincones del planeta.

Esta preocupación ha hecho que diferentes equipos y científicos estudien algunos métodos para reducir su impacto. Pero una de las respuestas más prometedoras llega de la mano de una estudiante de 18 años de Warrington, Virginia. Y es que Mia Heller ha diseñado un sistema capaz de eliminar hasta el 96% de los microplásticos presentes en las botellas de agua. Tras leer en el periódico local que el agua de su comunidad sufría altos niveles de PFAS y microplásticos, y que las autoridades no financiarían su filtrado, la joven decidió tomar sus propias precauciones.

“Cada persona era responsable de proporcionar su propio sistema de filtración”, ha expresado Heller para Smithsonian Magazine. Sus padres instalaron un costoso sistema avanzado en casa, pero su precio no se reflejaba en la efectividad de la herramienta, ya que demandaba un mantenimiento constante. Por lo que, al observar a su madre reemplazar membranas una y otra vez, Heller visualizó la necesidad de una alternativa más accesible y sostenible. “Me inspiró a diseñar un filtro sin membranas, para reducir los costos y el mantenimiento asociados con la filtración de agua”, explica la estudiante del Kettle Run High School.

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Los microplásticos se definen como partículas de plástico de hasta cinco milímetros, mientras que los nanoplásticos abarcan dimensiones entre uno y mil nanómetros.

La concentración de microplásticos en el cerebro ha aumentado un 50%

La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) define los microplásticos como fragmentos diminutos que se han detectado en más de 1.300 especies, incluidos los seres humanos. De hecho, numerosos estudios han evidenciado su presencia en el cerebro, huesos, testículos, semen y placenta. En este sentido, el toxicólogo Matthew J. Campen, de la Universidad de Nuevo México, ha advertido sobre la expansión de este fenómeno: “Los microplásticos y nanoplásticos están entrando en nuestros cuerpos”. Según Campen, la concentración de microplásticos en el tejido cerebral humano ha aumentado alrededor de un 50% en menos de una década, resultado que coincide con la producción creciente de plásticos a nivel global.

Un estudio publicado en la revista Nature Medicine en abril de 2025 confirmó la acumulación de microplásticos y nanoplásticos en órganos vitales de personas fallecidas, con niveles especialmente altos en cerebros de pacientes con demencia. El trabajo, liderado por la Universidad de Nuevo México, analizó muestras tomadas entre 1997 y 2024 y halló que la acumulación cerebral supera ampliamente la de hígado y riñón, aunque no establece una relación causal con enfermedades neurodegenerativas. A pesar de la magnitud del problema, aún no se han detallado los efectos concretos de los microplásticos en la salud humana.

En este contexto, la propuesta de Heller adquiere especial relevancia. Su primer prototipo, desarrollado en 2025 tras meses de pruebas en el garaje y la cocina de su casa, se basó en un recipiente simple. El sistema, denominado “frasco magnificador giratorio”, utiliza ferrofluido —un aceite magnético reutilizable— que se adhiere selectivamente a las partículas de microplástico. El agua pasa por el sistema, el ferrofluido atrapa los microplásticos y, luego, se recupera para su reutilización. De esta forma, el proceso evita el uso de membranas sólidas, lo que disminuye la necesidad de recambios y el volumen de residuos.

Mia Heller explica su modelo (YT: Mia Heller)

“Un sistema de filtración asequible y que genera pocos residuos”

La estudiante de Warrington ha participado en un programa de ciencias en la Mountain Vista Governor’s School, gracias a su proyecto. Al principio “era básicamente un simple recipiente”, ha asegurado para la revista estadounidense. Asimismo, “si pudiera crear un sistema que básicamente se limpiara solo y reutilizara el material, las necesidades de mantenimiento podrían reducirse considerablemente”, añade la estudiante.

Gracias a su propia exigencia, con el tiempo, perfeccionó el diseño tras cinco iteraciones y con un nuevo modelo de tres módulos. Uno para el agua contaminada, otro para el ferrofluido magnético y un tercero donde se realiza el filtrado y la recuperación del aceite. En definitiva, “un campo magnético extrae los microplásticos del agua, y el ferrofluido se recupera y reutiliza en un circuito cerrado”, indica Heller. Así, el filtro, similar a una jarra de uso doméstico, procesa un litro de agua en cada ciclo.

Además, para validar el funcionamiento, Heller diseñó un sensor de turbidez capaz de medir la cantidad de sólidos en suspensión. Durante las pruebas, el sistema eliminó el 95,52% de los microplásticos y recicló el 87,15% del ferrofluido. El resultado fue tan excelente, que superó a las plantas convencionales -logran cifras que oscilan entre el 70% y poco más del 90%-. “El resultado es un sistema de filtración asequible y que genera pocos residuos, sin necesidad de utilizar una membrana sólida”, afirma Heller.

(Imagen Ilustrativa Infobae)

El proyecto le ha otorgado a Mia el reconocimiento de la Feria Internacional de Ciencia e Ingeniería Regeneron 2025, donde recibió un premio especial de 500 dólares por parte de la Sociedad de la Oficina de Patentes y Marcas de Estados Unidos. Asimismo, el toxicólogo Campen elogió la iniciativa: “Está haciendo algo que hay que hacer”. No obstante, advierte sobre la importancia de asegurar que los microplásticos extraídos puedan eliminarse o destruirse completamente, sin dejar otros residuos contaminantes.

El especialista también plantea interrogantes sobre la escalabilidad: si el sistema de Heller será más útil en instalaciones domésticas o en plantas de tratamiento de agua municipales. Por ahora, la propia Heller prevé un uso doméstico. “Dado que actualmente el ferrofluido es caro de producir a gran escala, veo esto como un sistema para uso doméstico individual”, señala. Aun así, “me encantaría lanzarlo al mercado en algún momento” y que lo desarrollen laboratorios independientes, concluye la estudiante.

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