El estrés en la infancia puede provocar problemas intestinales en la edad adulta

Un estudio analiza cómo las experiencias adversas en los primeros años de vida alteran la comunicación entre el cerebro y el intestino

El estrés en la infancia puede provocar problemas intestinales en la edad adulta. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El impacto del estrés infantil sobre la salud intestinal a largo plazo quedó en evidencia gracias a una investigación realizada por el Centro de Investigación del Dolor de la Universidad de Nueva York (NYU) y publicada en la revista Gastroenterology. El equipo examinó cómo las experiencias adversas en los primeros años de vida alteran la comunicación entre el cerebro y el intestino, con consecuencias que pueden extenderse hasta la adultez.

En el estudio, dirigido por Kara Margolis, se analizó el efecto del estrés temprano en modelos animales. “Existen algunos datos que indican que el estrés en la infancia puede estar relacionado con trastornos intestinales, pero queríamos analizar en profundidad los mecanismos y cómo funcionan estas vías de comunicación entre el intestino y el cerebro”, explicó la autora y directora del Centro de Investigación del Dolor de la NYU y profesora de patobiología molecular en la Facultad de Odontología de la NYU.

Los investigadores buscaron entender de qué manera este tipo de situaciones impacta la comunicación bidireccional entre el cerebro y el intestino. Cuando esta conexión se altera, las personas pueden presentar problemas digestivos, como el síndrome del intestino irritable, dolor abdominal y trastornos de la motilidad, incluyendo estreñimiento o diarrea. No es casualidad que ambos sistemas estén en constante comunicación, las 24 horas del día, los siete días de la semana.

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Mujer con problemas intestinales. (Shutterstock)

¿Cómo se comprobó que el estrés puede provocar problemas intestinales?

Los experimentos consistieron en separar a ratones recién nacidos de sus madres durante varias horas al día. Cuando estos animales llegaron a una etapa equivalente a la adultez temprana, los investigadores observaron mayores niveles de ansiedad, dolor intestinal y alteraciones en la motilidad. Las diferencias de género fueron evidentes: las hembras presentaron diarrea y los machos, estreñimiento.

En los estudios realizados con humanos, los expertos no hallaron diferencias entre hombres y mujeres en cuanto a los resultados digestivos tras haber vivido estrés en la primera infancia. Esto sugiere que las dificultades en los primeros años pueden afectar la salud intestinal y la comunicación cerebro-intestino, sin importar el sexo de la persona.

Las investigaciones concluyen que el estrés durante la infancia puede modificar la comunicación entre el sistema nervioso y el aparato digestivo, aumentando la susceptibilidad a trastornos como la ansiedad, la depresión y diversas dificultades gastrointestinales. Así, la exposición a experiencias adversas en la niñez puede repercutir tanto en la salud mental como en la digestiva en etapas posteriores de la vida.

Una mujer estresada. Freepik

Según la Fundación Corachan, el estrés crónico puede afectar gravemente la salud digestiva al interactuar con el “segundo cerebro” del aparato digestivo. Este tipo de estrés aumenta la producción de ácido estomacal y puede agravar el síndrome del intestino irritable al alterar el equilibrio de la microbiota intestinal. Además, ralentiza la digestión, dificulta la absorción de nutrientes y aumenta la inflamación, contribuyendo al desarrollo de enfermedades crónicas como la colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn.

El artículo, publicado en la revista Gastroenterology, resalta que distintos mecanismos pueden estar detrás de algunos síntomas. La profesora Margolis señaló que estos hallazgos “podrían ayudarnos a comprender cómo se desarrollan algunos trastornos de la interacción intestino-cerebro y a tratarlos en función de mecanismos específicos”.

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