El misterio del ganadero asesinado en una aldea asturiana de 50 habitantes: el arma del crimen aparece en la cocina y la viuda mantiene que fueron “dos encapuchados” que nadie vio

La investigación ha determinado que falleció golpeado por una maza de madera que la mujer empleaba para hacer mantequilla. Ella dice: “Yo no voy a salir a justificar algo que no he hecho”

Investigan la muerte violenta de un hombre de 60 años en Cuevas, Ribadesella. (Europa Press)

Cuevas del Agua es una aldea de unos 50 habitantes a siete kilómetros de Ribadesella, en Asturias. A orillas del río Sella y al pie de la montaña, la oficina de turismo de la región promociona el lugar como un destino “donde se puede disfrutar de una comida de picoteo, unos vinos o unas copas en un ambiente relajado”. Un lugar en el que “la tranquilidad es la misma que siglos atrás, y donde casas y hórreos conviven con el río silencioso, los hombres a caballo, las vacas y gallinas por los caminos, las hortensias y las coles”. El típico pueblo, pues, en el que nunca pasa nada. O casi nunca.

El 12 de septiembre del año pasado, el ganadero José Antonio Otero, ‘Toño’, apareció asesinado en su casa, tras haber sido golpeado en la cabeza. Seis meses después, siguen las investigaciones.

La viuda, María del Mar Berjón, afirma que los asesinos son dos hombres. En la versión que ha repetido tanto a los medios como a la Guardia Civil, mantiene que ella y su hermana estaban en casa cuando dos encapuchados entraron, golpearon a su marido, le pusieron una manta en la cabeza y gritaron: “¿Dónde está el dinero?”. Cuando intentó detenerlos, también fue golpeada.

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Pero la investigación no ha podido confirmar esa versión: nadie vio a esos atacantes, las cámaras de la zona no captaron movimientos de personas ajenas a la aldea, los perros de la casa no ladraron y no se produjo ningún robo. Desde entonces, la cuñada de la víctima, que en un inicio declaró “lo que me dijo mi hermana, que habían entrado dos encapuchados y que le habían pegado”, ha cambiado su punto de vista: “Tengo dudas sobre si realmente existieron los encapuchados… Sospecho de mi hermana y no me cuadran muchas cosas de las que me ha dicho”, comentó en El Comercio.

Tras el crimen, la viuda tramitó el seguro de vida y heredó los bienes del fallecido, tal como establecía el testamento del propio Otero. Sin embargo, poco después del asesinato, las autoridades retiraron el ganado a la mujer por “grave deterioro” en el cuidado de los animales.

El autor material, un sicario desplazado desde Francia, ejecutó el asesinato en enero del pasado año y huyó inmediatamente tras el crimen. Parte de los detenidos pertenecían a una organización criminal asentada en Asturias dedicada al narcotráfico. Las detenciones se han producido en Asturias, Barcelona y Francia

“Un día me van a dar una paliza”

Esta semana, la última revelación, publicada en la prensa local, es que los golpes que causaron su muerte son compatibles con una maza de madera utilizada habitualmente por su mujer para hacer mantequilla (o queso, según otras versiones de una historia que ha ido cambiando cada vez que habla alguno de los presuntos testigos). Tras conocerse este dato, la viuda ha vuelto a los medios para defender su inocencia.

“La maza estaba en el suelo. No sé si la utilizaron para hacerle algo a Toño o no. Lo que sí puedo decir es que no estaba en uso, porque para hacer queso no se utiliza una maza. Yo estaba hirviendo la leche y la maza estaba sobre una mesa, junto a utensilios antiguos y detalles de ganadería que tenemos en casa”, ha comentado en El Programa de Ana Rosa, en Telecinco. “Cuando llegó la ambulancia, yo la vi en el suelo y la cogí. Por eso tiene mis huellas. Estaba llena de sangre porque Toño estaba gravemente herido, pero yo también sufrí lesiones. Me pregunto por qué no se ha considerado mi parte de lesiones; sólo se ha publicado lo de él”, ha añadido. Sobre la versión de su hermana: “Ella estaba arriba y no pudo ver nada. No puede decir que los vio porque no los pudo ver”. Y sobre los encapuchados: “A mí la imagen de Toño entrando con esos dos señores en casa, dos encapuchados, no se me quita. Igual que cuando le quité la manta de la cabeza”.

En el diario El Comercio, la viuda asegura ser víctima de una persecución mediática: “Yo no voy a salir a justificar algo que no he hecho. Me mantengo en lo que dije: quienes mataron a mi marido fueron unos hombres. Yo no he sido. Estoy muy dolida con todo lo que está ocurriendo y diciendo. Es una persecución, no salgo de casa, nadie me habla aquí, un día me van a dar una paliza”. Mientras tanto, lejos de los platós y las cámaras, la investigación continúa.

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